Tomé el Control Total de su Polla en el Parque del Campus

Acababa de llegar a ese stage de deportes y inglés en la Fac de L. No me molaba nada el deporte, pero mis padres me habían metido ahí a la fuerza. ‘Mens sana in corpore sano’, decían. Ja. Yo quería leer y vaguear, no sudar. En el foyer Marie Curie, nos repartieron badges y habitaciones. Las chicas arriba, chicos arriba. Pero el tercer piso estaba lleno de tíos, y me tocó la antigua conserjería en la planta baja. Más grande, tranquila. Y con un compañero: Denis, con la pierna derecha escayolada hasta el muslo. Se había roto en bici. ‘Puedo ayudarte’, le dije al instante. Él protestó, pero yo ya veía el filón. Me excita el control.

Nos instalamos rápido. Él en su cama, pierna en alto, libro en mano. Yo deshaciendo la maleta. Los demás se fueron a correr o nadar. Nosotros, solos. ‘Vamos a la terraza’, propuse. Él con muletas, bajamos al parque. Árboles, desierto en vacaciones. Caminábamos lento, yo sujetándolo. Sudor leve, sol filtrándose. De repente, se para. ‘Necesito… mear’. Lo llevo detrás de un arbusto, suelo blando. Yo también tengo ganas. Me bajo el pantalón, slip abajo, saco mi coño depilado. Orino fuerte, alivio. Él me mira, titubea. ‘Ayúdame, ¿eh?’. Se apoya en mí, inestable.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío

Me pongo detrás. Abro su bermuda, botones jodidos. Siento su paquete latiendo bajo la tela. Meto la mano en el boxer, agarro su verga. ¡Hostia, qué polla! Larga, gruesa, ya medio dura. Más grande que las que he visto. ‘Joder, Denis, esto es una bestia’. Él ríe nervioso. ‘Sí, sorprende…’. Le bajo el prepucio del todo, gota de pre-semen brilla. Huele a hombre, almizcle. ‘Ahora mando yo’, le susurro al oído, voz ronca. Mi mano aprieta suave su tronco venoso. Él gime bajito. Siento mi coño humedeciéndose, pezones duros contra su espalda. ‘No te muevas. Vas a hacer lo que yo diga’. Tensión eléctrica. Su polla palpita en mi puño. Yo decido cuándo y cómo.

Empiezo a pajearlo lento, arriba-abajo, lubricado con su propia leche. ‘¿Te gusta, eh? Dime’. ‘Sí… joder, sí’, balbucea. Le meto la otra mano por el boxer, agarro sus huevos pesados, los masajeo. Él empuja caderas, pero lo paro. ‘Quieto. Yo controlo’. Me arrodillo delante, muletas apoyadas. Boca a su glande hinchado, lamo la gota salada. ‘Mmm, sabe a ti’. Chupo el capullo, lengua girando, luego engullo media verga. Gorgoteo húmedo, saliva chorreando. Él jadea, ‘¡Para, voy a…!’. ‘No. Aguanta’. Me levanto, lo giro contra el arbusto. Bajo mis pantalones del todo, coño chorreando. ‘Ahora me vas a comer’. Le empujo la cabeza abajo. Lengua en mi clítoris, torpe al principio. ‘Más fuerte, lame bien’. Gimo, ‘Así, cabrón’. Luego, lo siento listo explotar.

El Acto Brutal Bajo Mis Órdenes y Mi Satisfacción Final

Lo pajeo rápido, mano volando sobre su polla tiesa. ‘Córrete para mí’. Él tiembla, ‘¡Ahhh!’. Chorros potentes de lefa caliente salpican el arbusto, olor fuerte a sexo. Yo froto mi coño contra su muslo bueno, me corro gritando bajito, jugos por su piel. Intensidad brutal, él rendido. Le ordeño hasta la última gota, verga menguando en mi mano pegajosa.

Regresamos lentos a la habitación. Él callado, yo sonriendo. ‘Gracias… ha sido… increíble’, murmura. Yo, eufórica. Lo había conquistado, dirigido cada segundo. Su polla enorme, mía. Poder puro corriéndome por las venas. Esa noche, en la cena, lo miré y supe: soy la jefa. Adrenalina total, placer mío. Justo lo que quería.

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