Tomé el Control: Cómo Seduje a Mi Modelo y lo Hice Gemir Bajo Mí

Estaba en el bus, casi vacío por el verano. Lo vi leyendo, alto, bien formado. Me acerqué, sujetándome a la barra. ‘Disculpa, ¿puedo hablarte un momento?’ Levantó la vista, sorprendido. Yo, delgada, pelo largo negro, toda de negro ajustado. ‘Soy pintora, busco modelos. ¿Te animas?’ Me miró mejor. Treinta y tantos, ojos que enganchan. Dudó, pero mordió el anzuelo. Le di mi dirección, cita para mañana. Cécile, me llamo, pero con acento español que vuelve locos.

Al día siguiente, en mi atelier del treceavo, octavo piso. Entró, olía a óleo y tizas. ‘Desnúdate detrás del biombo.’ Se rio nervioso, pero obedeció. Salió desnudo, tieso pero no tanto. Le puse pose: sentado de perfil, brazos en muslos. Dibujé rápido, fusain volando. Silencio pesado. Su espalda se tensó. Yo, callada, observándolo. Cambié pose: de pie, frente a mí, manos atrás. Lo miré fijo. Se dio cuenta. Sus ojos bajaron a mis tetas pequeñas pero duras bajo el jersey. Sonreí por dentro. Hora de café. ‘Hace frío así,’ dijo. Me acerqué, roce accidental. ‘Vuelve mañana, quiero pintarte con pasteles.’ Se fue, yo ya planeando.

La Conquista Empieza en el Bus

Llegó puntual. Esta vez, mi amiga Manon, rubia explosiva, se iba vistiéndose. ‘Qué guapo el modelo,’ dijo ella riendo. Se quedó a mirar. Poses fluyeron. Manon sugería, pero yo mandaba. ‘Manon, dile cómo poner el brazo.’ Ella tocaba, rozaba su piel. Yo veía su polla endurecerse poco a poco. Manon se reía, yo me arrodillé cerca, dibujando detalles. Su verga tiesa, venas hinchadas, glande brillante. Mi aliento en él. ‘No te muevas,’ le ordené, voz baja. Manon aplaudió. Tensión al rojo vivo. Cenamos después, brasserie ruidosa. Bajo la mesa, mi pie subió su pierna. Lento, hasta el muslo. Él rojo, mirando a las dos. ¿Manon? No, yo. Decidí: esta noche es mío.

Manon nos dejó en mi puerta. ‘Entra,’ le dije, empujándolo. Puerta cerrada, lo arrinconé contra la pared. ‘Quítate todo.’ Obedeció temblando. Besé su cuello, mordí. Manos en su polla dura. ‘Esta verga es mía ahora.’ La apreté, leche preeyaculatoria en mis dedos. Lo tiré al suelo del atelier. ‘Abre las piernas.’ Me quité el pantalón, coño mojado, pelito corto. Me senté en su cara. ‘Lámeme, hazlo bien.’ Su lengua en mi clítoris, chupando fuerte. Gemí, moviéndome. ‘Más adentro, joder.’ Me corrí en su boca, jugos por su barbilla.

El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes

‘Ahora fóllame.’ Lo monté, polla entrando en mi coño apretado. Cabalgué duro, tetas rebotando. ‘No te corras hasta que yo diga.’ Sus manos en mis caderas, yo clavándole uñas. Cambié: de rodillas, él detrás. ‘Métemela toda.’ Empujó, pero yo marcaba ritmo, reculando contra él. Sudor, olor a sexo. ‘Al culo ahora.’ Escupí en su glande, guié. Dolor en sus ojos, placer en los míos. ‘Fóllame el culo fuerte.’ Gritó cuando entré hasta el fondo, contrayéndome. Lo ordeñé así, él al límite.

Lo puse contra la ventana, noveno piso. Nadie ve, pero grité mi orgasmo, él corriéndose dentro de mi culo, chorros calientes. Me aparté, semen goteando. Lo miré postrado. ‘Has sido bueno, mi modelo.’ Lo besé, posesiva. Esa noche, y todo el verano, fue mío. Poder total, él rendido. Adrenalina pura, mi coño aún palpitando. Lo conquisté, lo rompí, lo reconstruí bajo mis reglas.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top