Tomé el Control Total: Mi Noche Dominando su Polla

Verónica estaba furiosa, paseando por su piso como una leona enjaulada, insultando a sus amantes delante de mí. ‘¡Ratas! Solo quieren follar y largarse’, gritaba. Yo, sentada en el sofá, la escuchaba. Sabía todo de Daniel, su ex, el único decente que ella había tirado a la basura. Cuarenta y cinco años, distinguido, con esa barriguita que lo hacía más hombre. Yo siempre lo había mirado con hambre, pero ella se lo llevó primero.

Esa noche, después de oírla despotricar, no pude más. Fui directa a su casa. Soné el timbre, él abrió, sorprendido pero con esa sonrisa cálida. ‘Beatriz… pasa’. Entré en su salón amplio, luces tenues, música suave de fondo. Me sirvió mi Perrier con limón, como siempre. Hablamos, pero yo notaba su tristeza por Verónica. Eso me encendió. ‘¿Sabes? Ella es idiota por dejarte’, le dije, mirándolo fijo a los ojos.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío

Se acercó, pero yo di un paso atrás. ‘No, espera. Esta noche mando yo’. Su mirada cambió, curiosidad mezclada con deseo. Me quité la chaqueta despacio, dejando ver mi vestido blanco ceñido, escote profundo. ‘Te he deseado desde el principio. Olvídate de ella. Ahora eres mío’. Dudó un segundo, pero yo ya estaba sobre él, mis manos en su pecho. ‘Siéntate’, ordené, empujándolo al sofá. Me senté a horcajadas, rozando su polla ya dura contra mi coño. ‘No te muevas a menos que yo diga’. Sus manos intentaron tocarme, pero las aparté. ‘Mis reglas: yo decido cuándo y cómo follamos’. La tensión era eléctrica, su respiración agitada, mi corazón latiendo fuerte. Lo besé duro, mordiendo su labio inferior. ‘Vas a suplicarme, Daniel’.

No aguanté más. Bajé la cremallera de mi vestido, saqué mis tetas grandes, pesadas, con pezones duros. ‘Chúpalas, pero suave’. Él obedeció, lamiendo mis areolas, succionando como un hambriento. Gemí, pero controlaba el ritmo, apretando su cabeza contra mi carne. ‘Ahora, quítate los pantalones’. Su polla saltó libre, gruesa, venosa, apuntando al techo. La agarré fuerte, masturbándola lento. ‘Mira cómo te tengo. Vas a correrme dentro cuando yo diga’. Me quité el tanga, empapado, y me subí encima. ‘No te corras antes’. Bajé despacio, sintiendo su punta abrir mi coño chorreante. ‘¡Joder, qué apretada!’, gruñó él. Yo reí, dominante. ‘Cállate y fóllame como yo quiero’.

El Placer Brutal Bajo Mi Mando y la Victoria Final

Empecé a cabalgarlo brutal, subiendo y bajando, mis tetas rebotando en su cara. ‘¡Más profundo!’, le ordené, clavando mis uñas en sus hombros. Él empujaba desde abajo, pero yo marcaba el paso, girando las caderas, frotando mi clítoris contra su pubis. ‘Méteme un dedo en el culo’, exigí. Mojó el dedo en mi jugo y lo clavó, follándome el ano mientras su polla me reventaba el coño. ‘¡Sí, así, cabrón!’. La ola venía, mi orgasmo rugiendo. ‘¡No pares!’. Grité, corriéndome fuerte, mi coño apretándolo como un puño, leche salpicando. Él jadeaba, al límite. ‘Ahora, córrete dentro, lléname’. Explotó, chorros calientes inundándome, su dedo hundiéndose más.

Me quedé encima, su polla aún palpitando en mí, sudorosos, jadeantes. Bajé despacio, besándolo posesiva. ‘Has sido bueno, mi niño’. Lo abracé, sintiendo su sumisión total. Me vestí tranquila mientras él me miraba embobado. ‘Volveremos a esto, pero bajo mis órdenes’. Salí con una sonrisa triunfal, el poder corriéndome por las venas. Verónica no sabe, pero Daniel es mío ahora. Cada vez que lo vea, recordará quién manda. Esa noche me dio lo que quería: control absoluto, placer salvaje, su rendición. Y quiero más.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top