Estábamos en mi Mercedes blanco, rodando por esa carretera perdida de Castilla, con el sol quemando y el viento caliente colándose por las ventanillas. Yo, Lola, en el asiento trasero, con mi vestido ligero subido por las muslas, mis tetas casi saltando del escote. Delante, Ana al volante, pelo corto rubio, y Laura, la rubia larga, riendo. Vimos al chaval, mochila al hombro, caminando solo. Guapo, moreno, fuerte. Pensé: ‘Este es mío hoy’. Le dije a Ana: ‘Para, que lo quiero’. Frenó en seco. Bajó la ventanilla. ‘¿Adónde vas, guapo?’, le lancé con voz ronca, mirándolo fijo. ‘A la costa’, dijo tímido. ‘Sube atrás conmigo. Pon la mochila en el maletero’. Entró, oliendo a sudor y sol. Me acerqué, mi muslo rozando el suyo. ‘¿Solo? ¿Soltero?’, pregunté, voz baja, mano en su rodilla. Se puso rojo. ‘Sí…’. Sonreí. ‘Bien. Mis amigas y yo vamos a pasarlo genial contigo. Pero yo mando, ¿entendido?’. Ana y Laura rieron. Él asintió, polla ya marcando en el short. Subí la mano, apreté su paquete. Duro. ‘Mira qué bien equipado. Pero espera mi orden’. Tension en el aire, mi coño mojándose. Le bajé una tira del vestido, tetas al aire, pezón duro. ‘Tócalo. Pero suave, como yo diga’. Su mano tembló al rozarme. Gemí bajito. ‘Así… ahora más fuerte’. El coche vibraba con el calor. Laura se giró: ‘Joder, Lola, ya lo tienes enganchado’. Yo: ‘Sí, y va a follarme como yo quiera’. Paramos en un desvío. ‘Bájate el short’, ordené. Polla saltó, venosa, goteando. La agarré, masturbé lento. ‘No corras, que yo decido cuándo’. Chupé la punta, saliva chorreando. Él jadeaba. ‘Para. Ahora fóllame con los dedos’. Abrí piernas, coño rasurado, empapado. Sus dedos entraron, calientes. ‘¡Más adentro, joder!’. Me corrí rápido, chorros en su mano.
Ana paró en el bosque, motor apagado. Salimos desnudas. Yo lo empujé contra el capó. ‘Yo primera. Tú, agárrame las tetas mientras te monto’. Sus amigas miraban, cachondas. Me subí encima, coño tragando su polla entera. ‘¡Joder, qué gruesa!’. Cabalgué duro, tetas botando, clítoris rozando su pubis. ‘¡Fóllame fuerte, pero yo marco el ritmo!’. Él gemía, manos en mi culo. ‘¡Más profundo!’. Cambié, de espaldas, polla hundiéndose en mi chocho. ‘¡Azótame!’. Cachetazo, piel ardiendo. Laura y Ana se tocaban. ‘Ahora a cuatro’, grité. Me puse perra, él embistiendo. ‘¡Cojones contra mi clítoris! ¡No pares!’. Sudor goteando, olor a sexo puro. Lo giré, lo chupé: bolas en boca, lengua en ano. ‘Trágatela toda’. Vomitó saliva. ‘Ahora métemela por el culo’. Vaselina del bolso, polla resbalando en mi ojete apretado. ‘¡Despacio al principio… ahora ramming!’. Dolor-placer, orgasmo anal explotando. Él al límite. ‘No corras dentro. Sácatela y métesela en la boca’. Chorros calientes, tragué todo. Sus amigas follaron después, pero yo dirigí: ‘Laura, cabalga; Ana, 69 con él’. Viéndolas, masturbándome.
La decisión de conquistarlo y dictar las reglas
Al final, él jadeando en el suelo, polla flácida. Yo de pie, desnuda, poderosa. ‘Has sido bueno, chaval. Te llevamos a la costa, pero recuerda: yo mandé’. Besé su boca, sabor a mi coño. Subimos al coche, risa compartida. Sentí la adrenalina, el poder. Lo había conquistado, follado a mi antojo. Mi coño satisfecho, palpitando. Ningún tío me resiste. La vida es mía, y el sexo también. Esa carretera desierta fue mi reino.