Tomé el Control en el Granero: Mi Conquista Brutal

Hace tres días, justo. Fui al rastro un domingo por la mañana. El sol pegaba fuerte, olor a fritanga y polvo viejo por todos lados. Vi a ese tío, parado frente a un espejo cutre con una frase grabada: ‘¿Día útil o futile?’. Parecía perdido, ojos vacíos, barba de tres días. Vestido con una camisa arrugada, como si la vida le hubiera dado una patada en los huevos.

Me acerqué, coño, sentí la adrenalina subir. ‘Ey, ¿qué pasa? ¿Ese espejo te habla o qué?’, le dije riendo bajito. Me miró, titubeó. ‘Nada… solo pensando’. Su voz temblaba, débil. Olía a café rancio y sudor. Ahí lo supe: sería mío. Yo mando, siempre. ‘Ven conmigo’, le solté sin más. ‘Necesitas que alguien te dirija’. Dudó, pero mis ojos lo clavaron. Subimos a mi coche viejo, rumbo a la casa de mis padres, a las afueras. Sabía que el granero estaba vacío, polvoriento, perfecto.

La Tensión que Me Hizo Decidir

Llegamos. Mis viejos no estaban, genial. Lo empujé escaleras arriba, el granero crujía, olor a madera vieja y moho. Cerré la puerta, lo arrinconé contra la estantería llena de trastos. ‘Hoy mando yo, ¿entiendes? Nada de mariconadas. Te vas a dejar follar como yo diga’. Se quedó tieso, polla ya medio dura bajo los pantalones. Le bajé la cremallera despacio, sintiendo su calor. ‘Sí… vale’, balbuceó. Le metí la mano, apreté esa verga gruesa, palpitante. ‘Buen chico. Quítate todo’. Se desnudó torpe, piel pálida, pecho velludo sudado.

Lo tiré al sofá viejo del fondo, ese que ha visto de todo. Polvo voló, me picó en los ojos. Me quité la falda, braga empapada ya. ‘Abre las piernas’. Me subí encima, restregué mi coño mojado contra su polla. ‘Mírame. Vas a lamerme primero’. Le agarré el pelo, bajé mi chochito a su boca. Lengua torpe al principio, eh… pero la guié: ‘Más adentro, joder, chúpame el clítoris’. Gemí fuerte, jugos chorreando por su barbilla. Olor a sexo crudo, mi sudor mezclado con el suyo.

El Placer Bajo Mi Mandato

Suficiente. Me incorporé, saliva brillando en su cara. ‘Ahora te monto’. Agarré su polla dura como piedra, la encajé en mi coño de un empujón. ‘¡Ah, coño! Qué prieta estás’, gruñó. Yo reía, rebotando fuerte, tetas saltando. ‘Cállate y aguanta’. Cambié ritmo, cabalgada salvaje, uñas en su pecho marcando surcos rojos. ‘Date la vuelta, perrito’. Lo puse a cuatro patas, le escupí en el culo, metí un dedo. ‘Relájate, vas a correrme dentro’. Le metí la verga de nuevo, no, esperé: lo penetré yo con mis caderas chocando. Polla entrando y saliendo, coño apretando, bolas golpeando mi clítoris.

‘Acelera, fóllame más duro’, le ordené jadeando. Él obedecía, sudor goteando, gemidos ahogados. Lo volteé boca arriba, piernas sobre hombros, embistiéndolo yo ahora, control total. ‘Me corro… ¡joder!’. Mi orgasmo explotó, coño convulsionando alrededor de su polla, chorros calientes. Él no aguantó: ‘Voy a…’. ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Espasmos, semen caliente inundándome, mezclándose con mis jugos. Colapsamos, pegajosos, respirando agitado.

Después, me aparté, piernas temblando un poco. Él jadeaba, mirada de perrito satisfecho. ‘Ha sido… increíble’. Sonreí, poderosa, limpiándome el coño con su camisa. ‘Lo sé. Te usé como quise, y te encantó’. Bésé su frente sudorosa, bajé. Sentí la conquista en las venas, esa rush de dominar, de verlo rendido. Ahora sabe quién manda. Yo, siempre yo.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top