Soy Carmen, 45 años, cuerpo delgado, bronceado perfecto, ojos almendrados que hipnotizan. Madre de una alumna en la autoescuela. Ese sábado, el monitor, un tipo de 44, guapo, con mirada tímida, nos dio clase. Yo atrás, falda ligera, piernas cruzadas, dejando ver mi muslo dorado. Él no paraba de mirarme por el retrovisor. Vi cómo se ponía nervioso, cómo intentaba disimular. Supe en ese instante: lo quiero. Lo haré mío.
Al final de la lección, charlamos junto a su puerta. Él, rojo, me da su tarjeta con un garabato: ‘¿Almuerzo juntos?’. Sonreí. Loco. Pero yo ya había decidido. Esa noche, lo llamo. ‘Hola, soy Carmen, la mamá. Mañana, ven a casa. Yo invito. A las 11’. Silencio al otro lado. ‘¿Sí? Vale…’. Colgué, riendo. Él vendrá. Y yo mandaré.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío
Llega puntual. Lo recibo con sonrisa maliciosa, vestido veraniego desabotonado abajo. ‘Pasa, sígueme’. Lo llevo a la terraza, piscina reluciente bajo el sol. Apéritif, ti-punch. Charlamos tonterías, pero mis ojos lo clavan. ‘¿Quieres bañarte mientras preparo?’. Él balbucea: ‘No traje bañador’. ‘No importa, usa uno de mi marido’. Lo llevo a mi cuarto, le doy opciones. Se cambia. Yo lo veo salir, mojarse. Perfecto.
‘Yo también’. Me planto ante él, desabrocho mi vestido lento. Caen los botones. Queda mi tanga negra, sujetador. Lo miro fijo. ‘Mírame’. Desabrocho el sujetador, tanga al suelo. Nuda, bronceada total, sin marcas. Me meto en la piscina, agua fresca besando mi piel. Él me mira, tieso. ‘Ven. Quítatelo todo’. Obedece, polla ya medio dura. Salta. Lo espero al fondo.
Lo agarro de los pies, subo manos por sus piernas, muslos, coño rozando su verga. Emerjo pegada a él. Nuestros cuerpos chocan. Mi coño contra su polla tiesa. ‘No beses aún. Espera mi orden’. Él tiembla. Yo sonrío. Tomo sus manos, las pongo en mis tetas. Pezones duros. ‘Tócalas suave’. Dirijo. Tensión sube. Mi mano baja, aprieta su polla. ‘Esto es mío ahora’.
Primera fase mía. Lo empujo al borde, piernas abiertas. Me sumerjo, lamo sus huevos, subo lengua por la verga. Gime. ‘Silencio’. Chupo el glande, saliva chorreando. Lo monto en el agua, froto mi coño en su polla sin entrar. ‘Aún no’. Él suplica con ojos. Río. ‘Yo decido cuándo follamos’.
El Acto Brutal: Mi Coño Manda, Él Obedece
Lo saco, lo seco con toalla brusca. ‘Al salón’. Peinadores puestos. Café en penumbra. Me siento sobre él, beso salvaje. Desato su peinador, polla saltando. ‘A mi turno’. Bajo, chupo hondo, garganta llena. Él gime: ‘Carmen…’. ‘Cállate’. Lo monto, coño chorreando sobre su cara. ‘Lame’. Lengua en mi clítoris, hinchado. Gimo fuerte, dirijo su cabeza. ‘Más adentro’. Orgasmo me sacude, jugos en su boca.
Ahora el acto. Coño ardiendo. Saco condón de cajón. ‘Póntelo’. Lo hago yo, rodando por su verga gruesa. Me tumbo, ‘Fóllame duro’. Entra de golpe, coño apretado tragándolo. ‘Más rápido’. Cabalga mis caderas, yo aprieto piernas en su culo. Cambio: lo pongo a cuatro, entro polla desde atrás, azoto nalgas. ‘¡Fóllame el coño!’. Gruño. Cambio a vaquera, salto sobre él, tetas rebotando. ‘¡Mírame!’. Clítoris frotando, polla honda. Grita: ‘Me corro…’. ‘¡No! Aguanta’. Lo aprieto, ordeño. Él explota, yo tras él, coño convulsionando, chorros calientes.
Ducha. Agua caliente. Lo empujo contra pared. ‘Otra vez’. Guío su polla a mi coño, levanto pierna. ‘Despacio primero’. Embiste lento, siento cada vena. Acelero: ‘¡Fuerte!’. Polla machacando, agua salpicando. Cambio, lo giro: ‘En mi culo no, solo coño’. Me corro gritando, él eyacula fuera, semen en mi espalda.
Salimos. Él vestido, atontado. Yo desnuda ante espejo, sonriendo. ‘Vete. Pero volverás’. Puerta cierra. Siento poder puro. Lo conquisté, follé como quise. Mi coño manda. Adrenalina total. Él sucumbió. Yo gané.