Cómo tomé el control y follé a mi inocente amiga en Granada

Acabábamos de salir de esa disco lesbi en Granada, el aire fresco de la noche me golpeaba la cara, pero yo ardía por dentro. Moon, mi amiga francesa tan inocente, rubia y frágil, iba tambaleándose un poco por los cubalibres. La había visto en la pista con Gemma, esa lesbi dura, frotándose como una puta en celo. Sus pechos subiendo y bajando, su coño mojado contra la mano de esa tía. Pero se salvó por mí. La besé para alejarla, y joder, su lengua se enredó con la mía como si lo quisiera de verdad.

Caminamos al hotel, calladas al principio. El Albaicín nos rodeaba con sus luces, pero yo solo pensaba en el paquete que traía en la maleta. Ese strapon negro, enorme, hecho a mano, con venas hinchadas como una polla de verdad. Lo había encontrado, era para nosotras. Moon me miró de reojo. ‘Ambre… ¿estás bien?’ Sus ojos brillaban, ehm, nerviosos. Le sonreí, fuerte, segura. ‘Esta noche, tú eres mía, Moon. Nada de juegos. Yo mando.’ Ella se sonrojó, mordiéndose el labio. ‘Pero… somos amigas…’ La cogí de la cintura, apreté su culo redondo contra mí. ‘Amigas que se van a follar. Regla uno: obedeces. Regla dos: gimes cuando te lo diga. ¿Entendido?’ Su respiración se aceleró, sentí su calor entre las piernas. Subimos al hotel, una cama king size esperándonos. Perfecto.

La tensión que me encendió

Entramos, cerré la puerta con llave. La empujé contra la pared, besándola salvaje. Mi lengua invadiendo su boca dulce, saboreando el ron y su saliva. ‘Quítate la ropa, despacio.’ Dudó un segundo, pero lo hizo. Su vestido cayó, revelando tetas firmes, pezones duros como piedras. Bajé sus bragas, empapadas. ‘Mira cómo chorreas, puta inocente.’ La tiré a la cama, me desnudé rápido. Le abrí las piernas, olí su coño virgen, rosado y húmedo. Lamí su clítoris hinchado, chupando fuerte. ‘¡Ahh! Ambre… para…’ Gimió, arqueándose. ‘No paras, tú sigues mis órdenes.’ Metí dos dedos en su coño apretado, follándola lento, sintiendo sus paredes contraerse. Ella jadeaba, ‘¡Sí, más!’

El clímax brutal y mi dominio total

Saqué el strapon de la maleta. Negro, 25 cm, grueso como mi muñeca. Me lo até, el arnés apretando mis tetas. ‘Míralo, Moon. Esta polla va a destrozarte el coño.’ Sus ojos se abrieron grandes, miedo y deseo. ‘Es… enorme…’ La puse a cuatro patas, le escupí en el culo y coño. Empujé la punta, su entrada resistió. ‘Relájate, zorra.’ Entré despacio, centímetro a centímetro, hasta que la polla llenó su coño hasta el fondo. Gritó, ‘¡Joder, me parte!’ Empecé a bombear, fuerte, mis caderas chocando su culo. Cambié posición: ella encima, cabalgándome, sus tetas rebotando. La cogí del pelo, ‘Muévete, fóllate mi polla.’ Luego misionero, piernas sobre mis hombros, apuñalándola profundo. Su clítoris rozaba el arnés, se corrió gritando, ‘¡Me corro, Ambre! ¡Síii!’ No paré, la follé hasta mi segundo orgasmo, sintiendo vibrar el strapon contra mi clítoris.

Al final, exhaustas, ella temblando bajo mí. ‘Has sido… increíble.’ La besé, posesiva. ‘Te dije que eras mía. Ahora sabes lo que es rendirte.’ Me sentía poderosa, invencible. Esa conquista, su coño destrozado por mí, el control total. Granada testigo de mi dominio. Mañana más, pero esta noche, la hice mujer. Mía.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top