Tomé el Control en un Trío Salvaje en mi Pensión en Inglaterra

Tenía 22 años, en una ciudad universitaria de Inglaterra perfeccionando mi inglés antes de volver a España. Trabajaba mañanas en un bróker y noches de camarera en una brasserie cutre. Allí conocí a Manuel, 24 años, pelo negro espeso, piel morena, sonrisa que derretía bragas. El rey de las faldas, un español como yo, pero con un flow que ligaba una tía al día. Charlamos una semana, me contó sus conquistas, y una noche me invitó a su habitación en el YMCA, esa pensión barata para jóvenes.

Esa noche, cansada de turnos eternos, decidí ir. Manuel me había dicho que entrara por la ventana para evitar al recepcionista cotilla. Escalé, pero pisé unos cacharros de jardín… ¡crash! Ruido brutal. La ventana se abre, y veo a Manuel desnudo, polla medio tiesa brillando de jugos, mejillas rojas, pelo revuelto. Detrás, en la penumbra, un chaval de unos 18, rubio tímido, en el otro catre, con la sábana tapando lo obvio. Se habían pillado en plena faena, pero mi entrada los cortó en seco.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Ellos Serían Míos

Manuel me mira, ríe nervioso: ‘Eh, Christina, pasa, no jodas…’. Pero yo… uf, sentí esa chispa. Ese chaval, con ojos de cordero degollado, polla dura bajo la sábana. Manuel, el machote, ahora vulnerable. Decidí: esta noche mando yo. No iba a ser su conquista. Ellos serían míos. ‘Cállate, Manuel’, le digo, voz baja pero firme, quitándome la camiseta. Mis tetas pesadas saltan libres, pezones duros. Camino al catre de ellos, empujo a Manuel de lado. ‘Tú, el nuevo… quítate eso. Muéstrame qué tienes’. Él titubea, rojo como tomate, pero obedece. Polla tiesa, no enorme, pero lista. Manuel gluckea, excitado.

Me arrodillo en el colchón, agarro las dos pollas. La de Manuel, larga, gorda, venosa. La del chaval, más fina, palpitante. ‘Hoy yo decido. Vosotros, a obedecer. Si no, os dejo con las ganas’. Tension en el aire, sus respiraciones aceleradas. Siento el poder, el calor subiendo por mi coño ya húmedo.

Empiezo chupando al chaval. Directo, lo trago entero, lengua girando en la cabeza. ‘¡Joder!’, gime él, manos en mi pelo. Manuel se toca, impaciente. ‘Quieto’, le ordeno, escupo la polla del chico y paso a la de Manuel. La mamo honda, garganta apretando, saliva chorreando. Él gruñe: ‘Sí, así, reina…’. Le meto mano en las bolas, aprieto suave. Luego, les digo: ‘Ahora, yo arriba’. Me tumbo, abro piernas. Coño depilado, labios hinchados, mojado. ‘Manuel, fóllame primero. Lento’. Él obedece, empuja su polla gruesa. Siento cómo me abre, centímetro a centímetro. ‘Más hondo… sí’. El chaval mira, pajeándose.

El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes

Giro: ‘Tú, chaval, a mis tetas. Chúpalas’. Él se lanza, boca hambrienta en mis pezones, mordisquea. Manuel acelera, polla golpeando mi culo. ‘Fuerte ahora, cabrón’. Gemidos míos, suyos. Sudor pegando pieles. Cambio: me pongo a cuatro, culo alto. ‘Chaval, métemela por delante. Manuel, por detrás’. Pollas entrando, una en boca, otra en coño. Ritmo mío: ‘Para… más rápido… ¡joder, sí!’. Siento sus pollas tensas, mis jugos chorreando por muslos. Les aprieto con coño y garganta. ‘No corráis aún. Aguanta’.

Les dirijo como marionetas. Manuel en mi culo ahora, lubricado con mi saliva. Duele rico, me llena. Chaval en coño, doble penetración brutal. ‘¡Folladme fuerte, coño!’. Grito, orgasmo subiendo. Ellos jadean, al límite. ‘Ahora, sáquenlas. Corridas en mi espalda’. Salen, pollas explotando. Chorros calientes en mi piel, goteando. Yo tiemblo, coño palpitando en éxtasis.

Me incorporo, jadeante, cubierta de sudor y semen. Ellos, exhaustos, mirándome adoradores. Manuel: ‘Eres una diosa…’. Chaval, mudo, sonrisa boba. Siento la potencia pura. Obtuve todo: sus pollas rendidas, placer mío dictado. Esa noche liberé mi bestia. Desde entonces, sé: el control es mío. Siempre.

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