Cómo tomé el control y me follé a tres tíos en Córcega

Después de esa bronca con Philippe, salí pitando. Estaba harta. Él con Christian, yo aquí, sintiéndome usada. No. Esta vez, yo decido. Llamé a Silvio. ‘¿Puedo quedarme esta noche? Peleé con mi marido’, le dije con voz temblorosa. Fingí lágrimas, pero dentro ardía. Quería venganza. Quería control.

Llegué a su piso pasada la medianoche. Silvio abrió, con esa sonrisa de chaval inocente que me derrite. Piero, el corso alto y fuerte, y Tomás, el pelirrojo intelectual, aparecieron detrás. Me abrazaron. ‘Tranquila, duerme en mi cama’, dijo Piero. Se fueron al salón. Yo, desnuda bajo las sábanas –ni camisón traje–, oía sus voces. Hablaban bajito. ¿De mí? Mi coño ya palpitaba. Me tocaba despacio, imaginándolos entrando. Luz encendida. Invitación clara.

La decisión de mandar yo

No aguanté. Gemí suave. ‘¿Qué pasa?’, oí. La puerta crujió. Entraron los tres, en calzoncillos. Ojos como lobos. ‘¿Estás bien?’, preguntó Silvio, tímido. Me senté, sábana cayendo. Tetas al aire, pezones duros. ‘No duermo. Quiero que vengáis. Los tres. Pero yo mando. ¿Entendido?’. Me miraron, pollas endureciéndose bajo la tela. ‘Quítate todo’, ordené a Silvio. Obedeció, tieso como una vara. ‘Tú, Piero, ven aquí. Chúpame los pezones’. Él se acercó, lengua caliente lamiendo. Tomás, ‘tócate la polla mirándome’. Tension en el aire. Mi corazón latiendo fuerte. Yo, desnuda, piernas abiertas. Coño rasurado brillando de jugos. ‘Silvio, arrodíllate. Lame mi coño. Despacio’. Su lengua entró, chupando clítoris. Gemí. ‘Más fuerte, joder’. Piero mordisqueaba tetas, yo le agarré la cabeza. ‘No pares’. Tomás jadeaba, polla en mano.

‘Ahora, folladme. Pero como yo diga’. Empujé a Silvio al colchón. Monté su polla dura, gruesa. ‘Mmm, sí… entra toda’. Cabalgaba, tetas botando. Sudor perlando piel. ‘Piero, mete tu polla en mi boca’. La tragué, profunda garganta. Saliva chorreando. Tomás detrás, ‘frota tu polla en mi culo’. Sentí su glande caliente contra ano. ‘Empuja un dedo. Sí, así’. Doble placer. Polla en coño, boca llena, dedo abriendo culo. Ritmo mío. Aceleré, Silvio gimiendo. ‘No corras, aguanta’. Cambié. ‘Tomás, fóllame el coño’. Él embistió brutal, yo arañando su espalda. ‘Más hondo, cabrón’. Piero en boca, Silvio chupando tetas. ‘Ahora, el culo. Piero, lubrica con mi coño’. Escupí en su polla, guié a mi ano. Dolor-placer. ‘¡Joder, sí! Folladme los dos a la vez’. Coño y culo llenos. Gemidos salvajes. Silvio masturbándose, ‘chúpame’. Boca ocupada otra vez.

El clímax bajo mis órdenes

Cambié posiciones. Yo de rodillas, ‘follad mi cara’. Tres pollas turnándose, babas por barbilla. ‘Ahora, yo arriba’. Monté a Tomás, Piero en culo, Silvio en mano. Sudor, olores a sexo, pieles chocando. ‘¡Voy a correrme!’. Explosión. Coño contrayéndose, chorros mojando. Ellos aguantaron. ‘Corred en mis tetas’. Jets calientes salpicando. Cuerpos temblando. Caímos exhaustos.

Me miraron adorándome. Yo, jadeante, sonriendo. Tenía lo que quería. Control total. Sus pollas mías. Poder puro. Mañana vuelvo con Philippe, más fuerte. Ellos, esclavos de mi coño. Esa noche, yo era diosa.

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