Cómo Tomé el Control y lo Hice Mío en el Castillo Secreto

Esta mañana en el castillo, después del sauna, lo vi. Julien, el nuevo, ese periodista con pasado de commando. Exhausto del bizutage, con la polla tiesa aún por Agnete y Dimitri. Me senté frente a él en el desayuno. Todos charlaban, pero yo ya lo había decidido. Sería mío. Ahora.

Le sonreí, fingiendo inocencia. Mi pie desnudo rozó su pierna bajo la mesa. Él se tensó, miró alrededor. Nadie notaba nada. Deslicé el dedo gordo por su muslo, abrí su bata. Su polla saltó, dura, palpitante. Dios, qué pedazo. La encajé entre mis plantas, suave al principio. Arriba y abajo, apretando las bolas con los talones. Él jadeaba, fingía beber café. ‘¿Estás bien?’, le pregunté en ruso bajo, para despistar. Dimitri rio, ajeno.

La Decisión de Conquistarlo

Aceleré. Mis pies lo ordeñaban, resbaladizos de sudor. Sentí su vena hinchada, el glande mojado. ‘No te corras aún’, murmuré. Él apretó los dientes, rojo. Chorros calientes salpicaron mis dedos. Se corrió como un crío. Sonreí victoriosa. ’38 minutos hasta salir’, le susurré al oído mientras pasaba. ‘Ven a mi habitación. No, espera… la tuya. Yo mando.’.

Entré como un huracán. Tiré mi mochila, desabroché el cinturón. ‘Quítate todo’, ordené. Él dudó, pero obedeció. Su polla medio floja, marcada por mis pies. Me desnudé lento, dejando que me viera. Tetas firmes, coño depilado, húmedo ya. Me tiré en su cama, piernas abiertas. ‘Lámeme. Profundo.’. Él se arrodilló, lengua torpe al principio. La guié: ‘Más adentro, chupa el clítoris… así, joder sí.’. Gemí fuerte, arqueándome. Estaba empapada, jugos por su barbilla.

El Placer Bajo Mi Mandato

‘Suficiente’. Lo empujé sobre la espalda. ‘Ahora yo’. Me subí encima, froté mi coño en su polla hasta endurecerla del todo. ‘Mira qué gorda’. Me empalé de golpe, hasta el fondo. ‘¡Ahhh!’. Cabalgué salvaje, clítoris contra su pubis. Sus manos en mis tetas, pero yo las aparté. ‘No toques. Solo mira cómo te follo’. Ritmo brutal, subiendo y bajando. Sentía su polla abriéndome, golpeando el útero. ‘Más duro’, gruñí. Él empujó desde abajo, pero yo controlaba.

Cambié. A cuatro patas, culo en pompa. ‘Métemela por el coño, pero lento’. Obedeció. Agarré el plug de mi ano, lo moví al ritmo. Doble follada. ‘¡Más rápido, coño!’. Aceleró, cachetazos en mis nalgas. Mi coño chorreaba, apretándolo. ‘Me vengo… ¡no pares!’. Explosé, squirt empapando las sábanas. Él gruñó, al borde. ‘Sácala. Córrete en mis tetas’. Tiró, leche espesa en mi piel, cara. Lamió un resto, exhausto.

Me acurruqué en su pecho, sudorosos. ‘Has sido bueno… para un novato’. Él murmuró algo sobre mi poder. Sonreí. Lo había tenido todo: su sumisión, su corrida, mi orgasmo múltiple. Poder puro. Me vestí, aún oliendo a sexo. ‘Guarda el plug. Para la próxima que conquistes’. Salí, piernas flojas pero triunfante. Él me miró como un perrito. Sabía que volvería por más. Yo decido cuándo.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top