Acabo de volver de la playa, ¿sabes? Esa de aquí cerca, la que está medio naturista, medio textil. Estaba con mi tipo, pero vi a ese chaval. Veinte años, quizás, alto, con el cuerpo marcado por el sol. Sus ojos se clavaban en mis tetas desnudas mientras me untaba crema. Me excité al instante. El calor, el sudor salado en la piel… Mmm. Decidí que sería mío. ‘Espera aquí’, le susurré a mi amor. Él sonrió, sabe que me pongo salvaje.
Me levanté despacio, sin bikini abajo, solo la falda corta ondeando con la brisa. Caminé hacia ellos, el grupo de jóvenes. Él estaba sentado, polla medio tiesa bajo el bañador. ‘Hola guapo’, le dije directa, mirándole a los ojos. ‘Te he visto mirándome el coño. ¿Quieres verlo de cerca?’. Se quedó tieso, boquiabierto. Sus amigos rieron nerviosos. ‘Venga, síguelo’, me dijo uno. Pero yo ya lo tenía enganchado. Le agarré la mano, piel caliente, sudorosa. ‘Ven conmigo, pero yo mando, ¿eh? Nada de tonterías’. Él asintió, ehm… tragando saliva. La tensión subía, mi clítoris palpitaba. Lo llevé detrás de unas dunas, arena caliente bajo los pies, olor a mar y sexo flotando.
La conquista: decido que es mío
Allí, le empujé contra una roca. ‘Quítate todo’, ordené. Temblando, se bajó el bañador. Su polla saltó, dura como piedra, venosa, goteando ya. ‘Joder, qué rica’, murmuré. Me arrodillé, arena pinchando las rodillas, y la embuché. Chupé fuerte, lengua girando en el glande, saliva chorreando. ‘Mmm… así, cabrón, pero no corras todavía’. Él gemía, ‘Por favor…’. Le apreté las bolas, suaves y llenas. Me mojé el coño tocándome, labios hinchados, jugos bajando por los muslos. Me levanté, me quité la falda. ‘Ahora fóllame, pero como yo diga’. Le giré, a cuatro patas yo no, él. No. ‘Tú a cuatro, yo te monto’.
Me senté en su cara primero. ‘Lámeme el coño, lame bien el clítoris’. Su lengua torpe al principio, pero aprendió rápido. La metía dentro, chupaba mis labios lampiños, yo restregaba mi coño en su boca, ahogándolo en mis jugos. ‘¡Más fuerte, joder!’. Jadeaba yo, tetas rebotando. Luego, ‘Ahora la polla’. Me puse encima, despacio, su punta abriendo mi coño empapado. ‘Mira cómo te trago’. Bajé de golpe, hasta el fondo, su polla llenándome, rozando el cervix. ‘¡Ahhh!’. Subí y bajé, yo marcando el ritmo, rápido, lento, apretando con mi coño. Él suplicaba, ‘Me corro…’. ‘¡No! Aguanta’. Le clavé las uñas en el pecho, giré caderas, follándolo desde arriba. Cambié: ‘De lado’. Le monté de lado, una pierna arriba, embistiéndome yo misma. Su polla palpitaba dentro, mis paredes ordeñándola. ‘¡Fóllame el culo con los dedos!’. Metió uno, luego dos, lubricados con mi coño. Doble penetración casera, yo gritando, ‘¡Sí, cabrón, así!’. Orgasme me pilló fuerte, coño contrayéndose, chorros mojándolo todo.
El polvo brutal: yo mando en cada posición
No paré. ‘Ahora tú empuja, pero despacio’. Se movió, obediente, yo guiando sus caderas. ‘Más hondo, joder, rómpeme’. Sudor mezclado, arena pegada, su aliento en mi cuello. Le mordí el hombro. Otro orgasmo mío, temblando. ‘Ahora córrete, lléname la concha’. Explotó, leche caliente inundándome, chorro tras chorro, hasta desbordar por mis muslos. Se desplomó, exhausto, polla flácida saliendo chorreando.
Me levanté, coño goteando su semen, sonrisa triunfal. ‘Ha sido bueno, chaval. Pero yo mandé’. Él murmuró un ‘Gracias…’, rendido. Volví con mi tipo, piernas flojas, poder corriendo por mis venas. Esa sensación de haberlo conquistado, de dictar cada gemido… Uff, me hace mojar solo recordarlo. Soy así, fuerte, dueña de mis deseos. Y él sucumbió total.