La primera vez que vi a Juan, pensé: ‘Joder, qué polla debe tener ese tío’. Era del departamento de marketing, alto, con esa mirada que promete folladas intensas. Yo acababa de llegar, contratada por el jefazo para proyectos grandes. Veinticinco tacos, piernas largas, falda ajustada que marcaba mi culo firme. Sin bragas, claro. Notaba sus ojos clavados en mí durante la bienvenida. Pero yo jugaba frío. Le sonreí, ‘Hola, soy Lucía’, y pasé de largo. Quería que ardiera.
Tres días después, fin de tarde, entro en su despacho. ‘Necesito los precios de los nuevos productos ya, o no acabo el análisis’. Él, ‘Hola, Lucía, siéntate’. Se relaja, pero yo subo la falda al sentarme, dejo ver mis medias. Hablamos, le suelto: ‘Estoy reventada esta semana… ¿Me enseñas a relajarme?’. Sus ojos brillan. Sé que lo tengo.
La Tensión que Me Encendió
Al día siguiente, en el archivo. Él pasa, me ve estirándome por un expediente alto. ‘Te ayudo’, dice. Espacio estrecho, nos pegamos. Siento su polla endurecerse contra mi culo. Huele a hombre, sudor leve. Me giro despacio, lo miro fijo. ‘Aquí estamos apretados, ¿eh?’. Río bajito, coqueta. Él tartamudea. Mi mano baja, roza su paquete. ‘Esto es mío ahora. No te muevas’. Lo empujo contra la estantería. ‘Vas a hacer lo que yo diga, Juan. ¿Entendido?’. Asiente, jadeando.
Le beso el cuello, mordisco suave. Siento su pulso acelerado. ‘Quítame la blusa’. Obedece, torpe. Mis tetas saltan, pezoncitos duros ya. Bonito C, firmes. Las aprieta, gimo. ‘Chupa, pero despacio’. Su boca caliente en mis pezones, lengua juguetona. Eh… sí, así. Bajo la mano, desabrocho su pantalón. Polla gruesa, venosa, tiesa como piedra. ‘Joder, qué buena pinta’. La agarro, masturbo lento. Él gruñe.
Lo giro, le bajo los calzoncillos. ‘Arrodíllate’. Se pone de rodillas. Le empujo la cabeza entre mis muslos. ‘Lámeme el coño. Ya’. Nada de bragas, mi chochito depilado, mojado perdido. Su lengua entra, lame mi clítoris hinchado. Umm… profundo, cabrón. Meto dedos en su pelo, lo guío. ‘Más rápido ahora’. Siento el orgasmo subir, pero paro. ‘Levántate. Quiero cabalgarte’.
El Placer Brutal que Dirigí
Me subo a la escalera baja, coño a su altura. ‘Fóllame con la lengua primero’. Él obedece, chupando como loco. Luego bajo, lo empujo al suelo. Me siento en su polla, despacio. Entra toda, rellena mi coño chorreante. ‘Mírame mientras te follo’. Subo y bajo, tetas botando. Clavo uñas en su pecho. ‘¡Más duro, empuja!’. Gime, ‘Sí, Lucía, joder…’. Cambio: lo monto de espaldas, culo rebotando en su pelvis. Siento su polla palpitar.
Lo levanto, contra la pared. Piernas alrededor de su cintura. ‘Fóllame fuerte, pero yo mando el ritmo’. Sus manos en mi culo, pero yo controlo los golpes. Clit frotando su pubis. ‘Voy a correrme… ¡no pares!’. Exploto, coño apretando su verga, jugos por sus huevos. Tiembla todo mi cuerpo. Eh… dios.
Bajo, lo arrodillo de nuevo. ‘Ahora tú. Quiero tu leche en mis tetas’. Le mamo la polla, saliva goteando. Garganta profunda, bolas en mi mano. ‘Córrete ya’. Él ruge, chorros calientes en mis pechos. Limpio con lengua, saboreo.
Me visto, sonrío. ‘Has sido bueno, Juan. Pero la próxima, más’. Salgo, piernas flojas, pero poderosa. Lo conquisté, lo usé. Esa adrenalina… adictiva. Él me miró como un perrito. Yo mandé, yo gocé todo. Perfecto.