Estaba volviendo del mobil-home, mi polla aún dura como una piedra después de lo de Yann. La noche caía en el camping, el aire salado me erizaba la piel. La vi de lejos: Clarisse, esa morena preciosa de veinte años, deambulando cerca del bar. Sus ojos buscándome, nerviosa, mordiéndose el labio. Sus amigas se habían ido, estaba sola. Sonreí para mí. Esta noche, ella sería mía. Totalmente.
Me acerqué despacio, mis caderas balanceándose, mi short vaquero apretado marcando todo lo que escondía. ‘¿Buscándome?’, le dije con voz ronca, mirándola de arriba abajo. Ella se sonrojó, tartamudeó: ‘S-sí, Julie… pensé que…’. La interrumpí, agarrándole la mano. ‘Ven conmigo. Ahora’. No preguntó. La tensión subía, sentía su pulso acelerado. La llevé a un rincón oscuro, entre caravanas. ‘Quítate la ropa. Despacio’, ordené. Dudó un segundo, pero obedeció. Su vestido ligero cayó, revelando tetas firmes, coño ya húmedo. Mi verga palpitaba. ‘De rodillas’, susurré. Se arrodilló, ojos brillantes de deseo y miedo. ‘Vas a hacer lo que yo diga. ¿Entendido?’. Asintió, ‘Sí… lo que quieras’. Perfecto. La tenía.
La Tensión que Me Hizo Decidir
La besé fuerte, lengua invadiendo su boca, manos en sus tetas, pellizcando pezones duros. Gemí contra sus labios: ‘Chúpamela’. Bajé el short, mi polla gruesa saltó libre, venosa, goteando precum. Sus ojos se abrieron: ‘Dios, es enorme…’. La empujé contra ella. ‘Abre la boca, puta’. La engulló, torpe al principio, pero yo guié su cabeza, follando su garganta profunda. ‘Así, traga todo. Buena chica’. Tosió, saliva chorreando, pero no paré. La puse a cuatro patas en la arena fría. ‘Abre las piernas. Quiero tu coño chorreando’. Metí dos dedos, estaba empapada. ‘Estás lista para mí’. La penetré de un golpe, mi polla abriéndole el coño hasta el fondo. Gritó: ‘¡Ahh, me partes!’. Embestí fuerte, cacheteando sus nalgas. ‘Cállate y agárrate. Esto es mío’. Cambié posición: la monté encima, cabalgándola yo, controlando el ritmo. Sus tetas rebotaban, gemía como loca. ‘Tócate el clítoris. Quiero verte correrte’. Obedeció, temblando. La volteé, levrette brutal, tirando de su pelo. ‘Dime que soy tu dueña’. ‘¡Sí, joder, fóllame más!’. Mi verga la destrozaba, bolas golpeando su culo. La saqué, la puse boca arriba, piernas en hombros, aporreando profundo. ‘Mira cómo te follo’. Eyaculé dentro, chorros calientes llenándola, ella convulsionó en orgasmo, uñas en mi espalda.
Me retiré despacio, mi polla brillando con sus jugos. Ella jadeaba, cuerpo tembloroso, coño goteando mi leche. ‘Levántate. Limpia’. Lamio mi verga limpia, sumisa. Sonreí, sintiendo el poder puro. La había conquistado, dirigido cada embestida, cada gemido. Era mía, sucumbió total. ‘Vuelve mañana si quieres más’. Se fue tambaleando, yo me subí el short, satisfecha. Esa adrenalina, ver su rendición… adictivo. Nadie me para.