Tomé el Control Total: Mi Conquista Salvaje en Parapente Desnuda

Mira, no es secreto en las montañas de Haute-Savoie. Hay fortines abandonados, perfectos para… bueno, pruebas especiales. Soy la sargento Alba Pino, instructora de parapente en la escuela militar. Dura como el acero, con un cuerpo que hace babear a los tíos. Pero yo elijo. Siempre.

Vi potencial en el aspirante Serquet desde el primer día. Buen piloto, mirada desafiante. Al final del stage, le digo: ‘Aspirante, ¿listo para la prueba de coraje?’. Él asiente, nervioso. Le doy coordenadas GPS de un fortín a 2000 metros. ‘Parapente deportivo azul cereza. Quédate después de la llamada’.

La Prueba de Coraje: Yo Decido las Reglas

Llego primero, fresca, sin sudor. Él aparece jadeando, empapado. Abro la puerta camuflada en la roca. Entramos en la oscuridad, solo la luz de mi linterna. Caminamos 500 pasos, huelo su excitación mezclada con esfuerzo. Salimos por una tronera estrecha a una cornisa sobre el vacío. El sol se pone, el pueblo abajo es un borrón.

‘Chas’polla, ¿sangre verde?’, le pregunto. ‘Para España, sargento’. Río bajito. ‘Déjate de España. Desnúdate. Pon la ropa en el saco dorsal. La prueba empieza ahora’. Él obedece, polla semi tiesa por la adrenalina. Yo me quito todo también, natural, mis tetas firmes al aire, tanga de encaje fuera. Estamos pegados, piel contra piel, el viento frío eriza mis pezones.

Lo toco de pasada, agarro su paquete. ‘Bien armado, chaval’. Subo la escala de hierro, mis nalgas musculosas delante de su cara. Arriba, un saliente con hamaca colgando sobre el abismo. ‘Túmbate’. Me siento a horcajadas en sus muslos, mi coño cerca de su verga. ‘Te quiero desde el stage, pero sin riesgo no corro. Primero nos conocemos… íntimamente. Luego volamos. Aguanta, o fallas’.

Le pajeo lento, el hamaca se mece. Sus manos en mis tetas, pellizco sus pezones duros. Gimo suave, eh… sí, así. Le lamo el sudor del torso, salado, caliente. Mido su polla con mi cinta métrica: 17×14. ‘Mejoraré eso’. Me arrodillo, se la meto en la boca, chupando voraz, lengua en el glande. La endurezco a 18×15. Perfecto.

Clímax Brutal: Dirijo el Placer sin Piedad

Bajo, desdoblo mi parapente, me ato la silla al cuerpo desnudo. Lanzo la vela, corro y salto al vacío. Él me sigue, polla tiesa al viento. Volamos desnudos, noche cayendo, cuerpos brillantes. Le muestro todo: abro piernas, meneo culo, tetas saltando. Él pierde altura, yo lo guío: ‘¡Tira de las líneas! ¡360!’.

Aterrizamos en una clairière, velas como cama. Me tumbo, piernas abiertas. ‘¡Firmes! Mira’. Me acaricio el clítoris, coño chorreando. Me corro rápido, gritando, jugos salpicando. ‘¡Repos! ¡Córrete en mi boca!’. Se arrodilla, le mama las bolas, traga todo su leche espesa, ronroneando.

‘Recarga, fuego en mi trinchera’. Le guío la lengua: lamer sudor de axilas, barriga, coño. ‘¡Ahí, cabrón!’. Me corro squirteando en su cara, olas brutales. Luego lo monto, su polla clavada en mi coño húmedo ardiente. Cabalgo salvaje, contrayendo vaginal, pellizcándole pezones. ‘¡No corras aún!’. Él resiste, yo acelero, beso su boca, lengua dentro. Me corro gritando, él explota dentro, llenándome.

Quedamos jadeando bajo las velas. Lo abrazo, piel pegajosa. ‘1815, eres un hijo de puta. Me has hecho sentir… demasiado’. Duermo en sus brazos. Al despertar: ‘Olvida esto. Vuelve solo’. Me visto, me voy al bosque. Él se queda con mi sabor, mi dominio grabado. Yo sonrío: obtuve todo. Poder total, placer puro. Esa polla fue mía. Siempre lo será en mi memoria.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top