Me llamo Carla, tengo 29 años, casada hace cuatro con mi marido. Pero últimamente… nada. Ni un roce. Dice que mis tetas han caído después de los dos embarazos, que mi culo es demasiado grande. Me siento como una vaca. Hablo con mis amigas, Laura y las otras, y ellas no aguantan verme así. ‘Necesitas sexo, Carla’, me dicen. Organizan una noche de chicas: cinco tías, cócteles en casa de una y luego discoteca.
Bebo más de la cuenta en el aperitivo. Hace meses que no salgo. Me pongo cachonda solo de pensarlo. Vamos a la disco. Bailamos pegadas, para que no se cuele ningún tío. Calor, sudor, alcohol. Termino frotándome contra Laura. Sus tetas contra las mías. Duras. Se nota. Mi sujetador no disimula mis pezones tiesos. Pero sigo. Me encanta.
La tensión que me hizo decidir: ella sería mía
Salimos pedo perdido, caminando. Me voy con Laura, vivo lejos. Llegamos a su piso. ‘Otro trago’, dice. Pone música suave. Bailamos lentas. Muy pegadas. Sus manos en mi culo. Las mías en su espalda. Siento… algo. Sus pezones, puntiagudos, contra mí. ¿Sin sujetador? Antes lo tenía. Y bajo sus leggings… nada. Deslizo la mano. ‘¿Sin bragas?’, le pregunto. Me mira con ojos de puta en celo. ‘Me las quité en el baño. Y no solo eso…’
Ahí lo decido. Esta noche mando yo. La quiero a ella. Toda. La agarro de la cara. ‘Vas a ser mía, Laura. No preguntes. Obedece’. La beso fuerte, lengua dentro, mordiendo su labio. Gime. ‘Sí, Carla…’. Le quito la blusa. Tetas perfectas, firmes, pezones rosados como caramelos duros. Las mías, pesadas, rebotan. Pero no importa. Soy yo quien controla. ‘Quítate todo’, ordeno. Se baja los leggings. Coño depilado, ya mojado, labios hinchados. La empujo al sofá. ‘Manos arriba’. Saco su bufanda del perchero. Se las ato fuerte a la espalda del sofá. ‘Ahora, mírame. Vas a suplicar cuando te folle’.
Le chupo las tetas. Mordisco suave en el pezón. Gime bajito. ‘Más…’. Bajo la mano. Dedos en su coño. Húmedo, caliente. Meto uno. Aprieta. ‘Joder, Carla…’. Dos dedos. La follo despacio. Clítoris hinchado, lo froto con el pulgar. Se retuerce. ‘No corras aún, puta’. Me desnudo. Mi coño peludo roza su muslo. Mojado hasta las rodillas. La beso el cuello. Sudor salado. Olor a hembra.
El sexo brutal donde mandé yo y la hice gritar
La desato un poco. ‘Al lío’. La tumbo en la alfombra. Piernas abiertas. Me siento en su cara. ‘Lámeme el coño’. Lengua dentro. Chupa mi clítoris. Gimo fuerte. ‘Bien, así’. La follo con los dedos mientras ella me come. Cambio. Me pongo entre sus piernas. Tribbing puro. Coño contra coño. Clits chocando. Resbaladizo, sudor. ‘¡Fóllame más duro!’, grita. Acelero. Sus jugos en mi muslo. La penetro con tres dedos. Curvo. Punto G. ‘¡Me corro!’. Sale chorro. Me moja toda. La lamo. Sabor dulce, ácido. La hago correrme otra vez con la lengua. Bordes del clítoris, suave, luego chupón fuerte. Piernas tiemblan. Grita mi nombre.
Yo monto su cara de nuevo. Me corro frotándome. Orgasmos en cadena. La ato otra vez. Juego con sus pies en mi coño. Dedos de pies mojados. Todo vale. La domino total. Horas. Cansadas, sudadas.
Al final, la desato. Nos abrazamos. Sudor pegajoso. ‘Eres increíble, Carla’, susurra. Sonrío. Me siento poderosa. Di exactamente lo que quería: su rendición total. Su coño mío. Sus gritos míos. Caminé a casa al amanecer, piernas flojas, pero invencible. Mi marido que le den. Yo mando en mi placer.