Domingo, 9 de julio. Aparqué mi furgo en el camping de l’Espiguette, Grau du Roi. Dos semanas libres, playa, sol, Mediterráneo. Instalé el toldo, la mesa, mi hamaca. Solo visible para los vecinos de enfrente. Linge secando, señal de un tío y una tía. Extremo del camping, lleno a reventar.
Mañana temprana, salí a correr. Desnuda bajo short ligero y camiseta. A los 42, cuerpo seco, musculoso, tetas firmes de tanto deporte. Volví a las 9, sudada, hambrienta. Me quité todo en la puerta del van, busqué toalla para las duchas. ‘¡Hola Lola! ¿Buena carrera?’, voz de él. Me giré, short en mano cubriendo mi coño rasurado. Thomas, mi vecino, 40 años, bajito pero atlético, bronceado.
La Mirada que Decidí Era Mía
‘Buenos días… sí, genial’, dije, notando su mirada en mis tetas. Vestía solo una toalla fina, mi cuerpo aún caliente. Él sonrió, ojos clavados. ‘Dúchate en las azules, agua caliente’. Su paquete marcaba bajo la toalla. Sentí el pulso. Este sería mío. Decidí ahí: lo seduciría, lo controlaría. ‘Ven después a la playa, tras el faro. Te espero’, le lancé, voz segura, sin pedir permiso.
En la playa nudista, dunes tranquilas. Los vi: Thomas solo, extendiendo toalla. Me acerqué desnuda, crema en mano. ‘Quítate el short, acuéstate boca abajo’. Obedeció, polla semi-dura asomando. Le unté crema en la espalda, lento, rozando sus nalgas. ‘Ahora, date la vuelta. Quiero verte entero’. Dudó un segundo. ‘Hazlo’, ordené, firme. Se giró, polla creciendo bajo mi mirada.
La tensión subía. Mis tetas rozaban su piel, mi coño húmedo cerca de su cara. ‘Tócate para mí, despacio’. Él agarró su verga, empezó a pajearse. Yo me senté a horcajadas sobre sus muslos, frotando mi clítoris en su pierna. ‘Más lento, cabrón. Esto lo controlo yo’.
Llegó una pareja, Magali y Cyril, 30 años, cuerpos sexys. Se pararon, pillados. ‘Sentaos aquí’, dije yo, sin pestañear. ‘Mirad, pero no toquéis sin mi permiso’. Magali sonrió, Cyril polla tiesa. Thomas jadeaba bajo mí.
Follada Brutal Bajo Mis Órdenes
Le subí encima, su polla dura contra mi entrada. ‘No te corras hasta que yo diga’. Me empalé despacio, coño apretado tragándosela entera. ‘¡Joder, qué prieta!’, gimió él. Cabalgué fuerte, tetas botando, clítoris rozando su pubis. ‘Cállate y fóllame como te ordeno’. Mis caderas dictaban ritmo, rápido, hondo. Sudor mezclado, olor a sexo crudo.
Agarré sus huevos, apreté. ‘Ahora, chúpame las tetas’. Obedeció, lengua en mis pezones duros. Magali se tocaba viéndonos, Cyril pajeándose. ‘Tú, Cyril, mételes los dedos a tu puta’, mandé. Alain… espera, no, Cyril obedeció. El aire cargado de gemidos, pollas palpitando, coños chorreando.
Cambié posición: ‘A cuatro, Thomas. Voy a follarte el culo con mi mano’. Le metí un dedo untado de crema en el ojete, mientras su polla me la metía yo de nuevo. ‘¡Más fuerte!’, grité, orgasmos mineando. Él temblaba, al límite. ‘¡No corras, hostia!’.
Magali se acercó, yo la paré: ‘Lame mi clítoris mientras él me folla’. Lengua experta, Cyril pajeando. Thomas empujaba salvaje, yo dirigía: ‘Para… ahora sí, córrete dentro’. Su leche caliente me llenó, polla pulsando. Yo exploté, coño contrayéndose, chorros mojando todo.
Me aparté, semen goteando de mi raja. Thomas jadeante, roto. Magali y Cyril corrieron también bajo mis órdenes. Me levanté, poderosa. Lo miré: ‘Buen chico. Mañana más’. Sentí el rush, él mío total. Poder puro, coño satisfecho. Vacaciones prometedoras.