Cómo Tomé el Control y lo Hice Sucumbir a Mis Deseos

Estaba en su piso, ese loft en el XXe con vistas al Sena, después de meses sin dar señales. Había vuelto esa mañana, pinceles en mano, oliendo a óleo y libertad. Jules me vio entrar, paralizado, con los ojos clavados en mí. Yo, española de pura cepa, con curvas que no piden permiso, decidí que esa noche él sería mío. Totalmente. ‘Ven aquí’, le dije, voz ronca, acercándome lento. Su piel olía a jabón fresco, nervioso. Puse Prince, ‘When Doves Cry’, el bajo retumbando en mis venas. Agarré el tubo de azul Klein, abrí su camisa de un tirón. ‘No te muevas. Esto es mío ahora’. El pincel rozó su pecho, suave al principio, trazando espirales que le erizaron la piel. Sentí su polla endurecerse bajo los pantalones. ‘¿Te gusta? Dime’. Dudó, tragó saliva. ‘Sí…’. Sonreí, maliciosa. ‘Bien, porque vas a obedecer’. Le quité todo, desnudo delante de mí, vulnerable. Mi mano bajó, apreté su paquete, tieso como piedra. ‘Hoy mando yo. Si te portas bien, te dejo correrte’. La tensión subía, su respiración agitada, mis pezones duros rozando su piel mientras pintaba su abdomen, bajando al pubis. Azul por todas partes, mío.

Ya no aguantaba. Le di pintura roja, metí sus dedos. ‘Píntame tú, pero como yo diga’. Se acercó temblando, untó mi vientre, mis tetas. ‘Más abajo, cabrón’. Sus dedos en mi coño, resbaladizo de jugos. Gemí bajito, pero lo empujé al suelo. ‘Arrodíllate’. Prince seguía, sudor cubriéndonos. Le abrí las piernas, monté su cara. ‘Lámeme. Lengua adentro, chupa mi clítoris’. Su lengua torpe al principio, luego ansiosa, lamiendo mis labios hinchados, sorbiendo mi miel. Yo me movía, follando su boca, pintando su pelo de rojo con mis muslos. ‘¡Más fuerte! No pares’. Orgasmos me sacudían, pero no le dejé tocarse. ‘Ahora, fóllame como yo quiero’. Lo tiré boca arriba, su polla gorda palpitando. Me subí encima, coño chorreando, la clavé hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, balbuceó. Reí, clavando uñas en su pecho azul. Cabalgué salvaje, tetas botando, control total. ‘Gira, perrito’. Le di la vuelta, a cuatro patas, embestí su culo con mis caderas mientras lo montaba por detrás, mano en sus huevos apretados. ‘No te corras hasta que yo diga’. Polla dentro-fuera, chapoteando, mi clítoris frotando su base. Cambié, lo puse de lado, pierna arriba, follada profunda, mis gemidos mandando. ‘¡Más rápido! Fóllame el coño, rómpelo’. Sudor, pintura mezclada en morado, cuerpos pegajosos. Le apreté el cuello suave, ‘Córrete ahora, lléname’. Explosó dentro, leche caliente inundándome, yo corriéndome gritando.

La Tensión que Me Hizo Decidir

Me aparté, jadeante, él hecho un guiñapo, polla flácida goteando. Lo miré desde arriba, poderosa, piel pintada como trofeo. ‘Has sido bueno. Me has dado todo’. Me limpié el coño con su camisa, sonriendo. Esa conquista, esa sumisión total, me llenó de adrenalina pura. Sabía que sucumbiría siempre que yo quisiera. Bajé a la fiesta con los amigos, riendo, oliendo a sexo y victoria. Él me seguía con la mirada, marcado para siempre. Poder total, placer mío.

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