Tomé el Control: Mi Orgía con Dos Fontaneros en la Cocina

Estaba en mi cocina, con las piernas apretadas alrededor de la mano del joven fontanero. Ese moreno de piel oscura, con su brazo atrapado entre mis muslos. Los dos, el jefe más curtido y él, me miraban descolocados. Yo, con los ojos cerrados, empezaba a gemir bajito. Su mano en mi monte de Venus, caliente, y yo la apreté más. ‘No te muevas’, murmuré, casi para mí.

Abrí un poco las piernas, solo lo justo, y tiré de su antebrazo. Hacia mí, luego empujando, marcando el ritmo de la caricia. Él sonrió, ese sonrisa de triunfo, pero yo ya sabía que era yo quien mandaba. El jefe se acercó, nervioso, me tomó la cara y me besó. Su lengua entró fácil, yo respondí, chupando la suya con fuerza. Nuestros alientos se mezclaban, calientes, salados.

La Toma de Control: Les Hago Míos

Los empujé suave. Nos miramos, el aire cargado. Luego, sin pensarlo dos veces, metí las manos en sus entrepiernas. A través del mono de trabajo, palpé sus huevos. Se pusieron tiesos, como sorprendidos. ‘Shhh’, les dije, masajeando lento, con cuidado. Sentía sus pollas endurecerse bajo mis dedos. Nunca imaginé hacer esto, tocar dos vergas así, pero el poder… uf, me ponía cachonda.

Subí las manos, agarré las pollas duras. La del joven, larga y fina; la del jefe, corta y gorda. Las apreté, las moví despacio. Gimen, se retuercen. ‘Mírame’, les ordené, abriendo los ojos. Yo controlaba, ellas palpitaban en mis palmas. Las masturbe minutos, disfrutando sus jadeos. Luego, bajo a las bolas, las masajeo hasta que tiemblan. Casi se corren, pero paro. ‘Todavía no’.

Me quito el collant y las bragas, despacio. Me echo hacia atrás en la mesa, levanto las piernas, las abro al máximo. Mi coño expuesto: labios hinchados, pelitos oscuros mojados, clítoris asomando, entrada apretada. Ellos miran, hipnotizados. ‘Venid’, digo suave, pero firme.

El jefe se arrodilla primero. Siento su aliento en mi coño, sus manos en mis muslos. Su lengua, como un arado, lame desde abajo hasta mi clítoris. ‘¡Dios!’, grito, agarrándole la cabeza. Lamía todo: pliegues, jugos, chupando fuerte. ‘¡Más, joder, más despacio! ¡Sí, así!’. Me corro ya, olas y olas.

La Follada Brutal: Yo Decido Todo

El joven se acerca, besa mi vientre, succiona mis tetas. Le agarro la cabeza, lo pego a mí. Luego, baja la cremallera. Saca su polla: larga, oscura, dura como hierro, glande liso brillando. ‘Por favor, señora…’, suplica. Sonrío. Abro la boca, la meto. Salada, caliente. La chupo lento, lengua en el frenillo. Él gime como loco.

El jefe se levanta, saca su polla gorda. La masturbo mientras sigo mamando al joven. Cambio, chupo las dos, alternando. ‘Buenas pollas’, digo, viéndolos retorcerse. Dirijo todo.

El jefe se pone entre mis piernas. Preservativo puesto, levanta mis muslos sobre sus hombros. ‘Despacio’, le pido, pero yo controlo el ritmo. Su glande entra en mi coño ardiendo. ‘¡Oh, joder!’. Empuja suave, llena todo. Me folla rítmico, yo gimo, chupando al joven al mismo tiempo. ‘¡Chúpame más!’, me pide él. Le doy, lengua rápida.

El joven tiembla, lo aparto. Chorros calientes en mi barriga. ‘Buen chico’. El jefe acelera, me aprieta los muslos, gruñe. Se corre dentro del condón, y yo exploto: grito, clavo uñas en la mesa. Orgasmo brutal.

Después, les digo: ‘Terminad el trabajo y marchaos’. Se visten, suben. Media hora después, firman, se van con propina. Yo, en el baño, lavo mi coño satisfecho. Me miro al espejo: poderosa, dueña de mi placer. Los hice míos, los usé como quise. Esa adrenalina… volvería a hacerlo. Sin remordimientos, solo triunfo.

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