Me llamo Claudia. O Claudia47 en los foros literarios. Corrijo textos eróticos con mano dura. Frío. Preciso. Él firmaba como El Artista. Sus relatos me ponían… molesta. Demasiado sueltos, llenos de faltas. Pero me excitaban en secreto. Bandas duras, coños mojados mal descritos. Yo anotaba en rojo: ‘Redundancia. Ritmo flojo.’
Una noche, mensaje suyo. Borracho, claro. ‘Atelier en vivo, Claudia. Te corrijo mis faltas en persona.’ Dos días sin responder. Luego: ‘Viernes, 18h. Mediateca Desgranges, sala 3. No llegues tarde.’ Él pensó que mordía el anzuelo. Ja. Yo ya había decidido: lo iba a tener a mis pies.
La decisión de mandar y la tensión que estalló
Llego puntual. Él espera, nervioso. Luz tenue, olor a papel viejo. Sala pequeña, rayos de libros polvorientos. Chemisier blanco, falda lápiz negra, tacones. Ojos fijos en él. Saco mi carpeta. ‘He releído tus textos. Vamos a corregir en vivo.’ Se acerca. Yo cruzo las piernas. ‘Muéstrame esa metáfora confusa. La del coño como libro abierto.’ Él duda. ‘Quieres que te lo enseñe…’
Lo corto. ‘Siéntate.’ Voz baja, firme. Él obedece. Me levanto despacio. Siento mi coño palpitar bajo la falda. ‘Aquí no hay teoría. Yo decido cómo va esto.’ Le pongo la mano en el hombro. Aprieto. ‘Tus palabras me han cabreado mucho tiempo. Ahora, tú me vas a complacer.’ Él traga saliva. Olor a su sudor nervioso. ‘Claudia, yo…’
‘Calla.’ Le empujo la cabeza hacia mi falda. ‘Mira.’ Subo la tela. String negro. Ya húmeda. ‘Esto es lo que provocas. Y ahora lo arreglas.’ Él respira fuerte. Yo sonrío. Adrenalina pura. ‘Quítamelo con los dientes.’ Tiembla, pero lo hace. Mi coño expuesto, hinchado, mojado. ‘Ahora lame. Despacio.’ Su lengua toca mi clítoris. Gimo bajito. ‘Así… bien. Pero yo mando el ritmo.’ Le agarro el pelo. Empujo su cara contra mí. Huele a mi excitación. Sabe a control.
Follada brutal: yo al mando en cada embestida
Suficiente preliminares. Lo levanto. ‘Pantalones abajo.’ Su polla salta, dura, venosa. La miro. ‘No está mal. Pero obedece.’ Lo giro. Lo empujo contra la mesa. Papeles volando. ‘Manos en la mesa. No te muevas.’ Me pongo detrás. Escupo en mi mano, unto su culo. Dedo dentro. Él gime. ‘Shh. Esto es por tus faltas.’ Froto mi clítoris contra él, pero quiero más.
Cambio. Lo siento en la silla. ‘Abre las piernas.’ Me subo encima. Guío su polla a mi coño. Despacio. Me hundo. ‘Ah… sí.’ Caliente, apretada. Yo arriba, moviendo caderas. ‘No te corras hasta que yo diga.’ Subo y bajo. Sus tetas… no, sus manos en mis caderas, pero yo las aparto. ‘Mis reglas.’ Acelero. Coño chorreando por su polla. ‘Fóllame como yo quiero. Duro.’ Él empuja, pero yo controlo. Giro, reboto. Clítoris frotando su pubis. ‘¡Joder, qué bien mandas…’
‘¡Cállate y fóllame!’ Cambio a reversa. Su polla entra hasta el fondo. Siento cada vena. ‘Más rápido.’ Grito bajito. Orgasmo cerca. Me toco el clítoris. ‘Mírame.’ Me corro fuerte. Coño contrayéndose, leche por sus huevos. ‘Ahora tú.’ Él explota dentro. Caliente, lleno. Perfecto.
Bajo. Me visto. Calmada. Coño satisfecho, palpitante. Él jadea. ‘Texto aprobado. Pero con reservas.’ Sonrío. Poder total. Lo dejé seco, rendido. Días después, mensaje suyo: nueva historia. Yo respondo: ‘Ven. Segunda corrección.’ Yo siempre al mando.