Era un lunes gris, días antes de Navidad. Terminaba mi teletrabajo cuando sonó el teléfono. Mi hija no había llegado, ocupada con los niños y su curro de fin de mes. Le conté lo de la tía abuela muerta, la hermana de mi madre. Tenía que ir al entierro el viernes, a 400 km, con esta lluvia de mierda. Nadie podía: mi marido liado, mi hija imposible. Pero mi yerno, Pablo, se ofreció. ‘Te llevo, Sylvana’, dijo. Heroe, ja. Salimos jueves por la tarde, cuatro horas de tormenta, coche patinando.
Llegamos empapados. Jean-Luc, el hijo solterón de la tía, nos recibió. Cena rápida, familia triste. Luego, problema: solo una habitación libre. La suya un caos, la de su madre intocable, la de invitados para nosotros. ‘No pasa nada’, dije yo, guiñando ojo a Pablo. ‘Nos arreglamos’. Subo escaleras delante, sintiendo su mirada en mi culo apretado en la falda. La habitación vieja, lavabo cutre, cama antigua con somier chirriante. Pequeña, pero perfecta para lo que planeaba.
La tensión sube y yo decido que es mío
‘Yo duermo a la derecha’, le dije, quitándome la ropa rápido. Nuca de algodón, sin bragas, tetas libres. Él se metió en la cama con camiseta, sin calzoncillos, eh… lo pillé. Apagué luz, me giré. Dormí poco, lluvia golpeando, viento aullando. Desperté con su polla dura clavada en mi raja. 4 de la mañana. Se movió, pero no se apartó. Mi corazón latió fuerte. Adrenalina. Esta noche, él es mío. Yo mando.
Me giré despacio, rozando su verga con mi mano. ‘Shhh… no te muevas’. Sus ojos abiertos, paniqueados. ‘Sylvana… lo siento…’. Sonreí, dominante. ‘Cállate. Esto lo controlo yo’. Le besé el cuello, mordí suave. Mi mano bajó, agarré su polla gorda, palpitante. ‘Joder, qué polla más grande tienes… mejor que la de tu suegro’. Él jadeó. Desabotoné mi nuca, tetas E libres, pezones duros como piedras por el frío. Se le iluminaron los ojos. ‘Chúpamelas’, ordené. Obedeció, lengua voraz en mis areolas rugosas. Gemí bajito, ‘Así, cabrón, lame bien’.
Empujé su cabeza abajo. ‘Ahora mi coño’. Dedos en mi matoja húmeda, ya chorreando. ‘Mira cómo estoy de mojada por ti’. Lo guié, pero yo decidía. ‘Arrodíllate’. Le metí la polla en la boca. ‘Chupa, traga hondo’. Su saliva goteando, yo moviendo caderas, follándole la garganta. ‘Buen chico… pero aún no te corres’. Lo tiré en la cama, monté encima. Agarré su verga, la restregué en mi raja empapada. ‘Mírame a los ojos. Vas a follarme como yo diga’. Me hundí despacio, coño apretando su tronco grueso. ‘¡Joder, qué prieta estoy!’. Ondulé, tetas rebotando en su cara.
Follada brutal: yo al mando del placer
Aceleré, somier crujiendo, ‘¡Fóllame más duro, pero yo marco el ritmo!’. Cambié: a cuatro patas, él detrás. ‘Agárrame las caderas, embiste’. Su vientre chocando mis nalgas gordas, pollas claquéandome el culo. ‘¡Más fuerte, joder! Métemela hasta el fondo’. Gemí alto, lluvia tapando. Lo volteé, piernas abiertas. ‘Ahora misionero, mírame venir’. Sus bolas golpeando mi ano, coño convulsionando. ‘¡Me corro, cabrón! ¡Lléname de leche!’. Él explotó, chorros calientes inundándome. Temblé, uñas en su espalda.
No paré. Segunda ronda: le puse las tetas alrededor de su polla tiesa otra vez. ‘Fóllame las tetas’. Subí, le metí el glande en la boca. ‘Traga’. Luego lo monté reverse cowgirl, culo en su cara. ‘Lame mi ano mientras te follo’. Ritmo bestial, sudor, olor a sexo crudo. ‘¡Voy a correrme otra vez! ¡Dame tu leche!’. Orgasmos brutales, él gritando en mi coño.
A las 5, exhaustos, desnudos. ‘Hace años no follaba así’, le susurré. Él: ‘Eres una diosa’. Sonreí, poder puro. Al día siguiente, entierro, vuelta callados. Al dejarla en casa, beso en cuello: ‘Llámame cuando quieras más, mi polla favorita’. Él ruborizado, yo invencible. Lo conquisté, lo usé, lo vacié. Poder total.