Tomé el control: mi noche como soubrette dominante en el hotel

Llego al hotel con el corazón latiendo fuerte. Le mando el número de habitación. Minutos después, toquecitos suaves en la puerta. Abro y ahí está él, sonriendo. Yo, con mi impermeable beige cubriendo todo, le guiño un ojo.

—Servicio de habitación, señor.

La llegada y la toma de poder

Sus ojos se abren grandes al ver mi tablier de encaje blanco, cortísimo, falda negra que apenas tapa el borde de las medias con flores. Sujetador push-up negro marcando mis tetas. Pelo recogido con cinta de satén. Llueve fuera, entro rápido y cierro.

Él intenta besarme, pero me aparto. Lo miro seria.

—No, señor. Las criadas no besamos así.

Se ríe nervioso, eh… ¿a qué juegas? Le sonrío pícara. Sabe que hoy mando yo. Hemos hablado de fantasías, pero esta vez yo decido. Pongo mi bolso grande en la mesa, me quito el impermeable. Su mirada recorre mi culo, mis piernas. Se le nota la polla endureciéndose ya.

—Quítese la ropa, señor. Yo arreglo la cama.

Me inclino mucho, dejándole ver mi escote profundo, el borde de mis nalgas. Él traga saliva. Se sienta en la cama, obediente. Yo me acerco, rozo su pantalón con el tablier. Siento su calor. Le ordeno:

—Acuéstese boca abajo. Hoy yo pongo las reglas. No se mueva sin mi permiso.

Saca un pañuelo negro de mi bolso, se lo ato a los ojos. Su respiración acelera. Me subo encima de sus muslos, vierten aceite en mis manos. Huele a jazmín y especias. Empiezo por su espalda, masaje firme. Sus músculos se relajan, gime bajito. Bajo las manos a su culo, aprieto fuerte. Él se tensa.

—Shh… quédate quieto. Eres mío ahora.

Deslizo la toalla que cubre su polla. La noto dura contra el colchón. Mis dedos rozan sus huevos, su ano. Él jadea. Le separo las nalgas, acerco la lengua. Lamo despacio su raja, circulo su culito apretado. Prueba salada, piel suave. Él tiembla, mmm… sí…

—Te gusta, ¿verdad? Pero no toques nada.

Lo giro boca arriba. Su polla apunta al techo, venosa, goteando. La agarro, masturbo lento. Él quiere besarme, pero lo empujo.

—Aún no. Mírame primero.

Le quito el pañuelo. Sus ojos hambrientos en mi cuerpo. Me quito el tablier, quedo en tanga y sujetador. Me siento en su pecho, froto mi coño mojado contra su piel.

Ahora el acto. Brutal, sin filtros. Le ordeno:

—Bráncate la polla. Fuerte, como te gusta.

El clímax brutal y mi victoria

Obedece, mano subiendo y bajando. Yo me quito la tanga, chorrea. Me arrodillo sobre su cara.

—Lámeme el coño, pero despacio.

Su lengua entra en mi raja húmeda, chupa mi clítoris hinchado. Gimo, eh… sí, así… Le agarro la cabeza, follo su boca. Mi jugo le moja la barba. Luego bajo, engullo su polla entera. Boca caliente, saliva chorreando. La chupo hondo, garganta apretada. Él gruñe:

—Joder, qué bien…

Lo suelto, le doy la vuelta. A cuatro patas. Le meto dos dedos en el culo, lubricados con aceite. Él se arquea.

—Relájate, cabrón. Te voy a follar yo.

No tengo strap-on, pero mis dedos entran y salen, masajeo su próstata. Su polla gotea en las sábanas. Le fustigo el culo, palmadas rojas. Duele-placer. Luego lo monto. Coño chorreante tragando su verga hasta el fondo. Cabalgo salvaje, tetas botando. Él agarra mis caderas, pero lo abofeteo suave.

—Yo mando. No te corras aún.

Acelero, clítoris frotando su pubis. Grito al correrme, coño contrayéndose, leche por sus huevos. Él resiste, sudado. Lo empujo al borde, lo monto al revés, culo en su cara. Me corro otra vez, squirt leve mojándolo todo.

—Ahora sí, córrete dentro.

Explota, semen caliente llenándome. Sale, lo masturbo el resto sobre mis tetas. Lamo un poco, salado espeso.

Después, él jadea exhausto. Yo sonrío, poderosa. Le quito el resto de mi ropa, lo beso lento.

—¿Ves? Cuando yo quiero, pasa así. Me encanta verte rendido, con mi coño mandando.

Siento la adrenalina, el poder. Lo conquisto cada vez más. Él suspira:

—Eres increíble…

Yo, reina total. 628 palabras.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top