Acabo de volver de Niza, amiga. Estaba allí por un ballet moderno, invitada por Laura, la profe de baile que conocí antes. Sus alumnas casi desnudas, pechos al aire, collants carne que marcaban todo. Vi sus coños a través de la tela, algunos con pelitos rebeldes. Me excitó, pero no tanto como Laura. Ella me invitó a quedarme, sabiendo mis gustos. ‘Quítate la braga ya’, me susurró riendo. La hice delante de ella, sin culotte el resto del día.
Al final del cóctel, fuimos a su pisito cerca de la estación. Pequeño, cama de 120. ‘¿Te molesta dormir desnuda?’, dijo con sonrisa pícara. Yo, ya decidida. Esta noche sería mía. La miré fijo. ‘No, pero tú te desnudas primero. Despacio. Quiero verte toda’. Se sonrojó un poco. ‘Eh… vale’. Se quitó la falda, el tanga rosa. Su coño lampiño, labios finos, clítoris grande asomando. Largo, como un mini polla. Me relamí.
La Decisión de Hacerla Mía
Me puse en el centro de la cama. ‘Ven aquí, entre mis piernas. Ábreme y mírame bien’. Dudó. ‘¿Puedo tocar?’. ‘Sí, pero como yo diga. Despliega mis labios, mira mi clítoris’. Lo hizo temblando. Sus dedos suaves en mi chocho húmedo. Yo gemí bajito. ‘Bien, ahora a mí’. La abrí como una flor. Sus pétalos hinchados, jugo chorreando. Masajeé su clítoris con dos dedos en V. ‘¡Ay! ¿Te gusta?’. ‘Es precioso, pero no tan largo como para que te complexes. Es mío ahora’.
La tensión subía. Sus ojos suplicantes. Yo mandaba. ‘No te corras aún. Espera mi orden’. La besé el cuello, tetas firmes. Ella jadeaba. Decidí: esta profe liberada caería rendida.
La tiré boca arriba. ‘Abre las piernas ancho. Voy a chuparte hasta que grites’. Bajé la boca a su coño. Lamí su clítoris hinchado, succioné fuerte. ‘¡Dios, Chantal…!’. ‘Llámame ama esta noche’. Metí dos dedos, curvados en su punto G. Follarla duro, ritmo mío. Ella se arqueaba. ‘¡Más!’. ‘Cállate y obedece’. La giré a cuatro patas. Azoté su culo redondo. ‘Empuja contra mi lengua’. Lamí su ano, luego coño otra vez. Sudor, olor a hembra excitada. Mi lengua dentro, dedos en clítoris. ‘¡Me corro!’. ‘No, aguanta’.
El Placer Bajo Mis Órdenes
La puse encima. ‘Cabalga mi mano. Quiero verte rebotar’. Tres dedos en su coño chorreante, pulgar en clítoris. Sus tetas saltando, gemidos roncos. ‘¡Por favor, déjame!’. ‘Ahora sí. Correte fuerte’. Explotó, squirteando en mi mano. Yo no paré, la ordeñé hasta el final. Luego, mi turno. ‘Lame mi coño como una perra buena’. Se lanzó, torpe al principio. La guié: ‘Más lengua en el clítoris, chupa’. Me corrí en su boca, piernas temblando.
Después, ducha juntas. La abracé, besos suaves. ‘Has sido perfecta’. Ella: ‘Nunca así…’. Ayudé con los collants de sus alumnas. Por la mañana, una alumna, María, con pelusa. Laura me pidió: ‘Rásala tú’. Lo hice, maternal pero firme. ‘Abre, déjame ver’. Su coño virgen, labios carnosos. La unté crema, masajeé rozando. Se mojó. ‘Normal, chiquilla’. No más, pero supe que la marqué.
Regresé satisfecha. Tomé lo que quise: su coño, su sumisión. Poder total, adrenalina pura. Volveré. ¿Qué dices tú?