Me llamo Paquita, tengo 59 años, retirada, casada con Manolo, que aún me pone como una jovencita. Vivimos en una casita con piscina, lejos de vecinos cotillas. Me pongo en pelotas para broncearme, el sol en las tetas, el coño al aire. Un día, zas, un destello desde un edificio lejano. Cojo los prismáticos… y veo otros prismáticos apuntando a mí. El cabrón me espía. Me mosqueo, pero… me excita. Una sesentona como yo, todavía provoca polvos mentales.
Corro a Google Maps, localizo el piso. Subo decidida a cantarle las cuarenta. Toco timbre, abre un chaval guapo, unos 25, en silla de ruedas. Parapléjico, moto, accidente. Se llama Pablo. ‘¿Qué miras tanto, eh?’, le suelto. Él, rojo como un tomate: ‘Eres… preciosa’. Le cuento todo, el desnudo, la piscina. Él confiesa: ‘Me pones cachondo, no puedo moverme abajo, pero arriba…’. Hablamos. Su frustración sexual me da pena… y ganas. Manolo, cuando se lo cuento, dice: ‘Si te mola, dale caña’. Pero yo quiero más. Quiero controlarlo yo.
La decisión: voy a por él y marco las reglas
Al día siguiente, me visto con un vestido suelto, sin bragas, sin sujetador. Tetas grandes bamboleando. Llego a su puerta. ‘Abre, Pablo. Hoy mando yo’. Entra, cierra. ‘Quítate los pantalones’. Dudó un segundo, pero obedece. Polla semi-dura, gorda. ‘Mírame’, le digo, desabrochando el vestido. Caigo desnuda ante él. Tetas pesadas, culo ancho, coño depilado húmedo ya. Sus ojos se abren como platos. ‘Tócame. Pero solo donde yo diga’. Le guío la mano a mis tetas. Pezones duros. Gime. ‘Ahora abajo… sí, méteme los dedos’. Jadeo, empapada. Él tiembla. ‘No corras, voy yo a mi ritmo. Hoy te follo yo a ti’.
Lo acerco a su cama, lo tumbo con cuidado. Silla aparte. Me subo encima, rodillas a los lados de su cintura. Polla tiesa como una barra, venosa, cabezona. La cojo, la rozo contra mi coño chorreante. ‘Mira cómo te empapas mi raja’. Me siento despacio, centímetro a centímetro. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñe él. Yo: ‘Cállate y siente’. Empiezo a moverme, arriba-abajo, tetas rebotando en su cara. Él intenta tocar, pero le clavo: ‘Manos quietas, o paro’. Control total. Acelero, coño apretando su polla, clítoris rozando su pubis. Sudor mezclado, olor a sexo fuerte. ‘¡Más rápido, Paquita!’. ‘No, tú aguantas’. Le chupo la boca, lengua dominante.
El polvo brutal: lo monto y lo exprimo hasta el final
Le doy la vuelta al juego. Me pongo a cuatro, culo en pompa hacia él. ‘Ahora métemela por detrás, pero despacio’. Obedece, empuja con las caderas lo que puede desde abajo. Entra hasta el fondo, bolas contra mi clítoris. ‘¡Fóllame fuerte, pero yo marco el ritmo!’. Me empalo yo, chocando culo contra él. Ruidos húmedos, palmadas de carne. ‘Tu coño me come la polla…’. ‘Sí, y tu rabo me llena. No pares’. Cambio: lo monto al revés, culo en su cara. Él lame mi ano, lengua caliente, mientras yo reboto. ‘¡Come mi culo, chaval!’. Grito, orgasmo subiendo. Él: ‘Me corro…’. ‘No, aún no. Aguanta’. Lo aprieto, le exprimo.
Lo giro, boca a su polla. La chupo profunda, saliva goteando, bolas en mi mano. ‘Traga, puta madura…’. Sonrío: ‘Soy tu reina’. Vuelvo a cabalgar, salvaje. Tetas azotando, coño convulsionando. ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Él explota, leche caliente inundándome. Yo sigo moviéndome, ordeñándolo todo. Segundo orgasmo mío, chorros en su vientre. Me derrumbo encima, jadeando. Polla flácida saliendo, semen goteando de mi coño.
Me visto, beso su frente. ‘Fue mío, Pablo. La próxima, igual’. Bajo las escaleras flotando. Poder puro. Manolo me espera en la piscina, desnudo. Le cuento, se empalma. Pero hoy, yo gané. Esa adrenalina, ver a un chaval rendido a mi coño maduro… adictivo. Quiero más. Él arriba, con prismáticos, seguro se pajea recordándolo. Yo sonrío. Reina total.