Otro congreso de mierda, pero bueno, hay que ir. Me subí al tren, asiento 12, fila 92. O eso iba a ser. Pasé por delante de él, un tipo de unos 30, traje barato, ojos curiosos. Me senté enfrente, jupe larga y suelta, sin bragas debajo. Sentí su mirada clavada en mis piernas desde el principio. Eh… perfecto.
Abrí las piernas un poco, fingiendo leer mi móvil. Él disimulaba con un periódico gordo, pero lo pillé. Sus ojos se colaban entre los asientos. Mi coño ya picaba un poco, el aire fresco del tren rozándome las labios. Decidí que era mío. Este tío iba a caer. Me recosté, cerré los ojos como si durmiera. Extendí las piernas sobre el asiento de enfrente, abriéndolas más. Sentí el aire en mi raja húmeda, los pelitos revueltos expuestos. Él jadeaba bajito, lo oía. Mi clítoris se hinchó solo de imaginar su polla dura contra los pantalones.
La Mirada que Desató Mi Deseo de Control
Pasaron horas. Me moví un poco, giré de lado, dejando que la falda se subiera del todo. Mi coño al aire, labios mayores abriéndose solos, un hilo de humedad brillando. Olía a mí, a sexo incipiente, dulce y ácido. Él se inclinó, corazón latiéndole fuerte, lo veía en su cuello. Su mano en la entrepierna, ajustándose la erección. Sonreí por dentro. Cuando anunciaron la llegada, abrí los ojos directo a los suyos. Me pilló mirándole el paquete. Pánico en su cara. ‘¿Te gusta lo que ves?’, le susurré, sin cerrar las piernas. Él tragó saliva, rojo como un tomate. ‘Ven, ahora. A los servicios. O te dejo con las ganas.’ Se levantó tieso, polla marcada.
Entramos al baño estrecho, pestilente pero jodidamente excitante. Cerré la puerta con pestillo. ‘Quítate los pantalones’, ordené, voz grave, segura. Él obedeció, polla saltando fuera, gruesa, venosa, cabeza morada goteando. La agarré fuerte, piel caliente, pulsando en mi mano. ‘Arodíllate.’ Me subí la falda, coño chorreando ya. ‘Lámeme, hazme correrme primero.’ Su lengua torpe al principio, lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris. Gemí bajito, ‘Más adentro, joder, métemela entera.’ Le cogí la cabeza, follándole la boca con mi coño, jugos por su barbilla. Me corrí rápido, temblando, squirteando un poco en su cara. ‘Buen chico.’
Embestidas Salvajes Bajo Mis Órdenes
Lo puse de pie, lo giré contra la pared. ‘Ahora yo mando.’ Escupí en su polla, la metí de un empujón en mi coño empapado. ‘¡Fóllame duro, pero como yo diga!’ Embestí hacia atrás, controlando el ritmo, mi culo chocando contra su pubis. Clavé uñas en sus muslos. ‘Más rápido, coño, dame todo.’ Cambié, lo senté en el váter, me subí encima, cabalgándolo salvaje. Polla entrando hasta el fondo, rozando mi punto G. Sus huevos peludos contra mi culo. ‘No corras aún, aguanta.’ Le mordí el cuello, apreté mis tetas contra su pecho. Lo ordeñé con mi coño, contrayéndome. Él gruñía, ‘Por favor…’, pero yo decidí. ‘Ahora, lléname.’ Se corrió como un volcán, leche caliente inundándome, goteando por mis muslos.
Salimos como si nada, él temblando, yo serena. Bajamos en la estación, me miró con adoración. ‘Fue… increíble.’ Sonreí, ‘Sí, porque yo quise.’ Caminé con mi coño lleno de su semen, goteando aún, sintiendo el poder en cada paso. Lo había conquistado, usado, dominado. Exactamente lo que quería. Esa adrenalina, ver cómo sucumbía… joder, me pone cachonda solo recordarlo. Nadie me para.