Estábamos en esa playa del camping, de noche, con el mar susurrando. Yo, con mi vestido ligero pegado al cuerpo por el calor. Lo vi: alto, moreno, ojos que prometían problemas. Estaba solo, fumando, mirando las olas. Sentí esa chispa, eh… esa hambre. No iba a esperar. Me acerqué, balanceando las caderas, mi sonrisa de cazadora. ‘¿Solo aquí? Qué desperdicio’, le dije, rozando su brazo con los dedos. Él sonrió, sorprendido. Caí sobre él como una ola, mis labios en los suyos, dura, exigente. Sus manos en mi espalda, pero yo las guío a mis tetas. ‘Tócalas así, despacio’, ordené, mordiéndole el labio. Respiraba fuerte, su polla ya dura contra mi muslo. Lo empujé hacia la orilla, riendo bajito. ‘Vamos al agua, pero yo mando’. Él obedeció, excitado, perdido en mis ojos.
El agua nos lamía las rodillas, fría y salada. Le arranqué la camisa, besé su pecho, bajando hasta su pantalón. ‘Quítatelo todo’, le susurré, mientras yo me desnudaba lento, dejando que me viera el coño depilado, brillando de humedad. Sus ojos se agrandaron. Lo besé salvaje, lengua profunda, sal en la boca. Mis manos en su polla, dura como piedra, venosa, palpitante. La apreté, masturbándola firme. ‘Vas a follarme como yo diga’. Él gemía, ‘Sí, lo que quieras…’. Lo tiré al suelo suave de arena mojada, olas lamiendo nuestras piernas. Me subí encima, frotando mi coño contra su polla, clítoris hinchado rozando el glande. ‘Mírame’, le dije, clavando uñas en su pecho. Bajé despacio, su polla abriéndose paso en mi coño chorreante. Ah… qué fullness. Empecé a moverme, lento al principio, sintiendo cada vena estirándome. ‘Más rápido no, espera mi ritmo’. Grité bajito cuando aceleré, tetas botando, agua salpicando. Él intentaba agarrar mis caderas, pero lo paré: ‘Manos quietas’. Mi clítoris contra su pubis, frotando, building that fire. ‘¡Joder, qué coño tan apretado!’, gruñó él. Yo reí, dominante: ‘Es tuyo solo si me haces correr’.
Decidí que Sería Mío Esa Noche
Lo cabalgaba fuerte, olas chocando, sal en la piel. Sentí el orgasmo venir, músculos apretando su polla. ‘No corras aún’, le ordené, saliendo de golpe. Me puse a cuatro, culo en pompa, olas lamiendo. ‘Ahora mi culo. Lubrícalo con mi coño’. Él jadeó, sorprendido, pero obedeció: dedo en mi humedad, luego en el ano, girando suave. ‘Despacio, eh… primera vez que lo doy así’. Dolía un poco, pero el poder me excitaba más. Su glande presionó, entrando milímetro a milímetro. Mordí mis labios, ‘¡Entra, hostia!’. Lo sentí romperme, fullness brutal. ‘Muévete lento’. Él lo hizo, gimiendo, manos en mis nalgas. Yo empujé atrás, dictando: ‘Más rápido ahora’. Follada anal en la playa, olas en las rodillas, dolor virando placer. Me toqué el clítoris, hinchado, resbaladizo. ‘¡Fóllame el culo fuerte!’. Él obedeció, embestidas salvajes, polla hinchada en mi ano virgen. Grité, orgasmo explotando, ano contrayéndose, ordeñándolo. Él rugió, ‘¡Me corro!’, chorros calientes llenándome el culo, derramándose.
Caímos exhaustos, su polla saliendo, semen blanco goteando con el agua. Lo volteé, besé su boca salada. ‘Me has dado lo que quería’. Él sonrió, rendido. Me lavó el coño con agua, dedos en mi clítoris sensible, haciéndome temblar en un último espasmo. Lo dejé ahí, exhausto, y caminé a mi tienda, desnuda, poderosa. Al día siguiente, en el coche saliendo, lo vi: apoyado en la pared, guiño y beso volado. Sonreí, dueña de la noche. Esa conquista, ese control… me empoderó para siempre. Poder femenino puro, coño y culo mandando.