Tomé el Control: Mi Conquista Sexual con Mi Marido Neerlandés

Esta mañana me despierto con él mirándome las tetas. Mi holandés, alto, rubio, con ese acento que aún me pone. Vive obsesionado con mis pechos desde que nos conocimos aquí, en el sur de Francia. Yo, española de pura cepa, llegué de vacaciones hace años, como él. Paf, nos cruzamos y adiós planes. Él dejó su carrera en Holanda por mí. Yo, que viví un tiempo en los Países Bajos, sé lo reservados que son. Pero conmigo… bueno, conmigo se desata.

Se incorpora, intenta besarlas. ‘Goedemorgen, schat’, murmura. Yo sonrío, pero hoy no. Hoy mando yo. Le aparto la mano suave. ‘Espera, amor. Hoy vas a desearme todo el día’. Sus ojos se abren. Le beso rápido y lo empujo fuera de la cama. ‘Al trabajo. Y no toques tu polla pensando en mis tetas’. Se ríe nervioso. ‘¿Qué tramabas, Sofia?’. ‘Ya verás’. Mientras desayuna, le mando un WhatsApp: ‘Piensa en mis pezones duros. Pero no te corras’. Él responde: ‘Joder, me matas’.

La Tensión que Me Hizo Decidir

En el curro, sé que está tarado. Le llega una reunión aburrida, pero su móvil vibra. Yo: ‘¿Cuánto mide tu verga ahora? Mándame foto’. Me envía una, tiesa bajo el escritorio. Río. ‘Buen chico. Compra nata para esta noche. Y condones. Voy a follarte como quiero’. Silencio. Luego: ‘Geen probleem’. Recuerdo cuando viví en Ámsterdam, lo directos que son, pero yo les enseño a rogar. Al mediodía, con las niñas en la escuela, le pincho: ‘Mis tetas flotan en el bikini de la piscina. Ven a lamerlas’. ‘No puedo, schat’. ‘Pues sufre’. La tensión sube. Él manda: ‘Te necesito’. Yo: ‘Esta noche, en mi cama, harás lo que diga. Reglas: yo arriba, tú chupas hasta que grite’.

Los niños duermen. Entramos en la habitación. Él trae la nata, jadeante. Yo me quito el camisón despacio. Mis tetas pesadas, pezones erectos. ‘Míralas. Son tuyas… si obedeces’. Se lanza, pero lo paro. ‘Arrodíllate’. Obedece. Agarro la lata, rocío nata en mis pechos. ‘Chupa. Limpia todo’. Su lengua caliente, áspera, lame el dulce frío. Gimo bajito. ‘Más fuerte, cabrón’. Sabe a vainilla y piel sudada. Le empujo la cabeza. ‘Ahora mi coño’. Me abro de piernas en la cama. Huele a excitación. Él bucea, lengua en mi clítoris hinchado. ‘Así, gira… joder, sí’. Le agarro el pelo rubio, lo guío. ‘No pares o te ato’.

El Acto Brutal Bajo Mi Mando

Lo empujo boca arriba. ‘Mi turno’. Monto su polla dura, gorda, venosa. La meto despacio, sintiendo cada vena estirar mi coño mojado. ‘Mira cómo te trago’. Subo y bajo, tetas rebotando. Él gime: ‘Sofia… por favor’. ‘Cállate. Agárrame las caderas’. Le clavo las uñas. Cambio: de espaldas, lo cabalgo salvaje. ‘¡Fóllame el culo con los dedos!’. Introduce dos, resbalosos. Grito, orgasmo me sacude, coño apretando su verga. ‘No corras aún’. Lo giro a cuatro, yo detrás con un dedo en su ano. ‘Ahora métemela profunda’. Embiste, yo mando el ritmo: ‘Más lento… ¡ahora rápido!’. Siento su polla palpitar.

‘¡Córrete dentro!’. Explota, chorros calientes llenándome. Me derrumbo sobre él, sudados, pegajosos. Su semen gotea de mi coño. Le beso el cuello salado. ‘Lo has hecho bien, mi holandés’. Él jadea: ‘Eres una diosa dominante’. Sonrío, poder puro en mis venas. Tengo exactamente lo que quería: él rendido, yo reina. Mañana, quizás otra conquista. Pero esta noche, soy invencible. Sus tetas… no, mis tetas lo vuelven loco. Y yo controlo el fuego.

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