Era el 21 de julio, las ocho y pico de la mañana. La uni abría sus puertas para los cursos de verano. Yo, Dulce, la enfermera nueva, entraba al anfiteatro con mi bata blanca ajustada, esa que marca curvas. Las chicas me miraban, algunas con morbo, otras con envidia. Pero mis ojos se clavaron en ella: Candela, veintipocos, tetas firmes asomando por el top, culo redondo en esa falda corta. Dormitaba en el fondo, labios entreabiertos. Umm, pensé, esta va a ser mía hoy.
El profe me presentó para las revisiones médicas. Protestas, risas. Yo sonreí, coqueta, y me fui meneando el culo. Sabía que me seguían con la vista. Llamé a las primeras, pero dejé a Candela para el final. Quería que ardiera de anticipación. A las diez, la desperté: ‘Candela, a la enfermería. No sueñes más’. Se sonrojó, se levantó torpe. Perfecto.
La Mirada que Enciende Todo
Llegó a la sala de espera. Le dije: ‘Quítate la ropa, ponte en bragas y sujetador. Espera’. Se mordió el labio, obedeció rápido. Veinte minutos después, sudando, medio desnuda, con las tetas hinchadas por el calor. Entró. Yo ya sin bata, en vestidito blanco ceñido, sin sujetador. Sus ojos se abrieron. ‘Siéntate’, ordené. Hojeé su ficha, pero la miré fijo. ‘Última revisión hace dos años. Bien. Levántate, midámonos’.
La toqué las hombros, piel suave, caliente. La pesé, orejas, garganta. Estetoscopio en su pecho: metal frío, pezón duro al instante. Mi mano se coló bajo el sujetador. ‘Respira hondo’. Se le erizó todo. La giré, admiré su cambrura. ‘Qué culo tan perfecto’, murmuré. Se estremeció.
‘Quítate el sujetador. Revisión de espalda y mamas’. Tetas al aire, grandes, oscuros pezones tiesos. La rodeé, pulgar por su nuque hasta el tanga. ‘Inclínate, toca los pies’. Se abrió sola. ‘Quítate las bragas. A la camilla’. Dudó un segundo. ‘Obedece’. Desnuda, piernas temblando.
Palpé sus tetas: las amasé, pellizqué pezones. ‘Resplandecientes’. ‘Abre piernas, rodillas arriba’. Su coño depilado, labios hinchados, húmedo ya. Guantes lubricados. Dos dedos abrieron, rozaron clítoris. ‘Hmm, estrecha’. Entré lento, vaivén. Gime bajito. Aceleré, la follé con dedos. Primera corrida: se arqueó, chorreó jugos.
Placer Bajo Mis Órdenes
‘No anomalías, pero comprobemos’. Seguí masajeando clítoris, otro orgasmo la sacudió. ‘Ahora, tacto rectal’. Lubriqué dedo, masajeé ano. ‘Levanta nalgas’. Entró fácil, resbaloso. Bombeé, fuerte. ‘¿Todo bien?’. Asintió, jadeando. Se corrió analmente, gritó mi nombre.
Me quité el vestido. Solo tanga. Tetas libres, enormes. ‘Chúpamelas’. Me subí a la camilla, obuses en su cara. Boca hambrienta, lengua en pezones, mordiscos. Tres dedos en su coño, la hice explotar otra vez. ‘Ahora, a mí’. Bajé, coño en su boca. Lamía desesperada, dedos en mi culo. La guie: ‘Más lengua en el clítoris, puta’. Me corrí fuerte, empapándola.
La puse a cuatro, seguí follando su ano con dos dedos, mano en clítoris. ‘No pares’. La dominé total, posiciones mías: ella encima lamiendo, yo sentada en su cara. Gemidos, sudores, jugos por todos lados. La hice rogar: ‘Dime que soy tu dueña’. ‘Sí, Dulce, fóllame más’.
Al final, exhaustas. La besé posesiva. ‘Has sido perfecta, mi putita’. Me vestí, sonriente. Ella temblaba, satisfecha. Salí primera, culo al aire. Sabía que la había conquistado. Poder total, mi coño latiendo aún. Esa alumna es mía cuando quiera. Adrenalina pura, control absoluto. Uff, qué rush.