Tomé el Control en el Loft Rojo: Mi Conquista Sexual con la Novata

Estaba en ese loft sin ventanas, ampoules rojas pintadas como en un labo foto. Domingo, o lunes, quién sabe. El aire cargado de humo, sudor y notas de guitarra. Louis en su nevera oxidada, repitiendo ‘es mi mujer y es mi vida’, hipnótico. Moe martilleaba la batería, John rasgaba el violín electrificado. Y las chicas, orbitando alrededor de Louis como moscas.

Entró ella. Turquesa, la llamé yo. Ojos azules pálidos enormes, cara de ratoncita del Midwest, vestido floreado bajo un suéter gordo, medias amarillas. Adolescente, fresca, aterrorizada pero curiosa. La vi y supe: esta es mía. No para Louis, no para nadie. Yo, la española que trafica pastillas, la dura que no pide permiso. Mi corazón latió fuerte. ‘Ven aquí, preciosa’, pensé. La tensión me subió por la piel, calor entre las piernas.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Ella Será Mía

Me acerqué, sonriendo. ‘¿Primera vez? Toma, esto te relaja’. Le metí una pastilla rosa en la lengua. Sus labios finos temblaron. ‘Si pudiera hacer el mundo tan puro como te veo…’, le susurré, robado de Louis pero mío ahora. Ella parpadeó, ojos dilatándose. Moe empezó a tocar, el caos estalló. Louis la miró, gruñó ‘¿quién es la cría?’. Pero yo ya la tenía. ‘Ven, salgamos, esto es mucho’. La cogí del brazo, piel suave, tibia. Afuera, bajo un farol borroso en Brooklyn, le ofrecí un cigarro. ‘No fumo’, dijo, voz temblorosa. ‘¿Qué fue eso?’, preguntó, ojos como platos.

‘Rock de Nueva York, nena. Pero yo te enseño más’. Mentí: artista conceptual, amiga de Andy. La abracé, hombro contra el mío. Lloraba, pastilla haciendo efecto. ‘No pertenezco aquí, soy una paleta sin pasta’. ‘Shh, vienes conmigo. Mi cama es tuya’. Otra pastilla morada entre sus labios. Caminamos a mi cuchitril, mi brazo firme. Ella, mía ya. Decidí las reglas: yo mando, tú gozas.

En mi habitación mugrienta, luces bajas, Ornette Coleman sonando suave. Pastilla amarilla para ella. Se dilató, sonrió. Toqué su muslo, bajo la falda. Tembló, pero no se apartó. ‘Nena, me vuelves loca’, le murmuré al oído. La besé, lengua dentro, saboreando su inocencia. Manos en sus tetas perfectas, cónicas, duras. Las pellizqué, gemidos suaves. ‘Quítate todo’, ordené. Obedeció, cuerpo nuevo, rubia entre piernas fresca como hierba.

El Acto Brutal: Dirigí Cada Empuje y Gemido

La tiré en la cama. ‘Abre las piernas’. Coño rosado, húmedo ya. Lamí despacio, clítoris hinchándose. ‘¡Oh Dios!’, gritó. Dos dedos dentro, curvados, frotando. Se arqueó. ‘Más, por favor’. Yo dirigía. ‘Ahora chúpame’. Me subí a su cara, coño en su boca. Lengua torpe al principio, aprendiendo. Gemí fuerte, ‘sí, así, joder’. Pastilla amarilla para mí, para aguantar. La puse a cuatro, polla no, pero mis dedos y lengua eran mi verga. Entré tres dedos, bombeando duro. ‘¡Fóllame más!’, suplicó. La volteé, piernas en hombros, lengua en coño mientras pellizcaba pezones.

La monté como amazona, frotando mi coño contra el suyo, clítoris chocando, jugos mezclados. Sudor, olor a sexo crudo. Ella gritaba, ‘¡me corro, no pares!’. Corrió tres veces, cuerpo convulsionando. Yo al final, orgasmo brutal, gritando ‘¡mía, toda mía!’. Nos corrimos juntas, temblando.

Después, jadeantes, ella en mis brazos. ‘Fue… increíble. Pero pecado’, murmuró, ojos azules fijos en mí. Sonreí, poder puro en venas. La había conquistado, doblegado. Louis, el loft, todo olvidado. Yo mandé, ella suplicó. Adrenalina de la caza, placer de la victoria. Mañana más, pero esta noche, soy diosa. Ella, mi trofeo. Satisfecha, fuerte, lista para más.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top