Hace unos días, mi novio y yo conocimos a Paul en un parking. Un tío mayor, pero con rollo. Algo pasó entre Caro –bueno, yo soy Caro– y él. Le pedí a mi novio que lo llamara para un trío. Paul se convirtió en nuestro fijo. Buen conversador, educado, y en la cama… joder, qué bueno. Suave, experimentado, con una polla grande y resistencia de toro. Estaba colgado de mí, pero sin agobiar.
Una noche en la terraza, con copas, solté que me apetecía probar un negro. La fama, ya sabes. Pero nada de machos dominantes. Paul sonrió y dijo: ‘Tengo al tío perfecto. Mi colega Amedé, de la oficina. Buenazo, educado y… de los buenos’. Montamos un plan casual. Días después, en un restaurante, Paul ‘por casualidad’ estaba con él. Nos invitaron a la mesa. Amedé… uf, alto, fuerte, piel oscura que brillaba. Miradas que quemaban. Yo empecé el juego: crucé piernas, dejé ver escote. Él mordió el anzuelo rápido.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío
Llamamos a Paul al salir. Amedé flipó conmigo y le pidió mi número. Paul le contó todo: nuestro rollo candaulista. Viernes por la tarde, sonó el móvil. ‘Hola, soy Amedé del restaurante…’. Voz grave, ronca. Hablamos, coqueteamos. ‘Quiero verte, Caro. Me volviste loco’. Yo, riendo: ‘Vale, pero con mi novio y Paul. Mañana en tu casa. Y yo mando, ¿eh?’. Aceptó. Toda la tarde planeando. ‘¿Qué me pongo?’, le pregunté a mi novio. Push-up, medias autoretenibles, falda mini, camisa transparente, tacones. Labios glossy rosa. Puta de lujo, mi estilo.
Llegamos a las ocho en punto. Amedé abrió, ojos como platos. ‘Dios, estás… increíble’. Paul ya allí, sonriendo. Brindis con champán. Yo entre mi novio y el sofá, calmando el aire caliente. Pero no quería que bajara. Me inclinaba, escote al aire. Cruzaba piernas, sin bragas, coño a la vista. Mi novio no aguantó: se levantó, abrió mi camisa. Tetas fuera, pezones duros como piedras. ‘Quítamela toda’, le dije. Bailamos un slow. Me besó, notó mi polla tiesa contra él. ‘Ven detrás’, susurré. Frente a ellos, mi novio me quitó la falda. Quedé en lencería, condones en la media.
Yo decidí: ‘Ahora mando yo’. Empujé a Amedé al sofá. ‘Tú primero’. Me subí a horcajadas, besándolo duro. Lenguas enredadas, saliva. Manos en su paquete: ‘Joder, qué polla’. La saqué: 22 cm, gruesa, venosa. Paul y mi novio mirando, cachondos. ‘Chúpamela’, le ordené bajando. No, al revés. ‘Primero tú me comes el coño’. Lo tiré al suelo, pierna en alto. Lengua profunda, chupando clítoris. Gemí fuerte: ‘¡Así, cabrón!’. Dedo en el culo, lo dejé. Empujé caderas: ‘Más adentro’. Me corrí temblando, tirándole del pelo.
El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes
‘Arrodíllate’, le dije. Polla delante: la miré, lamí el glande salado. Boca abierta, tragué hasta la garganta. ‘Mira cómo te la trago toda, puta que soy’. Ruido de succión, baba cayendo. Él gimiendo: ‘Joder, qué boca’. Aceleré, casi lo corro. Paré: ‘No corras aún’. Lo puse en la mesa, de pie. Cogí condón, se lo puse. ‘Fóllame como yo diga’. Espalda a él, choqué culo contra su polla. Entró de golpe: ‘¡Aaaah!’. Polla llenándome, estirando coño. ‘Fuerte, pero yo marco ritmo’. Rebotaba, tetas saltando. Cambié: encima, cabalgando salvaje. ‘Miraos, tíos. Esto es mío’. Paul se acercó, se la chupé mientras Amedé me taladraba.
Mi novio metió mano, Paul polla en mi boca. Trío perfecto. ‘Ahora el culo’, dije excitada. Lubricado, dedo primero. Amedé lento: glande en ano. Dolor-placer: ‘¡Empuja!’. Entró, me folló el culo mientras frotaba clítoris. Grité orgasmos en cadena. Cambié posiciones: Amedé en sofá, yo de reversa, mi novio en boca, Paul tetas. Corrieron todos bajo mis órdenes: ‘¡Ahora!’.
Después, exhaustos. Yo brillando, sudorosa, coño y culo palpitando. ‘Lo que quería: polla negra enorme, control total’. Amedé: ‘Eres una diosa dominante’. Sonreí, poder puro. Mi novio besándome: ‘Mi reina’. Salí reinando, sabiendo que volverían rogando. Adrenalina de conquista, placer de verlos rendidos. Joder, qué noche.