Acababa de verlo merodeando por el barrio, ese chaval adoptado que todos murmuraban. Se llamaba Tomás, un crío con la testosterona a tope, escapándose de su casa de mierda. Eh… yo, Greta, madura y con ganas de caza, lo pillé mirándome las tetas desde lejos. Sus ojos hambrientos, su cuerpo fibroso… Mmm, sentí el cosquilleo en el coño. ‘Este va a caer hoy’, pensé. No era la primera vez que veía a un pollito como él, pero este tenía ese rollo salvaje que me ponía cardíaca.
Estaba en mi jardín, regando las plantas con un top ajustado que dejaba ver mis pezones duros. Él pasó, fingiendo casualidad, pero se quedó clavado. ‘Ey, chaval, ¿qué miras tanto?’, le solté con voz ronca, acercándome. Dudó, rojo como un tomate. ‘Na-nada, señora…’. Sonreí, felina. ‘Ven aquí, no muerdo… aún’. Lo agarré del brazo, piel caliente, sudor fresco. Lo metí en mi garaje, puerta bajada. Olía a gasolina y a mi perfume dulce. ‘Quítate la camiseta’, ordené, sin pedir permiso. Sus manos temblaban, pero obedeció. Abdominales marcados, pecho subiendo bajando. ‘Ahora, tócame las tetas. Despacio’. Él tragó saliva, manos torpes en mis curvas. Yo gemí bajito, guiándole. ‘Más fuerte, joder. Vas a hacer lo que yo diga, ¿entendido? Si no, te echo a patadas’. Asintió, ojos vidriosos. La tensión era eléctrica, mi clítoris palpitando. Le bajé el pantalón de un tirón, su polla saltó dura, venosa, goteando ya. ‘Buen chico… pero yo mando’. Le até las manos con mi braga, suave pero firme. ‘Arrodíllate y lame mi coño primero’. Él jadeaba, yo abrí las piernas, empapada.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Sería Mío
Lo empujé contra el capó del coche, frío en su espalda. ‘Abre la boca’. Metí dos dedos, chupó ansioso. Luego, lo volteé, culo al aire. ‘Ahora vas a follarme como yo diga’. Me subí encima, montándolo a lo amazona. Su polla entró de golpe en mi coño chorreante, ¡joder qué relleno! ‘¡Quieto! No te muevas’. Yo marcaba el ritmo, subiendo bajando, tetas botando. ‘¡Más hondo, cabrón!’. Gemí fuerte, uñas en su pecho. Sudor mezclado, slap slap de carne contra carne. ‘Date la vuelta, levántate en perrito’. Él obedeció, polla tiesa. Le clavé las caderas, embistiéndome yo misma, coño apretando su verga. ‘¡Lame mis huevos mientras! No, mis tetas… ¡ahhh!’. Cambié a vaquera inversa, azotando su culo. ‘¡Córrete cuando yo diga!’. Intensidad brutal, olor a sexo crudo, mi jugo bajando por sus muslos. Le mordí el cuello, él gruñía ‘¡Por favor, Greta!’. ‘¡No! Aguanta’. Aceleré, clítoris frotando su pubis, orgasmo mío primero, explotando en espasmos, chorros calientes. ‘¡Ahora sí, lléname la polla!’. Él eyaculó dentro, leche espesa inundándome, temblores.
Me bajé, piernas flojas, pero yo erguida. Él jadeaba en el suelo, polla flácida goteando restos. ‘Mira lo que has hecho… perfecto’. Limpié mi coño con su camiseta, sonriendo. Sentí el poder puro, esa adrenalina de haberlo doblegado. Él, exhausto, me miró adorador. ‘Vuelve cuando yo te llame, ¿eh?’. Salí, piernas fuertes, coño satisfecho latiendo. Joder, qué rush. Lo había conquistado, dirigido cada segundo. Ahora era mío, mi juguete. Y sabía que repetiría, porque yo decido.