Estaba en Toulouse el 2 de abril. Noche calurosa, mi piel erizada. Xavier, mi pareja, llegó cansado del trabajo en el museo del espacio. Lo miré… fijo. ‘Esta noche eres mío’, le dije. Sus ojos se abrieron grandes. No preguntó. Lo besé fuerte, mordí su labio inferior. Lo empujé al dormitorio grande, la cama king size esperando. Saqué las cuerdas suaves, el antifaz negro. ‘Poignet y tobillos al poste, amor. Ojos tapados. Yo decido todo’. Dudó un segundo… ‘¿Confías?’, susurré. Asintió. Lo até despacio, piernas abiertas, polla ya semi-dura asomando. Llamé a Corinne por teléfono. ‘Ven ya. Trae tu lengua juguetona’. Ella, madura, curvas generosas, sonrisa pícara. Llegó en minutos, oliendo a jazmín y deseo.
La tensión subía. Mi coño palpitaba húmedo. Me quité la falda lenta, bragas empapadas. Me subí a la cama, froté mi chochito mojado contra su boca vendada. ‘Lame, Xavier. Chupa mi clítoris como puta’. Su lengua salió torpe al principio, caliente, ansiosa. Gemí bajito… ahh… la saliva mezclada con mis jugos. Corinne observaba, tetas pesadas colgando un poco, pezones duros. ‘Túmbate al lado’, le ordené. Ella obedeció, fuerte pero sumisa ante mí. Bese a Xavier profundo, saliva chorreando, mientras mi mano apretaba su polla tiesa, venosa, goteando precum. ‘No corras aún, cabrón. Aguanta’. La adrenalina me quemaba venas. Él era mío, completamente.
La Decisión de Tomar las Riendas
Pasé a lo bruto. Bajé mi boca a su verga, la tragué entera… glups… garganta profunda, bolas en mi barbilla. Él se arqueó, atado, gimiendo ‘Joder… sí…’. Corinne se acercó, yo la guié: ‘Chúpale los huevos, zorra. Lame despacio’. Su lengua rosada sobre sus sacos arrugados, succionando suave. Yo monté su cara otra vez, coño chorreando en su nariz. ‘¡Más rápido, lame mi culo ahora!’. Él obedecía ciego, lengua hurgando mi ano apretado, olor almizclado llenando la habitación. Cambié: me puse a horcajadas en su polla, frotándola contra mis labios mayores hinchados. ‘Mírame, Corinne, mira cómo lo domino’. Empujé… su tronco grueso abriéndome, estirándome… ‘¡Fóllame tú sin moverte!’. Cabalgué salvaje, tetas botando, clítoris rozando su pubis púbico. Corinne metió dedos en mi culo, tres de golpe, lubricados con saliva. ‘¡Sí, jodida, empuja!’. Él gritaba, ‘¡Voy a…!’. ‘¡No! Aguanta’, ladré, apretando mi coño vaginal alrededor de su eje pulsante.
El Clímax Bajo Mi Mandato
Lo intenso vino. Lo desmonté, polla roja brillante de mis jugos. Hice que Corinne se sentara en su cara: ‘Dale tu coño maduro, haz que te lama’. Ella gimió al contacto, chochito peludo y oloroso frotándose. Yo me arrodillé sobre su polla, la chupé furiosa, mano bombeando base. ‘Siente esto, Xavier… mi lengua en tu ano ahora’. Lamí su ojete fruncido, dedo entrando, próstata masajeada. Él vibraba entero, Corinne corría primero, chorro caliente en su boca, ‘¡Dios, qué lengua!’. Yo aceleré: monté de nuevo, reverse cowgirl, culo rebotando en sus muslos. ‘¡Córrete dentro, lléname de leche caliente!’. Su polla explotó, espasmos, semen espeso inundando mi útero, goteando fuera. Yo seguí moviéndome, clítoris en llamas, orgasmo mío rugiendo… contracciones vaginales ordeñando cada gota. Corinne se masturbaba viéndonos, dedos chapoteando en su rajita abierta.
Desaté las cuerdas, quité el antifaz. Xavier jadeaba, ojos vidriosos, cuerpo marcado rojo. Corinne sonriendo, tetas sudadas. Lo abracé fuerte, mi poder latiendo. ‘Lo hice perfecto, ¿verdad?’. Él murmuró ‘Eres diosa…’. Sentí la euforia pura, esa fuerza en mis venas. Conquisté, dirigí cada gemido, cada corrida. Mi coño aún goteaba semen, prueba de dominio. Corinne besó mi cuello: ‘Otra vez cuando quieras’. Sonreí. Esa noche, Toulouse fue mi reino. Poder total, placer mío.