Tomé el control en el spa asiático: mi noche de dominio total

Estaba en un viaje de trabajo en el sudeste asiático, en un hotel enorme. Después de un día agotador, subí al spa tarde, casi cerrando. La recepcionista me dijo que era la última clienta. Perfecto, pensé. Quería sauna, jacuzzi, relajarme. En el vestuario, dos chicos asiáticos, de unos 23 años, morenos, delgados, me esperaban con sonrisas. Me ofrecieron toallas, abrieron mi taquilla. Me miraban mientras me quitaba la ropa. Sentí sus ojos en mis tetas, mi culo. Me excité. Me desnudé despacio, les di mi ropa. Nuuda, uno me puso la toalla en la cintura, rozándome la piel. Hmmm…

Me llevaron a las duchas. Quité la toalla, ellos la cogieron. Me miraban fijamente mientras el agua corría por mi cuerpo. Dejé el cortina abierta, les enseñé todo: mis pezones duros, mi coño depilado. Me duché lento, girándome, sabiendo que se ponían duros. Salí, ellos me secaron con toques suaves en la espalda, el culo. ‘Venid conmigo al sauna’, les dije con voz firme. Entramos. La habitación pequeña, caliente, vapor subiendo. Quitaron mi toalla, les dije: ‘Vosotros también, quitáoslo todo’. Dudaron un segundo, pero obedecieron. Sus pollas pequeñas, lisas, epiladas completamente. Dios, qué ganas. Me senté en el banco bajo, piernas abiertas. ‘Acercáos’, ordené. Sudábamos ya. Uno se puso de pie frente a mí, su culo firme a mi altura. Empecé a tocar sus muslos, subiendo despacio. Sentí su polla endurecerse. ‘No os mováis. Yo mando aquí’. El otro se acercó, yo le cogí las pelotas suaves, las apreté suave. ‘Buen chico’. La tensión subía, mi coño palpitaba. Les miré a los ojos: ‘Hoy vais a darme todo el placer que quiera. Si no, os echo’. Asintieron, gimiendo bajito.

La tensión que me encendió y mi decisión de mandar

En el sauna, les hice arrodillarse. Cogí la polla del primero, chupé el glande rosado, liso como seda. ‘Mmm, qué rica’, murmuré. Lamí sus huevos, metí lengua en su culo apretado. Él gemía: ‘Sí, señora…’. El otro detrás, le mandé tocarme el coño. ‘Méteme dedos, pero lento’. Me corrí rápido, chorreando en su mano. Salimos al jacuzzi. Agua tibia, chorros fuertes. Me senté en un jet contra mi clítoris. ‘Vosotros, a mis tetas’. Me chupaban pezones mientras yo les pajeaba. ‘Ahora, al otro bassin’. Allí, les puse a uno de rodillas, culo fuera del agua. ‘Abre’, le dije, metiendo dos dedos en su ojete. El otro, masturbándolo. Mi coño ardía. Les cambié: ‘Tú, fóllame la boca’. Le cogí la cabeza, la moví rápido sobre mi coño. ‘Más lengua, joder’. Luego, les hice ponerse uno sobre el otro. Al de abajo, le abrí el culo, metí mi mano jabonosa. ‘Prepárate’. Al de arriba: ‘Entra en él, pero yo controlo’. Empujé su culo contra el otro. Gemían fuerte. Yo me subí encima del de arriba, frotando mi coño en su espalda mientras follaban. ‘Más duro’, grité. Cambié: me puse a horcajadas sobre el primero, su polla en mi coño. ‘No te muevas, yo subo y bajo’. Reboté fuerte, tetas saltando, agua salpicando. ‘Córrete dentro cuando yo diga’. El otro, le mandé lamer mi culo mientras follaba. ‘Sí, mete lengua ahí’. Orgasmos brutales: él explotó en mi coño, yo chillé squirteando. Al segundo le hice lo mismo, montándolo salvaje. ‘¡Dame tu leche, cabrón!’.

Salimos exhaustos, sudados, con semen por todos lados. Me ducharon, secaron con mimo. Les toqué las pollas flojas una última vez. ‘Volveré mañana, cerrad para mí’. Subí a mi habitación, coño palpitando aún. Me sentía poderosa, invencible. Los había convertido en mis juguetes, obtuve cada gemido, cada corrida que quise. Esa adrenalina de conquistar, de verlos rendirse… adictivo. Mañana, más.

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