Me llamo Lisa, tengo casi cuarenta, pero mi cuerpo dice que miento. Pelo corto negro, ojos grisáceos que hipnotizan, tetas firmes y grandes, depilada al completo. Estoy de vacaciones en un camping de la costa atlántica, sola porque mi amiga falló. Y ahí lo vi: Tom, el maître-nageur de 22 años. Bajito, metro setenta y dos, pero musculoso, con esa cara de niño bueno que me pone a cien.
Lo pillé mirándome el primer día, saliendo del bungaló en short y camiseta, sin sujetador. Sus ojos se clavaron en mis pezones oscuros bajo la tela fina. Sonreí para mí. Ese chaval sería mío. Decidí tomarlo yo, nada de juegos. Al día siguiente, en los baños comunes, noté su mirada otra vez. Sudada de mi carrera matutina, me duché sabiendo que me espiaba desde arriba. Saqué mi consolador negro, me senté en el suelo, abrí las piernas. Mi coño rasurado, labios grandes ya hinchados. Lo metí despacio, gimiendo bajito. ‘Joder, qué rico’, murmuré. Eyaculé fuerte, ahogando el grito. Sabía que él se pajeaba arriba. Perfecto, ya estaba enganchado.
La Decisión de Hacerlo Mío en la Playa
Al día siguiente, playa nudista. Me quité la bata verde, desnuda total, piel bronceada uniforme. Lo vi venir corriendo, fingiendo deporte. Se paró, nos hablamos. ‘¿Por qué no vigilas la piscina?’, le dije juguetona. ‘Hoy libre, corro para mantenerme’, contestó, ojos en mis tetas. Me apoyé en codos, piernas entreabiertas, dejando ver mi raja húmeda. ‘Siéntate, quítate el bañador. Quiero verte la polla’. Se sorprendió, pero obedeció. Estaba medio dura ya, pubis rapado. Le unté aceite en las piernas, subiendo lento. Mis dedos rozaron sus huevos, su verga tiesa. ‘Ahora yo’, le dije. Me puse boca abajo, alcé el culo. ‘Úntame bien, hasta el coño’. Él temblaba, aceite resbalando por mis labios. Metí su dedo dentro, jadeando. ‘Para, gente viene’, susurré. Se acercaba una pareja desnuda. La tía lo miró la polla erecta, guiñó ojo. Él rojo como tomate.
‘Lisa’, me presenté. ‘Tom’. Le unté la polla con aceite, la meneé fuerte. Sus huevos lisos en mi palma. ‘No corras, aguanta’. Se corrió en el arena, gemido ahogado. ‘Buen chico. Luego te follo yo’. Hablamos, le sonsaqué que estaba solo. Beso ardiente al despedirnos. ‘Esta noche, bar. Sorpresita’.
Follada Brutal Bajo Mis Órdenes
Noche en el bar. Falda corta negra, escote profundo, sin bragas. Martini en mano. ‘No has visto nada’, le picé. Cena íntima. Dejé caer servilleta. ‘Cógela’. Me abrí de piernas bajo mesa, coño abierto, jugoso. Él miró, boquiabierto. ‘Me mojo rápido, chorreo’, le confesé. ‘Ahora te llevo a la pineta’. Ebria un poco, lo arrastré a la clareira con mesas de picnic.
Lo desvestí rápido. ‘Túmbate’. Lamí su polla, dura como piedra. Pero yo mandaba. Me subí encima, coño chorreando sobre su cara. ‘Come mi coño, lame el clítoris hinchado’. Él obedecía, lengua ansiosa en mis labios grandes, metida dentro. Grité bajito, ‘¡Sí, joder!’. Luego, ‘Ponte condón’. Me senté en su polla, cabalgando salvaje. Tetas rebotando, pellizcándome pezones. ‘Fóllame duro, pero yo marco ritmo’. Subía y bajaba, coño apretando su verga. Lo volteé, culazo arriba, ‘Métemela por detrás, embiste’. Él jadeaba, ‘¡Lisa, me corro!’. ‘No hasta que yo diga’. Eyaculamos juntos, mi squirt mojando todo, él llenando el condón.
Lo chupé limpio, tragando restos. ‘Buen pollón, pero yo controlo’. Volvimos a mi bungaló, exhaustos. Me sentía diosa, poderosa. Ese chaval sucumbió total a mis deseos. Adrenalina pura, conquista mía. Mañana, repetimos. O invito a mi amiga…