Estaba en el café Dizzy’s de Graz, con mi amiga, tomando un cóctel rojo como mis labios. El sitio bullía de calor primaveral, humo y miradas hambrientas. Lo vi entrar. Alto, rubio, ojos negros furiosos. Marc, lo reconocí al instante. Ese cabrón del instituto que me folló en los baños del baile y luego me dejó como una puta cualquiera, esparciendo rumores que me jodieron la vida. Estaba solo, cachondo perdido, pidiendo un ‘Sex on the beach’. Sonreí. Esta noche era mía.
Me levanté despacio, sintiendo cómo mi falda subía un poco, dejando ver mis muslos. Caminé hacia él, tacones clic-clac, cadera ondulando como una pantera. Se le cortó la respiración. Me senté frente a él, crucé las piernas rozando su tobillo con mi zapato. ‘Hace calor, ¿no?’, dije bajito, mirándolo fijo. Él tragó saliva. ‘Sí… mucho’. Mi pie subió por su pantorrilla, lento, sin tocar la piel aún, solo el vello. Se le puso dura al instante, vi la tienda en sus vaqueros. ‘¿Cómo te llamas, Schatz?’, ronroneé. ‘Marc’. Sonreí más. ‘Esta noche ganas tú, guapo. Pero sigues mis reglas’. Él dudó, pero pagó la cuenta. Caminamos pegados, mi mano en su culo, apretando.
La Mirada que lo Condenó: Mi Decisión de Dominarlo
En el ascensor, lo besé salvaje. Lengua dentro, mordiendo su labio. Él se dejó, polla tiesa contra mí. Subimos, ignoramos a la vieja del pasillo. Entramos en su piso. Vi las fotos con su novio Georg. ‘Tu hermano, ¿eh?’, mentí él. Reí por dentro. Me quité el vestido despacio, dejando que cayera. Solo tanga y sujetador. Lo empujé al sofá. ‘Quítate todo. Ya’. Él obedeció, polla saltando libre, gorda y venosa. La miré, lamiéndome los labios. ‘Buen chico’. Lo besé, manos en su pecho, pellizcando pezones. Desabroché su cinturón, saqué su verga palpitante.
Lo tiré a la cama. ‘Juguemos’. Saqué mis cordones de tacones y el lazo del tanga. Lo até a los barrotes, manos y pies en cruz. Pataleó un poco, excitado. ‘Shh, confía’. Me subí encima, tetas libres rozando su cara. Lamí su cuello, mordí oreja. Bajé a su polla, chupé el glande hinchado, pre-semen saliendo. ‘Joder… para, voy a correrme’, gimió. Paré, sonriendo. ‘Aún no’. Agarré su verga dura, pajote lento, apretando base. Lamí huevos, succionando. Él se retorcía. ‘¿Mi nombre?’, preguntó jadeando. ‘Rosa. Y sé todo de ti, Marc Weinschlussel’.
El Placer Brutal: Yo Mandando en Cada Posición
Sus ojos se abrieron. Aceleré la mano, follando su polla con puño firme. ‘Recuérdasme? Instituto, baile. Me follaste y me arruinaste’. Él forcejeó. ‘¡Suéltame!’. No. Metí dos dedos en su culo, masajeando próstata. ‘Córrete para mí, cabrón’. Gritó, convulsionó. Chorros de leche caliente salpicando su pecho, vientre, mi mano. Gemí viendo su cara rota de placer. Lo dejé atado, sudado, semen chorreando.
Me vestí tranquila, besé la foto con Georg. ‘No le diré nada… por ahora’. Salí, puerta slam. Adrenalina pura. Lo había tenido a mi merced, venganza dulce. Poder total, su polla mía, su alma quebrada. Volvería a correrme pensando en eso toda la noche. Soy la jefa.