Acabo de cerrar la puerta. Mi corazón late fuerte, aún siento su sabor en los labios. Soy Valeria, española de pura cepa, y hoy he conquistado a Laura, esa rubia casada que conocí en el restaurante con su marido. Tan correcta, tan… deseable. La convencí de posar para mí. La tuve desnuda, obediente, con las tetas erguidas y el coño entreabierto. Dios, qué rush.
Quedaban treinta minutos. Tenía que ser rápida. ‘Ven, siéntate aquí en el taburete. Más cerca… Endereza la espalda, empuja esas tetas. Abre las piernas, bien firmes en el suelo.’ Obedecía sin chistar. Increíble. Dibujaba su cara, pero mis ojos bajaban a sus pezones duros, a esos pelitos rubios guardianes de su raja húmeda. Ni se sonrojaba. ‘Mírame fijo. Abre la boca… Así. Espera, falta algo.’
La toma de control total
Saqué mi pintalabios del bolso. Me acerqué en mi taburete rodante. Mis muslos contra los suyos, los abrí más. Estaba preciosa, casi lampiña. ‘Aprieta los labios.’ La sujeté el mentón firme, a centímetros de mi boca, y pasé el barra despacio, abriéndole los labios. Nuestros ojos clavados. ‘Tienes una boca perfecta, deliciosa.’ Bajé por el delineador. ‘Cierra los ojos.’ Se lo tracé en los párpados, mentón en mi mano. Respiraba rápido, boca entreabierta. Vi su lengua… Uf, quería devorarla, pero aún no.
Le di una palmada en el muslo, dejé la mano ahí. Retrocedí. ‘Ahora sí, más puta.’ Terminé el retrato en veinte minutos. ‘Ven a ver.’ Se levantó desnuda, solo con tacones que le arqueaban el culo. Yo detrás, vestida. Mi mano derecha comentando el dibujo, la izquierda rozando su nalga. No se movió. Presioné más, me giré, boca cerca de la suya. Mi mano en su ingle, cerca de los pelitos. ‘Vamos con la siguiente.’
‘Ve al sofá. A cuatro patas. Gírate hacia mí. Abre más las piernas, arquea. Te ayudo.’ Tomé su mentón, le abrí la boca con el pulgar. Separé sus tetas, pellizqué pezones que se endurecieron al instante. Manos en su espalda baja, la empujé para que ofreciera el culo. Retrocedí. ‘Casi. Un ajuste.’ Agarré sus muslos, los abrí, subí las manos… Rodeé su coño, separé sus labios carnosos. Tembló leve. Yo… ardiendo.
Foto para mi amiga Juana. Clics de lejos, cerca, foco en su coño abierto. ‘Va a flipar.’ Dibujé rápido: su boca sensual, ojos azules fijos en mí, culo ofrecido, labios hinchados. ‘Ven a ver.’ Detrás de nuevo. ‘¿Qué tal?’ Se giró, tetas apuntando. ‘Es… un poco…’ Se sonrojó. ‘¿Obsceno?’ Mi mano en su cadera, piel caliente. ‘Mírame.’ Mentón en mano, ojos en ojos. Acercándome. ‘Eres preciosa. Si no se lo enseñas a tu marido, es nuestro secreto.’
El clímax brutal y mi triunfo
Manos en sus tetas, amasando. ‘Mira, son tuyas. Píntate el otro pezón.’ Lo pellizcaba casual. ‘¿Qué te choca? ¿Tu coño abierto?’ Agarré sus pelitos. ‘Ven, hora de ducha. Te raso.’ En el baño, espuma y navaja. Me arrodillé. ‘No te muevas.’ Rasuré su monte, luego labios. ‘Abre más.’ Girada, arqueada, ano expuesto. Limpio con agua, dedos entre sus pliegues. Haletaba. ‘Más bonito, ¿eh?’
Dejé que se secara, pero la llevé a la cama. ‘Túmbate al borde.’ Piernas abiertas, yo en el suelo entre ellas. Su coño rasurado, clítoris hinchado asomando. ‘Crema fría para el picor.’ Masajeé su vientre, círculos lentos. Ondas en sus piernas. Toqué su clítoris adrede. Grito ahogado. Más crema, entre labios, pinchando. Húmeda ya. ‘Casi.’ Repliegue piernas contra pecho. Crema en su culo, dedo en su ano apretado. Se hundió más. Retiré. ‘Listo.’ Pellizqué su pezón, ojos fijos. ‘Te gustó, ¿verdad? Vístete.’
Sin bragas, solo medias. ‘Quítatela, te irrita.’ La besé en la puerta, lengua dentro. ‘Buen comienzo.’
Pero no paré ahí. La tensión explotó. ‘Quédate un minuto más.’ La empujé contra la pared. ‘Eres mía ahora.’ Bajé mi mano a su coño liso, dos dedos dentro, chorreando. ‘Mójate más, puta.’ Bombeé rápido, pulgar en clítoris. Gemía: ‘Valeria… no…’ Pero arqueaba. Chupé su cuello, mordí tetas. ‘A cuatro patas otra vez.’ Lengua en su raja, lamiendo hasta el ano. ‘¡Dios!’ Dedos tres adentro, follando su coño apretado. ‘Córrete para mí.’ Gritó, convulsionó, squirt en mi boca. La dominé total.
Se fue temblando. Yo, poderosa, saciada. La hice mía, la quebré. Próxima vez, con Juana. Adrenalina pura, control absoluto. Supe que era mía desde el primer ‘obedece’.