Ayer por la mañana, después de la fiesta por los exámenes de mi hijo Tomás, me desperté con el sol alto. Pedro, mi marido, ya estaba en la cocina con café. Y ahí estaba él, Pablo, el amigo de Tomás, con esa mirada que no podía disimular desde ayer. Lo pillé mirándome las tetas en la fiesta, y anoche los vi follando en su cuarto con la puerta entreabierta. Me encendió.
Entró frotándose los ojos, con esa erección matutina que intentaba esconder. ‘Buenos días’, dije con voz juguetona, levantándome para darle dos besos. Llevaba mi camisón corto y un legging ajustado que marcaba mi coño y mis culos redondos. Pedro sonrió de reojo, como si supiera. Me estiré para coger un vaso alto, dejando que el camisón se subiera y Pablo viera todo. Sus ojos se clavaron en mis nalgas. Perfecto.
La Tensión que Construí Hasta Romperlo
Pedro se fue al jardín, nos dejó solos. Limpié la mesa despacio, inclinándome para que viera mi escote. Mis tetas se balanceaban, rozándole el brazo. Se puso rojo, pálido. ‘¿Estás bien?’, le pregunté acercándome más, mi aliento en su cuello. Suspiró. Me pegué a su espalda, mis pechos contra sus hombros, moviendo las caderas lento. ‘Me turbarás’, murmuró. Puse un dedo en sus labios. ‘Cállate’. Lo besé fuerte, lenguas enredadas, mi mano bajando a su polla dura bajo el slip.
La apreté, la sentí palpitar. Bajé a chuparle los pezones, pero paré. ‘No ahora. Tomás se despierta, Pedro está fuera’. Se quedó atónito, yo sonriendo. Le dije: ‘Me has hecho sentir deseada, guapo’. Luego Pedro volvió, rompió el momento. Toda la mañana lo ignoré, pero al despedirlos para su concierto, metí mi tanga negra en su bolsillo. ‘Límpiala bien’, susurré.
En el almuerzo, mini-shorts, rozábamos piernas. Le conté mis planes de broncearme sola en la piscina. Se fue excitado. Horas después, error con los móviles: le mandé fotos pensando en Pedro. Shorty azul transparente, tetas al aire; tanga blanca abierta, medias; a cuatro patas en la cama, culo en pompa. ‘¿Cuál para tu vuelta?’, escribí. Luego: ‘¡Mierda, teléfono equivocado! No digas nada’. Respondió: ‘Prometido, pero estás increíble’. Sonreí. Sabía que Pedro lo había hecho a propósito.
Noche, vuelven del concierto. Tomás borracho, ronca. Bajo sigilosa al salón, bata suelta. Oigo pasos. Es él. Me quito la bata: tanga blanca, medias, tetas libres. No dice nada. Lo beso el cuello, él me agarra las tetas. ‘Hoy mando yo’, digo ronca. Le giro, manos en su pecho, bajando al pantalón.
El Sexo Brutal Bajo Mis Órdenes
Lo empujo al sofá. Le bajo el slip, polla tiesa, goteando. ‘Chúpame primero’. Me siento en su cara, coño en su boca. Gime, lame profundo, lengua en mi clítoris hinchado. ‘Más fuerte, joder’. Me corro rápido, jugos en su barbilla. Ahora yo. Le mama la verga entera, garganta profunda, bolas en mi mano. La saco antes de que reviente.
‘Cuatro patas’. Obedece. Le bajo la tanga, coño depilado chorreando. Le meto dos dedos en el culo mientras le follo la boca con mi coño. ‘Ahora fóllame’. Se pone encima, pero yo guío: ‘Despacio, siente mi coño apretándote’. Ondulo, contraigo, lo monto salvaje. Le pongo su pulgar en mi ano. ‘Mete’. Me corro gritando bajito, cuerpo temblando.
‘Ahora el sofá, perra’. A cuatro patas, él detrás. Le digo: ‘Péntrame duro, masajea mi culo’. Bombeo contra él, mano en mi clítoris. ‘Más, cabrón’. Abro nalgas, su pulgar entra. Exploto otra vez, orgasmo brutal, voz ahogada. Él sale, le digo: ‘Córrete en mi culo’. Chorros calientes en mi piel, espeso, pegajoso.
Caemos exhaustos. ‘Me has follado como nadie’, jadea. Río. ‘Tú eres mío ahora’. Limpio su lefa con mi tanga negra. ‘Mañana la llevo sucia, contigo dentro’. Lo beso. Puerta cruje… ¿Pedro? Me da igual. Lo tenía, lo dominé. Poder total, y solo empieza.