Tomé el control total: seduje a un desconocido y lo hice mío en el hotel

Estábamos en ese hotel de lujo en el sur, mi marido y yo, por su curro. Hablamos por teléfono con Aquitano, un tipo mayor, del foro, obsesionado con azotar culos. Él soñaba con darme nalgadas a mí. Ja. Yo escuché todo, riendo bajito. Cuando llegamos, le invité. ‘Ven’, le dije por mensaje. ’18:30, habitación 337′. Mi marido sonrió, sabía que yo mandaba.

Llegó puntual, nervioso, sudando un poco. Alto, pero blando, con esa mirada de perrito. Yo llevaba un top rojo escotado, mis tetas apretadas, falda cortísima negra, medias con liga, tacones rojos. Olía a perfume caro, a sexo. ‘Pasa, Aqui’, le dije, voz ronca. Él tartamudeó: ‘Hola… Bér… eh, Carla’. Mi nombre falso para la noche.

La decisión: él sería mío esa noche

Nos sentamos. Mi marido sirvió copas. Yo crucé las piernas lento, dejando ver la piel blanca arriba de las medias. Sus ojos se clavaron. Sentí su polla endurecerse bajo los pantalones. ‘Háblame de tus fantasías’, le dije, mirándolo fijo. Él balbuceó sobre azotar culos redondos, rojos. Sonreí. ‘Hoy no. Hoy mandaré yo. Te pondrás sobre mis rodillas. Te bajaré los pantalones. Te azotaré hasta que supliques. Y luego… te follaré como quiera’. Él parpadeó: ‘¿Qué? Pero…’. Mi marido rio: ‘Obedece, amigo’.

Lo agarré del brazo, fuerte. ‘Quítate la camisa’. Dudó un segundo. Clac, mi mano en su mejilla, suave pero aviso. Se quitó todo. Su polla saltó, dura, goteando ya. Lo tiré sobre mis piernas, boca abajo. Su culo blanco, fofo pero grande. Le bajé el slip. ‘Qué culito virgen’, murmuré. Pausa. Mi palma se curvó, épousant su carne. Clac! El primer azote resonó. Su piel vibró, roja al instante. ‘¡Ay!’, gimió. Clac! Clac! Más fuerte. Sus nalgas temblaban, calor subiendo. Yo respiraba hondo, oliendo su sudor, su miedo mezclado con excitación. ‘Cuenta’, ordené. ‘Uno… dos…’. A los diez, sollozaba, polla rozando mi muslo, mojándome.

El clímax brutal: placer bajo mis órdenes

Lo volteé. ‘Ahora a follar’. Me quité la falda, tanga empapada. Mi coño rasurado, hinchado, listo. Lo empujé al suelo, a cuatro patas. Me puse detrás, dedos en su culo: ‘Relájate’. Escupí, metí dos dedos. Él jadeó. Luego, guante en mano, cogí el strap-on del maletín. Grueso, negro. Lubricante frío. ‘Pide’. ‘Por favor… fóllame’. Empujé lento. Su ano apretó, luego cedió. Gemí yo también, sintiendo el poder. Bombeé duro, nalgadas alternas. Clac-follar-clac. Su polla goteaba en la alfombra. ‘Date la vuelta’. Lo monté, mi coño tragando su polla de un golpe. ‘No te muevas’. Reboté, tetas saltando, uñas en su pecho. ‘¡Más adentro!’. Él suplicó: ‘Sí… joder…’. Cambié: a cuatro, yo arriba, frotando clítoris en su pelvis mientras lo cabalgaba salvaje. Sudor, slap-slap de piel, olor a sexo crudo.

Corrí primero, coño contrayéndose, gritando: ‘¡Mío!’. Él explotó dentro, leche caliente llenándome. Lo apreté hasta la última gota. Me bajé, él jadeante, roto. Mi marido aplaudió: ‘Perfecto, amor’. Le di un beso en la frente a Aqui: ‘Buen chico. Vuelve cuando quieras’. Él se vistió temblando, ojos vidriosos. Salió.

Me miré al espejo: poderosa, piel brillante, coño satisfecho goteando. Tomé lo que quise. Él sucumbió total. Esa adrenalina… no hay nada igual. Quiero más. Ya planeo la próxima conquista.

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