Hola, soy Patricia Camarena, 42 años, casada desde hace una eternidad, pero… la rutina nos ha comido vivos. Trabajo como secretaria contable en una gran empresa aquí en las afueras de Madrid. Soy de esas mujeres BCBG, de familia burguesa, y digamos que los hombres me miran en la calle, en el metro, en la oficina. Me cuido, ¿sabes?
Hace unos días, llegó él. Nuevo en el equipo, piel de ébano puro, músculos que se marcan bajo la camisa. Negro, joven, como 21 años. Cada vez que lo veo, siento mi tanga empapada. Olvido a mi marido, a los niños. Solo quiero pegarme a ese cuerpo oscuro, que me folle como un animal en el despacho. Día tras día, la obsesión crece. Fantaseo con blacks desde adolescente, y ahora… uf, revive todo.
La decisión de tomar las riendas
Por las noches, con mi marido, cierro los ojos y es él quien me penetra. Me visto más sexy: pantalón de cuero que aprieta mi culo, tacones altos, botas hasta muslo. Compro lencería, dildos gigantes como vergas africanas. Pero lo quiero a él, real, duro.
Hoy jueves, cierre de balances. Nos quedamos hasta tarde. Yo, exhausta, voy por un café. Lo veo solo en su despacho, currando. Mi momento. Me desabrocho la blusa, dos botones más. Entro. ‘Ey, ¿sigues aquí? Necesito… ayuda con unos números’. Su mirada baja a mis tetas, generosas, blancas. Sonrío. Él tartamudea: ‘Sí, Patricia, pasa’. Me acerco, rozo su brazo. ‘Estás tenso, ¿no? Déjame ayudarte a relajar’. Veo la erección en su pantalón. Perfecto.
No espero. Me arrodillo entre sus piernas. ‘Shh, no digas nada’. Abro su cremallera, saco esa polla negra enorme, venosa, circuncidada. Dios, el doble que la de mi marido. La lamo despacio, desde la base, bolas pesadas en mi mano. ‘Mmm, qué rica’. Él gime, cierra ojos. La chupo profunda, garganta hasta el fondo. Me abofetea la cara con ella, moja mi boca. El contraste piel blanca-negra me enloquece. Pero yo mando.
El placer brutal que dirigí yo misma
Me levanto. ‘Ahora me follas tú’. Me subo la falda de cuero, abro la blusa del todo, tetas al aire. Me pongo a cuatro sobre su mesa, culo en pompa, en puntas de pie. ‘Ven, métemela ya’. Él obedece, empuja. Su verga me llena, estira mi coño como nunca. Respiro entrecortada: ‘Más adentro, joder’. Sus manos negras amasan mis tetas, pezones duros. Empieza a bombear, pelvis contra mi culo blanco. Acelera, claqué, claqué. Grito: ‘¡Sí, fóllame fuerte!’ Eyaculo primero, tiemblo, chorros en su polla.
Lo miro fijo: ‘Ahora túmbame’. Sobre la espalda en la mesa, agarra mis tobillos, me abre. Entra a saco, bolas golpeando. Cada salida, vacío brutal; cada embestida, plenitud. ‘¡No pares, eres mío!’ Salvaje, sudor, mis zapatos bailan en el aire. Lo beso, lenguas revueltas. ‘Eres mejor que cualquier blanco, fóllame como a una puta’. Me pone de pie, contra la pared. Polla profunda, coño chorreando. Sus huevos azotan mi culo. Tetazas rebotan, sudadas.
Media hora de esto. ‘Córrete dentro, lléname’. Explota, leche caliente, espesa, sin condón. Olvidé todo. Limpio su polla con la lengua, saboreo restos salados, masturbo suave sus venas pulsantes. ‘Esto no acaba aquí. Mañana, fuera de la oficina’.
Salgo flotando. Silla mojada de mi coño. Llego a casa, beso niños, marido. Sin ducha, su semen gotea. Duermo con un plug dentro, excitada. Ahora soy su puta blanca, adicta a vergas negras. Él me folló, pero yo lo conquisté. Poder total. Y quiero más. Esto cambia todo.