Estábamos perdidas en esa carretera estrecha de montaña, el sol quemando, el aire oliendo a pino y tierra seca. Yo, Juana, con mis amigas Marta y Lola, hacíamos auto-stop. Aparece este tipo en su 2CV roja destartalada, torse al aire, jean ajustado. Francisco, se llamaba. Instituteur, vacaciones en su chalet viejo. Nos mira las piernas, las minis. Le digo: ‘¿Nos llevas?’. Él suelta lo de ‘solo en bragas’. Río. Um… perfecto. Les digo a las chicas: ‘Venga, os ponéis en tanga y subimos’. Marta se baja la falda, descubre que va sin nada, eh… se pone una blanca rápida. Lola igual, yo me quito el short azul lento, string rojo asomando, faldita floral. Él traga saliva, ojos clavados. Subimos. Yo delante, piernas cruzadas, descruzando cada vez que cambia marcha. Siento su mirada en mi coño apretado por la tela. Tensión sube. Ellas charlan, ríen, pero yo… yo decido. Este tío será mío. Lo huelo, suda, polla dura contra el volante. En la posada, lleno. Ofrece tienda en su chalet. ‘Gratis’, dice. Yo sonrío: ‘Pero hay precio, ¿no?’. Se enreda. Nos quitamos todo: sujetador, yo mis tetas firmes al aire, pezones duros con el viento. Marta sin sujetador, tetas saltando atrás. Lola top off, tetas en encaje. Él rojo, balbucea. ‘¡Venga, quítate el pantalón!’, le ordeno. ‘O nos dejas aquí’. Obedece, polla tiesa saliendo, gruesa, venosa. Marta se toca ya, Lola protesta pero mira. Yo tomo control: ‘Tú conduces lento, yo decido cuándo parar’.
Paramos en curva, nadie. Salgo, lo arrastro fuera. ‘Arrodíllate’, le digo. Él obedece, rodillas en grava caliente. Le agarro la cabeza, pelo sudoroso, empujo mi coño contra su cara. ‘Lámeme, cabrón. Hazlo bien’. Lengua torpe al principio, eh… luego ansiosa, chupando clítoris hinchado, labios mojados. Gimo, ‘Sí, así, métela dentro’. Sabor salado mío en su boca. Marta grita: ‘¡Joder, Juana!’. Yo dirijo: ‘Marta, toca tus tetas. Lola, mira y aprende’. Él lame fuerte, dedos en mi culo. Me corro rápido, jugos en su barba. ‘Ahora fóllame’. Lo empujo al capó caliente, metal quemando piel. Me subo encima, coño chorreando sobre su polla. La cojo, froto glande en mi entrada. ‘Mía’, gruño. Bajo despacio, centímetro a centímetro, polla abriendo mi coño apretado. ‘¡Joder qué gruesa!’. Cabalgo salvaje, tetas botando, uñas en su pecho. Él gime, manos en mis caderas pero yo las aparto: ‘¡No toques! Yo mando’. Ritmo brutal, subo bajo, clítoris rozando pubis peludo. Cambio: ‘A cuatro patas tú’. Lo volteo, culo al aire, le escupo en ano. Dos dedos dentro, él jadea. ‘¿Te gusta, pervertido?’. Saco, meto polla en mi coño de nuevo, perra detrás. Palaeteo nalgas, ‘¡Más duro! No, espera, yo digo’. Giro, levanto pierna en faro, penetro profundo. Sudor gotea, olor a sexo fuerte. Marta se une, lame mis tetas. Yo grito: ‘¡Córrete dentro cuando yo diga!’.
La decisión: él será mío y yo pongo las reglas
Me corro dos veces, coño contrayéndose, ordeñando su polla. ‘¡Ahora, lléname!’. Él explota, leche caliente inundando, chorros pegajosos saliendo. Me bajo, semen chorreando muslos. Él jadea en suelo, exhausto. Yo sonrío, poderosa. Limpio con su camiseta, ‘Buen chico’. Vuelvo al coche, chicas boquiabiertas. ‘Al chalet, ahora nos toca a nosotras jugar más’. Siento el poder, eh… él sucumbió total. Adrenalina pura, mi coño aún palpitando. Obtuve todo: control, placer, sumisión. Esa noche en el chalet, repetimos, pero yo siempre mandando. Increíble.