Tomé el control total: Cómo dominé a mi cuñado con mi culo y mi coño

Mira, soy de esas mujeres que no esperan. Tengo 28, curvas que matan, un culo redondo que vuelve locos y un coño que sabe lo que quiere. Vivía con mi ex, el pequeño de los hermanos, un vago de mierda mentalmente de 7 años. Pero el mayor, paranoico pero con pasta, era el premio. La casa heredada, con jardín y garaje, iba a ser mía. Decidí tomar el control. El pequeño era fácil, pero el grande… uf, ese necesitaba que le enseñara quién manda.

Estábamos en la casa vieja, yo dirigiendo las reformas con ellos dos currando para mí. El mayor me miraba de reojo cuando sudaba con la camiseta pegada, pezones duros marcándose. Un día, el pequeño se fue a casa de su madre. Perfecto. Le dije al grande: ‘Vente a la brasserie, hemos currado mucho’. En esa fritanga grasienta, entre patatas fritas, puse mi mano en la suya. Él tartamudeó, rojo como un tomate. ‘Eres un hombre de verdad, no como tu hermano crío. Mereces más’. Le miré fijo, mordiéndome el labio. ‘Quiero que seas mío. Pero yo pongo las reglas’. Él tragó saliva, polla ya dura bajo la mesa. ‘¿Qué… qué reglas?’ Susurré: ‘La casa será nuestra. Tú pagas todo. Y en la cama, yo mando. ¿Trato?’ Asintió, hipnotizado. Esa noche, volviendo, le besé en el cuello. ‘Hoy empiezas a obedecer’.

La seducción y el mando total

Llegó del curro, cansado. ‘¡Estoy aquí, cariño!’ grité desde la cocina, solo con delantal fino, culo al aire, fregando el fregadero. Se paró en seco. ‘Joder…’. Su polla se puso como barra de hierro contra mis nalgas. Sus manos subieron, agarrando mis tetas, apretando pezones. Mordía mi cuello, jadeando como animal. ‘Quieto’, le paré. ‘Yo digo’. Me giré, empujándole al sillón viejo. ‘Quítate los pantalones. Ahora’. Temblando, sacó esa verga gruesa, venosa, goteando pre-semen. Me arrodillé, lamí la punta, salada. ‘Chúpame primero a mí’. Me subí al sillón, coño en su cara. ‘Lame, cabrón. Hazme mojar’. Su lengua torpe entró, chupando clítoris hinchado. Gemí, restregando: ‘Más fuerte, joder. Así…’. Me corrí rápido, jugos en su boca. ‘Buen chico’.

El polvo brutal donde yo decidí todo

Le puse vaselina en el culo mío, dedo dentro probando. ‘Ahora fóllame el coño’. Me monté encima, verga hundiéndose en mi coño chorreante. Cabalgué salvaje, tetas botando. ‘¡Más profundo! ¡Jode fuerte!’ Gritaba, clavándole uñas. Sudor por todos lados, olor a sexo crudo. ‘Ahora el culo. Métela toda’. Me puse a cuatro, abriendo nalgas. Él empujó, cabeza de polla abriendo mi ano apretado. ‘Lento al principio, pero luego a saco’. Entró centímetro a centímetro, quemando delicioso. ‘¡Sí, rómpeme el culo!’ Embestía como loco, bolas golpeando mi clítoris. Agarré sus huevos, apretando: ‘No corras aún. Aguanta’. Le di la vuelta, sentándome en reversa, culo tragando su polla hasta el fondo. Rebotaba, ano dilatado, placer eléctrico. ‘¡Córrete dentro, llena mi culo de leche!’ Rugió, disparando chorros calientes, desbordando. Me corrí temblando, ano palpitando.

Limpieza con mi lengua su polla flácida, él idiota feliz en el sillón. ‘Mañana nueva cocina. Con todo’. Sonrió: ‘Sí, lo que quieras’. Una semana, follando así cada día, conseguí cocina integrada, muebles, piscina planeada. El pequeño? Le manejé aparte, mamada rápida para callarlo. Ahora la casa es mía, ellos pelean por mí, pero yo reino. Esa polla en mi culo fue el principio. Poder total, coño satisfecho. Vida de reina, follando quien quiero. ¿Quién para esto?

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