Cómo Tomé el Control Total de un Vikingo en Mi Casa

Era un día de primavera en nuestro pueblo normando. El sol suave lamía los tejados de paja, la brisa del mar traía olor a sal y libertad. Mis hermanas y yo, solas en la casa pequeña al borde del pueblo, esperábamos lo inevitable: el raid vikingo de San Enselmo. Yo, Ilse, la mayor, rousse, fuerte de campos y amores en el heno. Annette, morena y curvilínea. Lison, la rubia pequeña, nerviosa por su primera vez.

De repente, cesó el ruido de la batalla. Entró él: Sven, alto, rubio, músculos sudados brillando bajo la luz. Hacha impecable, torso desnudo con cicatriz de oso. ‘Soy Sven, esta casa es mía’, gruñó con acento áspero. Mis hermanas retrocedieron. Annette preguntó: ‘¿Solo tú?’. Él balbuceó sobre hambruna y tormentas, solo siete quedaron de quinientos.

La Decisión de Conquistarlo

Lo miré. Sus ojos azules, su polla ya medio dura bajo el cuero. Sentí la adrenalina subir. No, joder, no sería él quien manda. Yo lo quería. Mi coño palpitó. ‘Ven aquí, vikingo’, dije calmada, voz firme. Me puse entre él y mis hermanas. ‘Yo soy tuya primero. Las otras esperan. Pero mis reglas: yo decido cómo y cuándo follamos’.

Él parpadeó, sorprendido. Lison tartamudeó: ‘Ilse, no…’. La callé con una mirada. Annette sonrió pícara. Sven dejó la hacha. ‘¿Tus reglas?’, murmuró. Asentí, acerqué mi mano a su pecho. Sudor salado en mis dedos. ‘Quítate todo. Despacio. Y no toques hasta que yo diga’. Su respiración aceleró. La tensión crepitaba como fuego. Mi corazón latía fuerte, pero yo controlaba. Él se desnudó, polla gruesa erecta, venas hinchadas. ‘Buen chico’, susurré, rozando su piel caliente.

Lo empujé al jergón. ‘Túmbate. Brazos arriba’. Obedeció, ojos hambrientos. Subí mi falda, mostré mis tetas grandes, pezones duros como piedras. Me senté a horcajadas sobre su pecho. ‘Chúpame primero. Hazme mojada’. Bajé mi coño a su boca. Su lengua torpe al principio, luego ansiosa lamiendo mis labios hinchados, succionando mi clítoris. Gemí: ‘Más fuerte, joder… así…’. Mis caderas se movían, follándole la cara. Olía a mar y deseo. Mis hermanas miraban, boquiabiertas, dedos entre piernas.

El Placer Bajo Mis Órdenes

‘Ahora, polla dentro’. Me levanté, agarré su verga dura, goteando pre-semen. La froté contra mi entrada empapada. ‘No te muevas’. Bajé despacio, centímetro a centímetro, su grosor estirándome. ‘¡Mierda, qué polla grande!’, jadeé. Empecé a cabalgar, lento al principio. Sus caderas querían subir; las paré con manos en sus muslos. ‘Yo marco el ritmo, cabrón’. Aceleré, tetas botando, coño apretando su tronco. Sudor nos unía, slap-slap de carne contra carne.

Le di la vuelta. ‘A cuatro patas’. Él obedeció. Escupí en su culo, metí un dedo: ‘Relájate’. Gemí él. Agarré sus caderas, monté desde atrás, mi clítoris rozando sus bolas. ‘Fóllame tú ahora, pero como yo diga: hondo y lento’. Empujó, gruñendo. Cambié: ‘Rápido, joder, hazme correr’. Orgasmo me pilló, coño convulsionando, chorros mojando sus muslos. ‘¡Sí, coño!’. Él jadeaba: ‘Ilse… por favor…’. ‘No corras aún’. Lo puse boca arriba, chupé su polla salada, bolas en mi mano. ‘Ahora sí, córrete en mi boca’. Tragó saliva, explotó, semen caliente llenándome la garganta.

Me recosté a su lado, piel pegajosa, corazón calmado. Él jadeaba, mirada rendida. ‘Eres… una diosa’, murmuró. Sonreí, poder puro en mis venas. Mis hermanas aplaudieron bajito. Lo había conquistado. Su polla fue mía, su voluntad mía. Adrenalina de la caza, placer de la victoria. Me sentía invencible, coño satisfecho, alma en llamas. Él se fue al final, con oro y promesa de volver. Pero yo gané esa batalla.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top