Son las cinco y media. Día de mierda, huelga de metro en París, solo unas líneas funcionan. Tenía una presentación importante, reprogramada dos veces. Por suerte, todos estaban y salió genial. Me llamo Lucía, 35 años, comercial. Pelo largo castaño, ojos verdes, 1,70 m, 62 kg, tetas 95B que vuelven locos a los tíos, pero a veces pesan. Hoy, traje azul oscuro, falda corta, chaqueta. Hace calor primaveral.
Salgo de la sala climatizada. Afuera, caos, ruido, humo. ¿Taxi o metro? Sé que mi línea va. Bajo a la estación. Gente por todos lados, empujones, nervios. Tres trenes pasan antes de que la multitud me meta en un vagón. Apretada contra un tío de unos 35, moreno, ojos intensos, como Johnny Depp. Detrás, otro cuerpo pegado.
La tensión sube y yo decido: él será mío
El tren arranca, zarandea. Calor asfixiante. Siento… algo duro entre mis nalgas. Mi falda fina no ayuda. Intento ignorarlo, pero las presiones son rítmicas, no solo botes. Mi ‘Johnny’ me mira raro. Las sacudidas me empujan contra él, rozo su entrepierna.
—Los balanceos… disculpa —murmuro, roja.
—Hmmm…
Sudo. Parada. Más gente, peor. Abro piernas para equilibrio, me expongo más. Presiones fuertes atrás. Y delante… una bultaca en mi pubis.
—Los balanceos —dice él, sonriendo.
—No está mal a veces.
Miro lejos. Me siento rodeada de calientes. Presiones constantes.
—Si no paras, te follo aquí mismo —le suelto a Johnny, voz baja, decidida.
—¿Yo? Es el de atrás…
—…que se aprovecha. Espera.
—No…
Me pongo colorada, pero el fuego sube. Johnny sonríe pícaro.
—No quise decir…
—Lo dijiste.
Silencio. Siento su polla tiesa.
—¿La notas bien?
—Sí…
—Cómetela con la mano.
—¿Estás loco?
Me clava la mirada.
—Sé que quieres. Tómalo.
Calor me invade. Multitud se mueve, deslizo mano, agarro la protuberancia. Dura. Caliente.
—¿Y ahora?
—Pajeame, puta.
Estado segundo. Tren mueve. Excito. Abro más piernas. Detrás, mano bajo falda, palpando. Dedos en mi tanga, rozan coño húmedo.
—Cierra los ojos y pajea.
Empiezo, lento. Voz atrás: —Puta, estás chorreando.
Dedos en vulva hinchada. Uno entra, dos. Presión en ano. Piernas tiemblan. Dos tíos, metro, huelga, sudor. Pajeo fuerte.
—Suave, me haces daño.
Atrás: —Eres una zorra pajera.
Parada. Apretados en esquina. Siento pulso en su verga. Reparte, caricias siguen. Dedo en culo. Tomada por delante y atrás. Johnny: —¿Te manosea?
El clímax brutal: dirijo cada embestida
—Sí… delante, detrás…
—¿Te mola?
—…
—Di.
—¿Te gusta pajearme?
—Sí, pero di: ¿te excita que te meta dedos?
—Sí…
—¿Cuántos?
—Dos delante… uno culo…
Sonríe. —Querrás su polla en el culo, ¿verdad?
—No sé…
Se asoma: susurra algo. Atrás, dedos fuera. Algo gordo presiona ano. Panico.
—No…
Johnny me besa. Sigo apretando polla. Presión sube. Gimo. Glans perfora ano. Parada, multitud nos suelda. Reparte. Johnny: —Mírate, en éxtasis.
Me pego. Polla atrás entra lenta, profunda. Mano aprieta más.
—Me vas a hacer correr, zorra…
Sensación anal brutal, dulce, violenta. Totalmente dentro, mágico. Va-et-vient suaves, amorosos. Nunca tan bien sodomizada. Lugar, situación… beso Johnny con rabia, pajeadora.
Secoussa. Él corre en mi culo. Pajeo Johnny rápido. Él eyacula en mano. Yo subo… Parada. Polla sale ‘plop’, mano pegajosa. Sigo pajando.
—Para, joder.
Atrás mete papel en bolsillo. Reparte. Olor a semen, sudor. Frustrada, quiero correrme. Parada grande. Me despego. Otro cuerpo atrás.
—Bajo aquí, vivo cerca. Ven.
—No… gracias.
—Tu número.
—No, el tuyo.
Me da tarjeta.
—Llámame.
—Sí.
Johnny se recoloca.
—Eres increíble. Llámame.
—Sí.
Sale. Lo pierdo. Limpio mano. Piernas flojas. Corazón a mil. Llego Gare du Nord. Café, me lavo. Espejo: irreconocible. Dos números. Los guardo. Quiero ducha…
Pero yo mandé. Elegí. Los hice suyos. Poder total. Volvería a hacerlo.