Tomé el Control en la Oficina: Mi Seducción Salvaje con Él

Era mediodía. El despertador de mi móvil pitó como un demonio viejo, pero ya estaba despierta, planeándolo todo. Llevaba horas en mi mesa, respondiendo quejas de clientes cabreados en esta multinacional de comida. Mi despacho era un caos de papeles, y mi cabeza a punto de estallar. No salí a comer, pedí al chino de abajo: fideos saltados y pollo al jengibre, esa acidez dulce que me pone cachonda. Llegó rápido, trece euros, vale la pena. Como mientras trabajo, con los palillos, y ¡zas! una gota de salsa en mi camisa blanca.

—Mierda… —murmuro.

La Entrada Desnuda y Mi Toma de Poder

Justo entonces, decido ir a por él. Miguel, mi compañero, siempre tan serio. Sé que su planta está vacía, todos comen fuera. Me quito la ropa en el pasillo, tetas libres, coño depilado en forma de flecha con ese tatuaje de dragón encima. Cadena con corazoncito rojo entre mis pechos grandes. Piernas abiertas, apoyo en el marco de su puerta, desnuda total bajo los neones. Él come, no me ve aún.

—Hola —digo, voz calmada pero firme.

No levanta la vista, roncando por la mancha. Sigue con sus fideos.

—Hola! —insisto, riendo bajito.

Por fin me mira. Boca abierta, noodles atascados. Sus ojos recorren mis curvas: tetas redondas, pezones duros, vientre blandito con piercing, muslos gruesos.

—Cierra la puerta —chisco los dedos.

—Sophie… espera, ¿qué coño…? —tartamudea, voz ahogada.

—Sofia, idiota. Y no hay nadie. Todos fuera. Tranquilos tú y yo. Cierra. Ahora.

Obedece, temblando. Yo sonrío, espiégueme en su miedo. Me acerco, su mesa entre nosotros. Chupo mi dedo, lo bajo por mi cuello, entre tetas, hasta mi coño húmedo. Gimo suave, ojos cerrados. Dedos dentro, frotando clítoris, jugos chorreando. Él suda, corbata floja.

—¿Qué… qué quieres? —pregunta, polla ya marcada en pantalón.

—Quiero verte reaccionar. Y ya lo veo. Eres mío hoy. Siéntate y mira.

Me apoyo en su mesa, tetas aplastadas, beso su mejilla roja. Él intenta levantarse, tropieza con cables, cae al suelo como un tonto, pantalón con bulto enorme.

—Pobre… ¿te has hecho daño? —río, pero ya estoy sobre él.

—Sofia, joder…

El Sexo Brutal Bajo Mis Órdenes

—Cállate. Todo fuego que enciendes, yo lo apago. Pero a mi ritmo.

Lo beso gula, lengua dulce de caramelo. Manos rápidas: desabrocho pantalón, saco su polla tiesa, 17 cm saltando. La agarro, masturbo lento, acelero. Ojos fijos en los suyos, dominantes. Calor sube, gota de sudor en su cara, la lamo.

—Me gusta todo de ti. Todo.

Deslizo rodillas, beso vientre, muslos, lamo huevos. Polla palpitando en mi mano. La meto en boca: labios húmedos, lengua girando. Glande como fresa, trago entero. Vaivén brutal, saliva chorreando, manos en huevos masajeando. Se retuerce.

—Mmm… qué rica tu polla dura.

Suelto, meto entre tetas: arriba-abajo, polla desaparece en carne caliente. Lengua en glande, chupando. Él gime fuerte. Vuelvo a mamarla toda, fuerza, bava lubricando como pistón. Dedo en su culo, entro suave. Presión max.

¡Joder, Sofia!

Explota: chorros potentes en mi boca. Trago todo, gluglú. Sigo mamando, mano en glande violeta, semen y saliva. Segunda corrida, leche en dedos, los chupo mirándolo.

—Buen chico. Todo mío.

Me levanto, beso pasional, sabor a semen compartido. Susurro:

—¿Te gustó? Yo adoré controlarte.

—Joder, sí… más…

—Si eres bueno, próxima vez te follo. Ya verás.

Lo dejo ahí, pantalón abajo, fideos fríos. Salgo meneando culo, poder puro en venas. Colleagues vuelven, yo impecable. Adrenalina, conquista total. Él sucumbió, yo gané.

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