Hacía meses que veía a Antoine en la piscina. Ese francés alto, musculoso, siempre nadando solo. Eh… lo pillaba mirándome las tetas y el culo cuando salía del agua. Mi marido Marc charlaba con él en las duchas, contándome después sus rollos de pareja aburrida. Yo, Sofia, española de pura cepa, avogada con curvas que matan, decidí que era hora. ‘Marc, invita a ese tío a casa después de la sesión’, le dije una noche, mordiéndome el labio. Él sonrió, sabía que yo mandaba en la cama.
Esa noche, último en la piscina. Salen juntos, duchas… Marc le suelta la bomba: ‘Ven a casa, Sonia quiere conocerte mejor’. Lo vi nervioso en sus ojos cuando llegó. Le abrí la puerta con mi vestido negro ajustado, sin braga, collants hasta medio muslo. ‘Pasa, guapo’, le dije, rozándole el brazo. Olía a cloro y hombre sudado, me puso cachonda al instante. Nos sentamos, Marc sirviendo copas. Yo crucé las piernas, subiendo la falda un poco. ‘Marc dice que estás casado… pero aburrido, ¿eh?’, le solté, mirándolo fijo. Él balbuceó: ‘Ehh… sí, mi mujer no es como tú’. Sonreí. Marc se ‘fue’ a hacer una llamada. Me levanté, puse música flamenca suave. ‘Baila conmigo’. Sus manos en mis caderas… sentí su polla endurecerse contra mí. ‘Vas a ser mío esta noche, Antoine. Yo decido cómo y cuándo follamos. ¿Entendido?’, le susurré al oído, apretando mi culo contra su paquete duro. Él gimió un ‘sí…’. Ya era mío.
La Decisión de Conquistarlo
Lo giré, besé su cuello salado. Mis manos bajaron a sus nalgas firmes. ‘Quítate la camisa’, ordené. Obedeció temblando. Marc volvió, nos vio. Sonrió y me quitó el vestido. Mi lencería blanca, transparante, tetas grandes al aire. Antoine se arrodilló solo, besó mis culos redondos, lamió la piel. ‘Buen chico. Ahora come mi coño’. Me senté en la mesa, abrí piernas. Deslicé la tanga, mi chochito depilado mojado brillaba. Su lengua entró tímida… ‘Más fuerte, joder, chúpame el clítoris como si fuera tu vida’. Gemí cuando lo succionó frenético, dedo en mi ano apretado. Marc se sacó la polla, yo la mamé mientras Antoine me follaba con la lengua. ‘Ahora fóllame en el sofá’, mandé. Me tiré, piernas abiertas. Él sacó su verga gorda, venosa. La guié dentro: ‘¡Ahhh! Sí, métela toda, cabrón’. Marc me besaba, yo le ordeñaba la polla. Puse piernas de Antoine en mis hombros, clavándolo hondo. ‘¡Más rápido! Clávame esa polla hasta el fondo’. Mis tetas rebotaban, couilles golpeaban mi culo. Metí dedo en su ano a él, lo volví loco. ‘¡Córrete dentro, lléname el coño!’. Gritó, eyaculó caliente, chorros espesos.
Pero yo quería más. Lo aparté, a cuatro patas para Marc: ‘Fóllame el coño mientras él mira’. Antoine se pajeaba viéndonos, mi culo tragando la polla de mi marido. Lo miré: ‘Vuelve, lame mis tetas’. Obedeció. Después cena normal, como amigos. Semanas después, repetimos. Llegó tarde, sudado. Entró y vio a Marc follando a su mujer, Carine, rubia con tacones. Sorprendido… pero su polla se puso tiesa. Yo le abrí el pantalón: ‘Cállate y fóllame la boca’. Chupé su verga salada mientras veía a Carine gemir. Tomé control total: la puse a mamarme el clítoris mientras Antoine me penetraba. ‘¡Folladme los dos, joder!’. Cambié posiciones: yo encima de Antoine, polla en coño, Carine sentada en su cara, Marc en mi culo. Eyaculaciones múltiples, cuerpos sudados pegados. Al final, exhaustos. Sonreí: lo había planeado todo. Ese poder, verlos rendidos a mis deseos… puro éxtasis. Volveremos, claro. Yo mando.