Tomé el Control Total en el Club Atrapados: Mi Noche de Sexo Salvaje

Eh, ¿sabéis qué? Recuerdo ese fin de semana como si fuera ayer. Atrapados en ese club subterráneo, calor de cojones, sin salida hasta el lunes. Yo, Úrsula, la española morena con tetas grandes y piel mate, barmaid y algo más… Los miré: Adrien, el arquitecto joven, sudando en boxers con la polla medio tiesa; Sophie, la madurita operada, curvas perfectas pero ojos de puta reprimida; y Estevao, el portugués trapo y peludo, con esa verga gruesa que intuía bajo el short.

Después del DVD mío, con mujeres sumisas peloteadas en Mykonos, el aire se cargó. Todos cachondos, pero indecisos. Yo sentí la adrenalina. ‘Basta de miraditas’, dije con voz firme, clavando ojos en Adrien primero. ‘Aquí mando yo. Si queréis follar, seguís mis reglas. ¿O preferís pudriros de aburrimiento?’ Silencio. Sophie se mordió el labio, Estevao gruñó bajito. Adrien tragó saliva, su paquete creció. Me acerqué a él, le rocé el pecho sudoroso. ‘Quítate todo, chaval. Muéstrame esa polla joven.’ Dudó un segundo… pero obedeció. La tenía dura, rosada, sin pelos. Perfecta para empezar.

La Tensión que Me Hizo Tomar las Riendas

Sophie jadeaba ya, yo la ignoré. ‘Tú, Estevao, siéntate en el sofá. Quiero ver esa bestia tuya.’ Él sonrió pillo, pero yo le corté: ‘Sin manos. Solo miras.’ La tensión subía, olor a sudor y coños húmedos. Les dicté: ‘Sophie, arrodíllate ante Adrien. Chúpale la verga hasta que suplique.’ Ella, roja, se lanzó. Labios carnosos envolviendo el glande, saliva chorreando. Yo me quité el top, tetas libres balanceándose, pezones duros. Me planté ante Estevao, le bajé el short. Joder, qué polla: corta, gorda, venosa, oliendo a macho. ‘Ahora sí, tócame el coño’, le ordené. Sus dedos gruesos entraron, me mojaron bien.

El Placer Brutal que Organicé Yo Misma

No aguanté más. ‘Sophie, a cuatro patas sobre la mesa. Adrien, métela ya.’ Él empujó, coño depilado tragando polla entera. ‘¡Ah! Sí…’, gimió ella. Yo monté a Estevao, polla abriéndome el coño como un puño. ‘Folla duro, pero yo marco ritmo.’ Subía y bajaba, clítoris rozando su pubis peludo, tetas rebotando. Sudor por todos lados, pieles chocando. ‘Adrien, no corras. Sácala y métela en su culo.’ Sophie chilló al sentirlo: ‘¡Duele… pero joder, más!’ Estevao me pellizcaba pezones, yo le clavé uñas: ‘Calla y lame mis tetas.’ Cambié: ‘Sophie, lame mi coño mientras Estevao me folla el culo.’ Me incliné, su lengua ansiosa en mi ano abierto, él empujando brutal. ‘¡Coño, qué prieta!’, gruñó. Yo dirigía: ‘Más rápido, cabrón. Hazme correr.’ Orgasmos explotaban: Sophie temblando, Adrien gimiendo, Estevao rugiendo. Le ordené eyacular dentro: chorros calientes llenándome, semen chorreando piernas.

Al final, los tres jadeando en el suelo, cuerpos pegajosos de sudor y corrida. Yo de pie, piernas temblando un poco pero erguida, coño palpitante y satisfecho. ‘Habéis sido buenos chicos… y puta.’ Sonreí, vi sumisión en sus ojos. Esa poder, verlos rendidos a mis deseos, la conquista total… Uf, me corría solo de recordarlo. Nadie más manda como yo.

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