Cómo tomé el control y follé a mi paciente exhibitionista

Hoy os cuento lo que me pasó hace dos días con ese viejo de Michaux. Eh… ya sabéis, el que siempre está con el culo al aire en la ventana. Aparqué la furgo, subí las escaleras… y ahí estaba, pantalones abajo, fosas blancas brillando bajo la luz. Entré sin llamar fuerte. ‘¡Señor Michaux!’, grité. Silencio. Me acerqué, olía a sudor viejo y tabaco rancio. Su piel áspera, venas marcadas en las nalgas. Siempre me ponía nerviosa al principio, pero esta vez… no. Decidí que hoy mandaba yo.

Me planté detrás, le puse las manos en las caderas. Firmes, duras. ‘¿Qué coño haces?’, murmuró sin girarse. Sonreí. ‘Hoy no picas solo, cabrón. Te vas a girar y me vas a mirar’. Dudó, eh… sentí su culo tensarse. Le di una nalgada, no fuerte, pero que sonó. ‘¡Gírate ya o me voy y te quedas sin medicación!’. Se movió lento, como un toro herido. Ahí estaba su polla, floja aún, colgando entre pelos grises. Ojos bajos, pero yo vi el brillo. ‘Mírame’, ordené. Levantó la vista, cara arrugada, barba de tres días. ‘Buena chica… no, buen chico. Ahora, siéntate en la mesa’. Obedeció, polla meneándose. La tensión subía, mi coño ya húmedo bajo la falda. Le dicté: ‘No toques nada. Yo decido cuándo y cómo’. Su respiración pesada, pezones duros. Yo mandaba.

La conquista del control

Le abrí la bata blanca despacio, dejando ver mis tetas grandes, pezones oscuros tiesos. ‘Mira lo que te doy’. Se le endureció la polla al instante, venas hinchadas, cabeza roja asomando. Me acerqué, la cogí con la mano, piel caliente, pulsando. ‘Chúpame primero’, le dije, subiéndome la falda. Mi coño depilado, labios hinchados, jugos brillando. Se arrodilló torpe, lengua áspera lamiendo mi clítoris. ‘Más fuerte, joder… así’. Gemí, agarrándole el pelo canoso, empujando su cara contra mí. Olía a mi excitación, salado. Lo noté jadear, polla goteando precum.

El clímax brutal y mi dominio total

Lo tiré al sofá, viejo y raído. ‘Abre las piernas’. Me subí encima, frotando mi coño en su polla dura como piedra. ‘Te voy a follar yo’. Bajé despacio, tragándomela entera. ¡Joder, qué gruesa! Llenándome, rozando mi punto G. Empecé a cabalgar, tetas botando, sudor perlando mi piel. ‘¡No te corras aún, resiste!’. Él gruñía, manos queriendo tocarme. ‘¡Quieto!’. Le pellizqué los huevos, pesados y arrugados. Cambié, de espaldas, culo en su cara. ‘Lame mi ano mientras te follo’. Su lengua entró, húmeda, mientras yo rebotaba fuerte, polla entrando y saliendo con chasquidos. Me corrí primero, coño apretando su verga, jugos chorreando por sus bolas. ‘Ahora tú, dentro’. Aceleré, salvaje, hasta que explotó, leche caliente llenándome, gritando mi nombre.

Me bajé, polla flácida chorreando semen y mis jugos. Él jadeaba, mirada perdida, cuerpo temblando. Me limpié con su camiseta, sonriendo. ‘Limpia el desastre, y la próxima vez, desnudo desde que oigas la furgo’. Se levantó tambaleante, obediente. Salí con el coño palpitando aún, piernas flojas pero alma en llamas. Poder total. Lo había conquistado, lo había hecho mío. Esa adrenalina… joder, no hay nada igual. Él sucumbió a mis reglas, y yo obtuve todo: su sumisión, su corrida dentro de mí. Me siento invencible.

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