Estaba en lo alto del árbol, oculta, viendo cómo bailaba alrededor del fuego. Su piel brillaba con esas pinturas tribales, el cuerpo desnudo ondulando, tetas firmes moviéndose al ritmo salvaje. La tribu la adoraba como chamana, pero yo… yo solo veía su coño depilado, sus caderas invitándome. Mi clítoris palpitaba, empapada ya. Basta de esconder me. Esa noche juré: sería mía.
Días después, la seguí hasta la clairière. Estaba sentada, meditando, piernas cruzadas, tunica corta dejando ver sus muslos suaves. Respiré hondo. ‘Chamana’, dije fuerte. Abrió los ojos verdes, sorprendida. ‘¿Qué quieres?’, murmuró. Me acerqué, sentándome frente a ella, tan cerca que olía su aroma herbal, mezclado con sudor fresco. ‘Te quiero a ti. He soñado con tu cuerpo, con lamerte hasta que grites’. Dudó, pero vi el rubor en sus mejillas. ‘No puedo… soy chamana’. Sonreí, dominante. ‘Hoy mando yo. Quítate la tunica. O lo hago yo’. Tragó saliva, pero obedeció, revelando pechos perfectos, pezones duros. Mi mano subió a su mejilla, bajando al cuello. ‘Buena chica. Ahora, sígueme’. La tomé de la mano, rumbo a la fuente sagrada. Ella temblaba, excitada. ‘¿Qué vas a hacer?’, preguntó bajito. ‘Lo que yo diga. Tú solo gime’.
La Decisión de Conquistarla
Llegamos de noche, el agua brillando bajo la luna. ‘Desnúdate del todo’, ordené. Se quitó el resto, cuerpo desnudo perfecto, coño ya húmedo reluciendo. Yo me quité mi pagne, mis tetas grandes libres, mi coño chorreando. La empujé al agua fría, salpicando. ‘De rodillas’, le dije. Se arrodilló en el bassin, agua hasta la cintura. Agarré su pelo, acerqué su cara a mi coño. ‘Lámeme. Muéstrame cuánto lo deseas’. Su lengua tocó mi clítoris, tímida al principio. ‘Más fuerte, puta’, gruñí. Lamía ahora con hambre, chupando mi jugo, metiendo lengua dentro. Gemí fuerte, ‘Sí, así… no pares’. La adrenalina me quemaba, control total.
La levanté, la besé salvaje, mordiendo labios, saboreando mi propio sabor en su boca. ‘Ahora túmbate en la piedra’, mandé. Se recostó, piernas abiertas, coño hinchado invitándome. Me tiré sobre ella, tetas contra tetas, frotando clítoris contra clítoris. ‘¡Fóllame!’, suplicó. ‘Cállate y siente’, respondí, moviendo caderas duro, tribadismo brutal, agua salpicando. Metí dos dedos en su coño apretado, empapado, follando rápido. ‘¡Dios, Jiliana!’, gritó. Bombeé más fuerte, pulgar en su clítoris. ‘Vente para mí, ahora’. Se corrió temblando, chorros calientes mezclándose con el agua, gritando mi nombre.
El Placer que le Impuse
No paré. La puse a cuatro patas, agua lamiendo su culo. ‘Abre bien’, dije, separando nalgas. Lamí su ano primero, luego hundí lengua en su coño, chupando clítoris desde atrás. ‘¡Más, por favor!’, jadeó. Agarré sus caderas, froté mi coño contra su culo, masturbándola con dedos. ‘Eres mía, chamana. Dilo’. ‘¡Soy tuya!’, chilló. La volteé, montándola, coño sobre su cara. ‘Chúpame mientras me corro’. Cabalgó mi clítoris con lengua, yo me vine explotando, jugos en su boca.
Al final, exhaustas en el agua, la abracé fuerte. Su cuerpo temblaba contra el mío, rendida. ‘Nunca había sentido esto’, murmuró. Sonreí, poderosa. ‘Lo sabía. Te conquisté, y ahora sabes quién manda’. El poder me invadía, su sumisión total. Obtuve todo: su coño, sus gemidos, su alma. Y la tribu… que esperen. Somos invencibles ahora.