Vale, os lo cuento como si acabara de pasar. Vivo en una coli en Madrid con Miguel, mi novio. Él es fisio, hace prácticas en un centro y me habla de Diego, un tío guapísimo en silla de ruedas. Fuerte de torso, culto, pero jodido sexualmente: erecciones brutales, pero sin orgasmo. Me pica la curiosidad. Esa noche, en la cama, le digo a Miguel: ‘Quiero conocerlo. Pero yo pongo las reglas’. Él traga saliva, asiente. Siento la adrenalina subiendo, el poder de decidir.
Al día siguiente, voy sola a su piso adaptado. Llamo, abre. Sus ojos se clavan en mí: falda corta, escote. ‘Hola, Diego. Miguel me habló de ti. Sé lo que te pasa… y voy a arreglarlo’. Se queda mudo. Entro, cierro la puerta. Me siento en su regazo, cara a cara. Huelo su colonia, siento su polla endureciéndose contra mi muslo. ‘Escucha bien: hoy mando yo. Tú me das placer como yo diga. Nada de sentimientos, solo follar. Si te portas bien, vuelvo. Si no… adiós’. Él duda, ‘Eh… ¿estás segura?’. Le agarro la cara: ‘Sí. Y Miguel sabe que estoy aquí. Quiere que lo cuente todo’. Su pomo de Adán sube y baja. ‘Vale, lo que tú digas’. Ya es mío.
La tensión que me encendió: decido que es mío
Lo llevo a la habitación. Lo desnudo despacio: torso tatuado, polla tiesa, gruesa, palpitando. ‘Mira qué pedazo de verga’. Me quito la ropa, quedo en tanga. Me arrodillo, la chupo hondo: saliva chorreando, lengua en el glande, bolas en la mano. Gime, ‘Joder, qué boca…’. Lo monto. Coño chorreando, me empalo despacio. ‘Siente cómo te aprieto’. Subo y bajo, clítoris rozando su pubis. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. Acelero, ‘¡Más fuerte, cabrón!’. Grito mi primer orgasmo, jugos por sus huevos.
El polvo brutal donde mando yo: polla, coño y placer sin frenos
No paro. ‘Ahora el culo’. Escupo en su polla, me pongo a cuatro, guío su verga a mi ano. Entra dura, me llena. ‘¡Fóllame el culo como una puta!’. Empujo contra él, controlo el ritmo. Sudor goteando, olor a sexo. Cambio: lo tumbo, reverse cowgirl, reboto. Sus manos en mis nalgas, azotando. ‘¡Sí, así!’. Otro orgasmo me sacude, coño palpitando vacío. Lo cabalgo más, dedos en mi clítoris. ‘Mírame, Diego. Eres mi juguete’. Gime sin parar, polla hinchada pero sin correrse. Lo ordeño con el esfínter, horas enteras: misionero él arriba pero yo guío sus caderas, 69 con su lengua en mi coño.
Terminamos exhaustos. Él jadea, yo resplandeciente. ‘Has sido bueno. Ahora eres mi amante secreto. Cuando Miguel no baste, vengo y te uso’. Le beso, me visto. Siento el poder puro: lo conquisté, lo dominé, supe su sumisión. Volviendo a casa, sonrío. Miguel espera detalles… y yo, ya planeo la próxima. Esa rush de control, de verlo rendirse… adictivo. Me corro solo de recordarlo.