Cómo Tomé el Control y la Hice Gemir Bajo Mí

Acabábamos de salir del gimnasio ese viernes. Cristina y yo, sudadas, nos metimos en la ducha con las chicas. Agua caliente resbalando por nuestros cuerpos desnudos. Sus pechos firmes, su culo redondo… Me miró con esa chispa. Yo sonreí, sabiendo que la quería mía.

En el parking, oscuro, la besé. Nuestras lenguas se enredaron, saboreando saliva dulce. Mis manos bajaron a sus nalgas, bajo la falda. Nada de bragas. ‘Qué piel tan suave…’, murmuré. Ella jadeó: ‘Me mojas el coño, Lola…’. ‘Quiero tus dedos en mí’, susurró. Pero yo decidí: ‘No, hoy mando yo. Vas a ser mía.’ Corrimos al coche, faldas arriba, coños al aire contra el cuero vibrante.

La Tensión que Me Encendió

Las chicas esperaban con el bolso. Subieron atrás, riendo de nuestras caras rojas. Yo guié a casa, mi casa ahora mía del todo. Al llegar, Sandra salió a recibirnos. Presentaciones rápidas. Dejé a las niñas con sus cosas y arrastré a Cristina a mi cuarto. Cerré la puerta. Ella se tiró en la cama, falda arriba, mostrando su coño peludo, labios gordos brillando.

Me arrodillé entre sus piernas abiertas. ‘Mírate, tan húmeda por mí.’ Olía a excitación fuerte, almizclada. Retiró el pelo púbico: ‘Toca mi clítoris, por favor…’. ‘No pidas, obedece’, dije firme. Lamí sus labios carnosos, abrí las ninfas con la lengua. Dulce, salado. Chupé su clítoris rosado, hinchado. Ella gimió: ‘¡Dios, Lola!’. Dicte: ‘Quédate quieta. Voy a comerte hasta que supliques.’

La tensión subía. Mi coño palpitaba, pero yo controlaba. La hice girar, cara abajo. Besé sus nalgas, lamí su ano apretado. ‘Ahora, ábrete.’ Obedeció temblando.

El Placer que Mandé Yo

Me puse encima de su cara, falda arriba. ‘Chúpame, pero despacio.’ Sus labios largos y gruesos asomaban de mi coño depilado. Me los succionó, uno a uno, estirándolos. ‘¡Bien, así!’. Goteaba en su boca. Bajé, devoré su coño de nuevo, dedos dentro. Dos, luego tres. La follé duro, chapoteando en su jugo.

‘¡Más profundo, joder!’, gritó. La volteé, piernas en alto. Me senté en su cara, restregando mi clítoris en su lengua. ‘¡Lame mi culo también!’. Ella lo hizo, desesperada. Luego, tribbing: coño contra coño. Mis labios finos envolviendo su manguito carnoso. Nos frotamos, clítoris chocando. ‘¡Siente cómo te domino!’, gruñí. Sudor, jugos mezclados en crema espesa. Mordí sus dedos de pies, ella los míos. Explosamos juntas, temblores, gritos ahogados.

Tres orgasmos la dejaron hecha papilla. Yo, solo dos, pero al mando. Recogí su squirt en mi boca, se lo escupí en la suya. Besos pegajosos, saboreando todo.

Después, tumbadas, su cabeza en mi pecho. ‘Me has follado como nadie’, murmuró rendida. Yo sonreí, poderosa. Obtuve justo lo que quería: su sumisión total, su coño marcado por mí. La adrenalina de la conquista me llenaba. ‘Mañana repetimos, pero mis reglas.’ Ella asintió, mía del todo. Las niñas abajo, ajenas, pero yo reinaba.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top