Tomé el Control de su Polla en una Área de Autopista Prohibida

Joder, más de trescientos kilómetros en agosto, con un calor de cojones, aire acondicionado roto. Autoroute desierta en mi cabeza, solo pensando en mi plan loco. Ni me acuerdo de las paradas, gasolina, nada. Solo sé adónde voy: esa área de descanso en el suroeste, famosa por tíos cachondos, gays, bis, curiosos. Curvas de coches entrando y saliendo, sombras moviéndose en la noche pegajosa.

Llego pasadas las once. Aparco, jeans ajustados, camiseta sudada, zapas. Salgo, bip del coche. Corazón latiendo fuerte. ¿Qué coño hago aquí? Pero no, voy a por todas. Camino firme hacia los baños. Olor rancio, pero limpios. Gemidos ahogados, slap-slap de carne. Entro y… uf, espectáculo. Hombres en círculo, pollas fuera, uno de rodillas chupando como loco. Slurps, jadeos, manos masturbando. Braguetas bajadas, culos al aire, semen brillando en pechos.

La Decisión que Me Hizo Conducir Hacia el Placer

Yo, parada, observo. Busco MI presa. No cualquier polla. Quiero una tiesa, glande hinchado, goteando, golpeando el vientre con cada espasmo. Happy trail de pelos finos del ombligo al pubis. Natural, no rasurada. Y la veo. Joder, perfecta. Dueño: torso peludo justo, mano subiendo y bajando esa verga morena, glande rojo circumcidado. Me mojo al instante.

Avanzo despacio, me cuelo entre ellos. Miradas raras, ¿una tía aquí? Sonrío interior. Me planto delante de él. ‘¿Puedo?’, digo lamiéndome los labios. Él asiente, ojos curiosos. Pero yo mando. ‘Quítate la mano. Es mía ahora’. Él obedece, polla palpitando libre. La agarro, tibia, venosa. ‘Ven conmigo’, ordeno. Lo saco de allí, al parking oscuro, contra su coche. ‘Pantalón abajo. Todo’. Él tiembla, excitado. Yo controlo.

Me arrodillo, pero soy yo quien decide el ritmo. Lengua en el glande, chup chup, saboreo el precum salado. Él gime. ‘No te muevas’, gruño. Manos en sus muslos peludos, acaricio el happy trail. Boca abajo, engullo hasta la garganta, slurp slurp. Él intenta empujar, pero le clavo la mirada: ‘Yo digo cuándo’. Me levanto, jeans abajo, coño chorreando. ‘Siéntate en el capó’. Él obedece. Me monto encima, froto mi clítoris en su polla dura. ‘Ahora fóllame tú, pero lento. Siguiendo mis caderas’.

El Clímax Bajo Mi Mandato Absoluto

Bajo despacio, su verga me abre, llena mi coño apretado. Uff, qué grosor justo. Subo y bajo, yo marco el vaivén. Manos en su pecho, pellizco pezones. ‘Más fuerte, pero espera mi orden’. Él jadea, ‘Sí, joder, qué buena estás’. Acelero, polla golpeando profundo, mis tetas botando. Giro, de espaldas, culazo rebotando en su pubis. ‘Agárrame las caderas, pero no corras’. Gemidos míos, suyos. Sudor mezclado, olor a sexo puro.

Siento su polla hincharse. ‘No corras aún’. Bajo, chupo de nuevo, bolas en la boca, lengua en el frenillo. Él tiembla. ‘Ahora sí, córrete en mi boca’. Aspiro fuerte, mano masturbando base. Él explota: chorros calientes, espeso semen bajando garganta. Trago todo, lamiendo limpia. Me levanto, coño palpitando insatisfecha. Meto dedos, me corro rápido, chorro en su muslo. ‘Límpialo con la lengua’, ordeno. Él lame, obediente.

Satisfacción total. Lo miré desde arriba, él rendido, polla flácida. Poder puro. ‘Buen chico’, digo. Me subo los pantalones, voy a mi coche. Él intenta acercarse, ‘Espera…’. ‘No. Ya tuve lo que quería’. Bip, arranco. Me voy, reina de la noche. Esa polla fue mía, al milímetro como soñé. Pulso acelerado, coño aún latiendo. Volveré, pero siempre yo al mando.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top